Portada :: Feminismos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2019

Lo penal & Violencia machista
Reivindicar penas de prisin es compatible con el feminismo?

Tasia Arnguez Snchez
TribunaFeminista

Segn datos de la ONU, el 95% de los asesinatos son cometidos por hombres. Esta estremecedora brecha de sexo en la criminalidad es una constante en todos los pases del mundo. La oficina de la Droga y el Delito de la ONU declar en 2014 (en un comunicado acerca de estos datos): mientras que los hombres son asesinados por alguien a quien ni siquiera conocen, casi la mitad de todas las mujeres vctimas son asesinadas por las personas ms cercanas a ellas.


La gran mayora de los asesinatos son cometidos por hombres y tienen como vctimas otros hombres. Segn un estudio para el Ministerio del Interior dirigido por Jos Luis Gonzlez (2018) la mayor parte de estos homicidios son cometidos por hombres con antecedentes violentos y se producen en el contexto de peleas o rias bajo los efectos de alcohol en contextos de ocio.

A diferencia de otros pases, en Espaa hay pocos hombres que matan a otros en el contexto del crimen organizado. Segn este informe el 28% de las personas asesinadas en nuestro pas son mujeres asesinadas por hombres. Los homicidios por violencia de gnero (hombres que matan a su pareja o expareja mujer), representan el 21% del total de homicidios.

Las mujeres no solo son asesinadas por sus parejas, sino que tambin tienen ms probabilidades que los hombres de ser asesinadas por un hombre de su familia (su padre, su hermano, su cuado, etc.). Y segn dicen los especialistas, la asimetra entre mujeres y hombres asesinados por familiares es muy superior a la que arrojan las cifras, pues cuando la vctima es un hombre, muchas veces el delito se cometi en el intento de la mujer de defenderse a s misma.

La brecha de sexo en la criminalidad no solo se produce en los homicidios, sino en todos los delitos. As, los hombres cometen el triple de robos que las mujeres y la proporcin de hombres que los cometen aumenta conforme elevamos el valor de lo robado. Los delitos de las mujeres suelen ser de menor gravedad y los delitos ms violentos y terribles, como los que atentan contra la vida, son cometidos por hombres casi siempre.

As, el terrorismo por ejemplo, es casi un asunto de criminalidad masculina y lo mismo ocurre con los asesinos en serie. Las mujeres delinquen muy poco, pero son vctimas en una gran proporcin. El 70% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia fsica o sexual por parte de un hombre, y en el 35% de los casos, han sido maltratadas por su pareja hombre.

La ONU estima que siete de cada diez mujeres ser, a lo largo de su vida, vctima de delitos basados en su sexo, tales como golpes, violaciones, abusos o mutilaciones. Y, como seala Laura Luo entre aquellas con edades entre los 15 y los 44 aos, la violencia de gnero causa ms muertes y discapacidades que el cncer, la malaria, los accidentes de trfico y los conflictos armados juntos.

Kate Millett explicaba que vivimos en un mundo en el que los hombres agreden a las mujeres: la imposicin del velo por parte de las religiones patriarcales, la reclusin de las mujeres en gineceos, la ablacin del cltoris, la venta y la esclavitud de las mujeres, los matrimonios forzados o infantiles, el concubinato o la prostitucin. Aunque estos hechos proceden de distintos lugares del mundo, todos ellos se basan en la imposicin de la autoridad masculina y en la subordinacin de las mujeres a una casta inferior.

Ana de Miguel expone que en los aos setenta la sociedad comenz a tener un enfoque progresista del delito, basado en una lectura atenta a la clase social de los delincuentes. Cal en la sociedad la idea de que la delincuencia es un producto de las desigualdades sociales y los delincuentes son vctimas de la sociedad.

El cine comenz a presentar una imagen de hroes anticapitalistas frente a la moral burguesa. Se reflexion acerca de la necesidad de simpatizar con el delincuente, comprendiendo las razones vitales que conducen al crimen y se reivindic la abolicin de las crceles. Cualquier referencia a la necesidad social de las penas de crcel se comenz a percibir como conservadora y punitivista.

Como explica de Miguel, en ese contexto el feminismo no poda reivindicar un uso ejemplar del derecho penal. Numerosos estudios pusieron de manifiesto la relacin que existe entre la comisin de delitos, incluso los homicidios y asesinatos, y el hecho de vivir en una situacin de pobreza o exclusin social. Es bien conocido, por ejemplo, el sesgo racial y econmico que muestran las condenas a pena de muerte en Estados Unidos.

El cine social ha difundido ampliamente esta realidad. Las estadsticas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (2011) que analizan la criminalidad de varias dcadas, muestran que los jvenes varones de raza negra, usualmente de escasos recursos, tuvieron ms condenas por homicidio que grupos de otra clase social.

La popularidad actual, dentro de la izquierda, del anlisis de clases de la criminalidad se comprende perfectamente si tenemos en cuenta que una gran parte de la poblacin penitenciaria de nuestro pas ha sido castigada por delitos de menudeo de droga. Hay barrios y pueblos enteros en los que la mayora de la poblacin participa de esta forma de economa ilegal como modo de subsistencia, y esto se ha agravado con la crisis econmica, que ha conducido a muchas personas trabajadoras al paro y a muchos pequeos negocios a la quiebra. La economa ilcita es una manera desesperada de hacer frente a las deudas sobrevenidas.

Las estadsticas gritan que los hombres matan, violan y violentan a las mujeres mientras la sociedad hace poco para impedirlo.

La empata social hacia este tipo de situaciones que abocan a la delincuencia explica la imagen negativa que tiene, en los mbitos de izquierdas, cualquier alusin a la necesidad de las penas de prisin. En general, la sociedad aplica una ptica crtica a las desigualdades de clases cuando reflexiona sobre las prisiones y las penas, pero es poco habitual incorporar una lectura feminista del delito. Hace tiempo le en redes sociales a una mujer que contaba que, en su barrio, los chicos que sufren marginacin econmica asaltan casas y cometen delitos violentos, mientras que las chicas en iguales circunstancias econmicas se ganan la vida con la prostitucin.

Tambin explicaba que las mujeres de su barrio no suelen cometer delitos, sino que por el contrario, sufren la violencia masculina de sus novios, hermanos, amigos, puteros y proxenetas. Ella se opona al punto de vista romntico de los delitos violentos y a la consideracin de la pobreza como justificacin, pues las mujeres pobres no suelen ser quienes cometen los delitos sino quienes los sufren en mayor medida.

Considero que hay que rechazar la romantizacin acrtica de todos los delincuentes. Es injusto que las mujeres siempre estn del lado de las violadas, las asesinadas, las nias abusadas y las ancianas asaltadas, mientras nos preocupamos por juzgar con guante de terciopelo a los violadores, asesinos, pederastas y otros delincuentes violentos. Leo muchos artculos firmados por amigas feministas que, tras condenar un crimen machista, concluyen su reflexin con un efusivo rechazo al punitivismo o destacando que las penas de crcel no son la solucin.

Me gustara reflexionar sobre el hecho de que hay reas enteras del derecho que permanecen en la impunidad, como el abuso sexual infantil o la violencia de gnero, porque las vctimas son mujeres, su palabra no parece valer mucho y porque el dolor de vctima despierta mucha menos empata que el dolor del acusado (al que a veces se presenta como si fuese la vctima del caso por el hecho de tener que enfrentarse a la dureza de un proceso penal).

Admito, por supuesto, que las estadsticas ponen de manifiesto que el derecho penal opera como un instrumento de clase al servicio del poder, pero tambin sealo que las estadsticas gritan que los hombres matan, violan y violentan a las mujeres mientras la sociedad hace poco para impedirlo.

Quisiera que el derecho fuese menos punitivo cuando la pobreza sea la variable principal para la comisin del delito, pero tambin quisiera que supisemos ponderar adecuadamente la gravedad de los delitos cometidos por los hombres contra las mujeres en el contexto de una sociedad que reparte los papeles de vctimas y verdugos al igual que reparte los de ricos y pobres.

Reconociendo que la finalidad principal de las crceles es la reinsercin (tal y como seala nuestra Constitucin), no hemos de omitir el valor simblico que tiene el derecho penal. Cuando las feministas salimos a la calle pidiendo que el delito de la Manada fuese calificado como delito de agresin sexual (y no de abuso), sabamos que no se trataba solo de un asunto de aos de prisin, sino ante todo de un debate acerca de la importancia social que se atribuye a unos hechos y sobre el respeto que se atribuye a las mujeres como sujetos.

El movimiento feminista debe poner a las vctimas en primer lugar y debe exigir que el derecho ofrezca a las mujeres las soluciones ms efectivas para que podamos vivir con libertad, con seguridad y sin miedo.

El movimiento feminista, en general, est de acuerdo con que se aplique la agravante de gnero a los homicidios y otros delitos de violencia machista. Sin embargo percibo, simultneamente, una especie de sentimiento de culpa por el hecho de exigir una severa y contundente aplicacin de las leyes, por ejemplo, por el hecho de oponernos a que los agresores sexuales reincidentes campen a sus anchas por las calles. La misma palabra punitivismo suena mal y nadie quiere ser acusada de algo semejante. Por supuesto, las penas de prisin no siempre son el remedio ms efectivo.

Por ejemplo, en un contexto social en el que casi todas las jvenes han sido violadas alguna vez por sus novios (la violencia sexual est completamente normalizada en la cultura machista), las elevadas penas tal vez no sean el modo ms eficaz para lograr que las violaciones salgan a la luz y tengan consecuencias sociales para los agresores, pues las elevadas penas crean la falsa idea de que las violaciones son hechos raros y excepcionales. Pero aqu quiero hablar de tica y no solo de eficacia.

A veces las soluciones eficaces requerirn prisin y otras veces no. Pero en trminos ticos, me parece que el movimiento feminista debe poner a las vctimas en primer lugar y debe exigir que el derecho ofrezca a las mujeres las soluciones ms efectivas para que podamos vivir con libertad, con seguridad y sin miedo.


Fuente:https://tribunafeminista.elplural.com/2019/12/reivindicar-penas-de-prision-es-compatible-con-el-feminismo/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter