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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2019

Falta ilustracin para la democracia

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Como no poda ser de otra manera, la solucin poltica adoptada por el capitalismo para entretener a las masas y simbolizar su intervencin en lo poltico, con vistas al desarrollo del mercado, ha venido siendo, antes y ahora, puro maquillaje. No obstante, inmersos desde los orgenes de las organizaciones sociales en el elitismo, cabe apreciar por los entendidos cierto avance en cuanto al peso de las masas en el asunto de la gobernanza y, en todo caso, aunque no sea as, el consuelo es que menos es nada. Inclinar las decisiones polticas en una u otra direccin ideolgica a travs del voto, aunque luego los elegidos acten por su cuenta, haciendo uso torticero de la representacin otorgada por los votantes, denota como un eco de la existencia, a cierta distancia, de la voz de las masas y eso, en su candidez, las consuela. En definitiva, la democracia representativa en cuanto gobierno dedicado a las masas, polticamente hablando, es muy poca cosa para ellas.

El destino de la democracia actual no es otro que jugar a las ideologas, una labor de entretenimiento colectivo para dejar intacta otra realidad poltica, o sea, que el sistema establecido por el capitalismo resulte inmune a cualquier planteamiento ideolgico que aspire a desplazarle del poder dominante. Ya que muy por encima de cualquier ocurrencia poltica en busca de una organizacin que mejore la sociedad, siempre est la realidad del mercado para hacerla poner los pies en la tierra. Est claro que nada funciona al margen del juego del dinero, dominado por las empresas que siguen la frmula capitalista. De ah que, como llamada de atencin a los polticos y respondiendo al sentido innovador del capitalismo, adornar la fachada del viejo edificio puede ser tolerada por el sistema como frmula de innovacin, pero sin llegar a afectar a la estructura y en especial a sus cimientos.

Los representantes polticos, que asumen el papel directivo apoyados en el voto proceso al que se ha llamado democracia se presentan en la escena con la tarea de abanderar una ideologa, concebida como producto para atraer adhesiones. Estas responden no tanto a un proyecto que involucra a todos como a promover el reconocimiento por las masas de unas elites de reemplazo amparadas tras la figura del lder fabricado para la ocasin. Sea cualquiera la ideologa que se venda, declaradamente capitalista o bien anticapitalista confesa, de una manera o de otra estar afectada por el peso del sistema que permanece vigilante. De ah que la poltica basada en la democracia del voto sea simple entretenimiento para aliviar el ocio de las masas, tratando de que pasen el rato desfogando sus pasiones de forma controlada, puesto que se elija a quien se elija ser el capitalismo quien gobierne desde el otro lado del escenario.

La cuestin es si las masas de votantes son conscientes, ms all del aspecto propagandstico, movido a conveniencia por las elites, de su capacidad para elegir a esos representantes, que solamente las representan sobre el papel con pequeos arreglos y desarreglos que dejan intactas las dos realidades bsicas. Una, la consolidacin del poder empresarial capitalista como fuerza nica dominante a nivel social. Dos, utilizando el artilugio infantil de la representacin, se desplazan los trminos de lo poltico, que compete a las masas, a unas elites que ponen la poltica al servicio del empresariado. Al final resulta que la ciudadana ha sido engaada, amansada con amagos de participacin en la realidad poltica.

De la inconsciencia de las masas y de la propia ciudadana se viene siguiendo que no parecen estar preparadas para el autogobierno, ya que sistemticamente se las bloquea el acceso al componente de racionalidad poltica, que es clave en la toma de decisiones. En base a tal estrategia de naturaleza propagandstica se las somete sin oposicin a la direccin poltica de una minora prefabricada, cuyo objetivo es instaurar oficialmente el culto permanente a las creencias. Por otra parte, caer en la trampa de la representacin, con la coletilla del no sometimiento al mandato de los representados, supone al consensuarla admitir la legitimidad de la representacin en los trminos en los que ha sido impuesta, es decir, como no representativa. Y en segundo trmino, dar por sentado que se necesitan representantes para gobernar, cuando son innecesarios, porque no servira ms la razn de uno frente a la razn de todos y, de otro lado, considerando que la tesis de la necesidad de tutela ha sido superada, el argumento ya no sirve. Adase que, en un panorama social dominado por el modelo de mercado capitalista, la representacin democrtica es la proyeccin de lo mercantil a la poltica, puesto que los partidos estn para vender su mercanca a las masas de potenciales electores, lo que convierte a la poltica en comercio electoral y repercute negativamente en el valor de la democracia del voto.

Mas el sentido comn no se impone. Manteniendo intacto el principio elites vs. masas, ese modelo de democracia ha pasado a ser la nica forma de hacer poltica y de dar expresin a lo poltico. Objetivamente considerado el tema no se trata nada ms que de llevar la contrailustracin al terreno de la poltica en inters de quien maneja el poder. Todo en lnea con la ilustracin para el consumo, que sirve de punto de referencia para manipular a base de datos la direccin de la eleccin democrtica. La mercantilizacin de la ilustracin, cuyo mejor ejemplo actual es el internet comercial y las tecnologas para vender, dada su aceptacin por las masas, plantea dudas sobre la capacidad de los consumidores para elegir libremente al margen del sometimiento a los principios de la publicidad. De otro lado, la mercantilizacin del pensamiento colectivo entregado a los dictados de lo comercial, la informacin fabricada para alinear la realidad con los intereses de grupo, los sistemas de comunicacin que siguen la lnea oficialmente dominante, entre otros, contribuyen a limitar sus posibilidades de desarrollo.

No se aprecia base solida para la formacin de una voluntad electoral objetiva ni capacidad de ilustracin real, con independencia de la actividad de los partidos, tendente a condicionarla, porque todo es publicidad para vender el producto. En tal situacin, aunque de entrada el principio de la representacin no se sostiene desde la base, admitindolo como provisionalmente vlido, sufre los efectos de la ilustracin para el mercado centrado en el consumo, cuyos principales proveedores son las empresas capitalistas. Extrapolando la cuestin al terreno de lo poltico, en definitiva, se impone la propaganda del producto sobre su verdadera calidad. Si no es posible desprenderse de lo propagandstico, si no hay base slida para elegir dispuesta a apartar la apariencia, si no se dispone de ilustracin racional que permita sacar a la luz el valor autntico de lo poltico al margen de lo comercial que venden los partidos, la democracia solo es til al objeto de servir a los intereses del empresariado capitalista. Para mayor solidez del modelo, falta un sistema de control efectivo al alcance de las masas, capaz de echar por tierra las falacias de la representacin en cualquier momento, desmontando el entramado de legalidad al servicio del poder y no de la sociedad. Lo sustancial es que, en cuanto la racionalidad ha sido secuestrada y llevada al plano de lo comercial, la ilustracin poltica del electorado est condicionada por la propaganda y la publicidad, lo que no da valor a esa democracia dependiente del voto comercial.

Aunque se utilicen nuevas frmulas, lo determinante es que la cuestin en lo sustancial no ha cambiado. Cuando falta ilustracin para la democracia se viene a reforzar aquel viejo dicho caciquil: todos acaban votando a quien elijo yo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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