Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2019

Una nueva Primavera rabe?

Ezequiel Kopel
nuso.org

Durante los ltimos meses, Lbano, Iraq, Sudn, Argelia e Irn viven crisis polticas a partir de poderosas manifestaciones ciudadanas. Se trata de un proceso similar al vivido hace aos por otro pases en la llamada Primavera rabe? Cunto influyen la corrupcin, la desigualdad y el despotismo en el desarrollo de las protestas?


Las ltimas protestas en Oriente Medio estn teniendo lugar en pases que, en su mayora, se resistieron a los levantamientos de la Primavera rabe. Fueron muchas las voces que sostuvieron que las sociedades de Lbano, Iraq e incluso las de Sudn y Argelia (que derrocaron a sus dos presidentes vitalicios este ao) estaban demasiado agotadas por aos de conflicto armado como para tratar de motorizar un cambio como el que otros pases desarrollaron en 2011. Sin embargo, la idea se demostr incorrecta cuando en Sudn comenzaron protestas a fines del ao pasado por un aumento en el precio del pan. Luego, las protestas se apoderaron de Argelia, en el momento en que el presidente Abdelaziz Buteflika anunci que se postulara para un quinto mandato.

En octubre, los iraques retomaron las manifestaciones que haban iniciado un mes antes en protesta por el despido de un respetado general. Durante el mes de septiembre se produjeron sorpresivas marchas en Egipto, que testimoniaban una crtica abierta al dominio del dictador Abdel Fatah al Sisi. Estas manifestaciones fueron contenidas por el gobierno del dictador mediante una importante ronda de arrestos. Pero esto no es todo. Hace pocas semanas, tambin los libaneses salieron a las calles, indignados por un leonino impuesto a las llamadas de WhatsApp y Skype. La medida fue cancelada sin que el descontento mermara. Por ltimo, la semana pasada se desataron protestas masivas en Irn contra un aumento en el precio de la nafta (los iranes consideran que la nafta barata es casi un derecho de nacimiento). Las marchas en Irn sorprendieron al rgimen teocrtico por su inusitado apoyo y distribucin a lo largo del pas, lo que provoc una respuesta extremadamente violenta que caus cientos de muertos. La represin en las calles iranes termin por constituirse en la ms sangrienta desde que la Revolucin Islmica se hiciese con el control del Estado hace 40 aos y necesit de un bloqueo de internet de casi 100 horas, algo sin precedentes en la zona.

A pesar de que los diferentes manifestantes no estn coordinando entre s sus acciones, las protestas parecen potenciarse mutuamente, dentro de una regin en la que ms de 60% de la poblacin tiene menos de 30 aos. Las quejas de los jvenes son claras y similares en los diferentes pases: la corrupcin y el desempleo, a sabiendas de que una situacin conduce a la otra. Iraq se ubica hoy como uno de los pases ms corruptos del mundo (es conocida la frase pronunciada por un poltico iraqu segn la cual lo que une a toda la clase poltica en Iraq es la corrupcin). Hace das, y por poner solo un ejemplo, al propio ministro de Defensa se le descubri un documento sueco falso con el cual colecta servicios sociales del pas escandinavo. Lbano se encuentra un poco mejor, pero no tanto: en un pas que tiene una ley de secreto bancario desde 1956, 0,1% de la poblacin (3.700 personas) ganan tanto como el 50% por ciento inferior (2 millones de personas).

Otro reclamo compartido apunta contra la intromisin de la Repblica Islmica de Irn en los asuntos libaneses e iraques, es decir, contra la influencia persa en el devenir de dos pases rabes. En Lbano critican la influencia del partido paramilitar Hezbollah (desarrollado por la Guardia Revolucionaria Iran en la dcada de 1980), al que acusan de ser ms funcional a los intereses iranes en su guerra no declarada con Israel que a la estabilidad libanesa. Mientras tanto, en Iraq se critica que Irn haya penetrado el Estado mediante el manejo de las incontables milicias chitas (repitiendo lo hecho en el Lbano) que operan para que un Iraq rabe funcione como apndice de los persas. Irn, preocupado por sus intereses en juego, ha rotulado las manifestaciones dentro y fuera de su territorio como provocadas por intereses extranjeros (lase Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita).

Para los enojados ciudadanos la cuestin extranjera no es ajena, pero tampoco es el eje. Su deseo es destruir el statu quo poltico o, al menos, sacudirlo para precipitar una reforma. En Iraq, donde las manifestaciones fueron violentamente reprimidas por los milicianos respaldados por Irn (con un saldo de ms de 300 personas asesinadas), se ha pedido que se elimine a toda la clase poltica que lleg al poder despus de que Estados Unidos derrocara al rgimen de Saddam Hussein. El pedido viene de la mano de otro: el de la distribucin equitativa de la enorme riqueza petrolera del pas. Desde 2005, la poltica iraqu ha estado dominada por un puado de partidos varios de ellos de tipo fundamentalista chita o tnicamente kurdos despus de que se estableciera una Constitucin que los sunitas boicotearon. Hoy, las multitudes protestan contra ese arreglo y exigen un gabinete tecnocrtico en su lugar. Los manifestantes libaneses estn pidiendo de manera similar que los seores de la guerra, convertidos en representantes polticos desde un acuerdo de poder articulado por Siria que puso fin al conflicto civil del pas en 1989, se retiren de la poltica. Mientras tanto, los argelinos estn presionando desde hace ms de 40 semanas por la retirada de la elite militar que ha dirigido otro pas rico en petrleo desde la revolucin. Todo esto, despus de haber luchado y conseguido el derrocamiento de un presidente Buteflika que no pareca querer abandonar nunca el poder.

La primera alarma que se repite como una verdad consumada es que las actuales insurrecciones y manifestaciones van a terminar por repetir la dinmica de la Primavera rabe en 2011 (o el levantamiento verde iran de 2009). Segn esa idea, ese movimiento fracas y la evidencia ms patente de su derrota est encarnada en que la mayora de los gobiernos que surgieron en Oriente Medio despus de 2011 fueron tan o ms autoritarios que los que estaban previamente. La Primavera rabe trajo consigo la cada de cuatro dictadores que estaban en el poder haca ms de 25 aos e instal una promesa de cambio para millones de personas. Sin embargo, en la mayora de los pases rabes donde se experimentaron movilizaciones multitudinarias (como tambin en Irn), no terminaron por constituirse gobiernos democrticos o, al menos, transiciones exitosas. Esto llev a muchos a declarar que la Primavera rabe haba sido un fiasco e, incluso, que haba empeorado las ya de por s frgiles estructuras gubernamentales de cada pas. La excepcin a la regla fue Tnez, pas que lleg a democratizarse, logr una convivencia aceptable entre islamistas y seculares, y hasta consigui una entrega de poder ordenada entre diferentes presidentes.

La idea de un mero fracaso no parece ser justa con el efecto transformador que las protestas han producido en la regin. Los dictadores actuales se encuentran ms inseguros que en el pasado y despliegan una represin aun mayor ante cualquier escaramuza que pueda desafiar su dominio. Las frmulas empleadas para mantenerse en el poder parecen remitir al denominado Invierno rabe de 2013, periodo en el que se desataron sin control las fuerzas contrarrevolucionarias. All, durante solo una semana de agosto, ms de 800 egipcios fueron masacrados mientras protestaban por un golpe militar contra el gobierno democrticamente electo de la Hermandad Musulmana y otros 1.000 civiles sirios fueron gaseados con armas qumicas por el gobierno en un suburbio de Damasco. La condena internacional no fue contundente y las narrativas locales gubernamentales relataron ambos hechos como las nicas alternativas para que radicales islmicos no tomasen el poder. Incluso llegaron a tergiversar la realidad argumentando que todo estaba coreografiado o exagerado.

Mientras que la importancia poltica de la Primavera rabe ha sido comparada con la del colapso comunista de 1989 en Europa del Este, su papel histrico tambin puede equipararse con el de los movimientos de liberacin nacional de recorrieron Oriente Medio a mediados del siglo pasado. Los levantamientos de 2011 y 2019, aunque pueden reflejar su condicin de movimientos de masas por su similitud en escala con lo sucedido a mediados del siglo XX contra la dominacin inglesa y francesa, son de una naturaleza diferente. En las dcadas de 1950 y 1960, las luchas eran de naciones oprimidas (Egipto, Iraq, etc.) contra fuerzas extranjeras y monarquas tuteladas por poderes imperiales, y condujeron al establecimiento de repblicas, en una poderosa oleada que alter la historia de la regin.

En cambio, en estos aos la agitacin poltica ya no surge principalmente de la disputa de personas de las clases medias y bajas contra el imperialismo y el colonialismo (aunque existan sin duda factores hegemnicos tanto regionales como internacionales), sino de sus reclamos frente a la corrupcin, la injusticia y el autoritarismo de los gobiernos nacidos tras la independencia. Los movimientos de liberacin nacional, si bien acabaron con el dominio extranjero, inauguraron un control autoritario autctono que, a pesar de denominarse patritico o anticolonialista, continu utilizando los mismos mtodos de dominio empleados por los Estados coloniales (estado de sitio, detenciones sumarias, etc.) para mantener vigiladas a sus respectivas poblaciones.

Una de las caractersticas que agrup a las distintas manifestaciones de la primavera de 2011 fue su naturaleza esencialmente rabe. Las demandas de los manifestantes se centraron en cuestiones nacionales que no cruzaban las fronteras y, sin embargo, la Primavera rabe no fue un fenmeno local, sino una corriente opositora que poda extenderse y cruzar las fronteras para atacar a diferentes regmenes. Es decir, tena un efecto domin. Tristemente, otra peculiaridad compartida estuvo en las similitudes de su fracaso. Con pedidos lejanos a una posible realidad, los diversos manifestantes no distinguieron entre los lemas flexibles que se pueden escribir en las redes sociales y la accin poltica de un mundo tirante, producto del poder real. La idea de que era posible un nuevo paradigma, sin programas polticos y sin lderes que estuvieran listos para tomar el poder, llev a que en muchos pases las fuerzas represivas tuviesen el tiempo suficiente para reagruparse y contraatacar.

Asimismo, aquellos que buscaban el cambio se unieron en torno de demandas elsticas y mal definidas. Esto permiti que, a pesar de que diferentes tendencias religiosas y polticas pudiesen compartir el mismo espacio, se volviera imposible entregar una hoja de ruta clara y realista. La mayora de las circunstanciales coaliciones tuvieron una visin totalmente instrumental de la democracia: buena si sus propios candidatos ganaban, inaceptable si lo hacan sus adversarios. Se consider que tena poco sentido apoyar la democracia en abstracto, si no era para fomentar las agendas propias. Por lo tanto, el legado ms perdurable (sin contar la exitosa transicin tunecina en la que islamistas y seculares pudieron acordar un programa para democratizar el sistema poltico) fue la ruptura del factor miedo y la idea de que no tiene sentido demostrarlo.

Hoy en da, est claro que a los gobiernos autoritarios de la regin les resulta ms difcil mantener el poder junto a la estabilidad represiva y desigual de sus gobiernos En 2019, Argelia, Sudn, Iraq, Lbano e Irn han demostrado que a pesar de los altos costos pagados por la gente de Egipto, Libia, Siria, Bahrein y Yemen en el pasado, los habitantes del Oriente Medio ampliado no estn contentos per se con la dictadura, la corrupcin o la falta de oportunidades, ni tampoco creen que esas situaciones sean las nicas alternativas ante la irrupcin del radicalismo islmico. La persistencia de la desigualdad y la violencia como ltima lnea de defensa de sistemas que no pueden responder ante las exigencias mnimas de sus ciudadanos nos anticipa que, tarde o temprano, una oleada de ira popular ser casi inevitable. Esa ira popular puede llegar a ser mucho ms poderosa que la que se dej atrs.


Fuente original: https://nuso.org/articulo/una-nueva-primavera-arabe/



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