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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2019

Son China o el New Deal Verde la respuesta al cambio climtico?
Bote salvavidas para la Tierra

John Feffer
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


En alguna ocasin, y en el mejor de los casos, se ha comparado a la Tierra con una nave espacial que surca los cielos con una tripulacin que trabaja al unsono por el bien comn. Gracias al cambio climtico, esta metfora ya no funciona. Nuestro planeta se parece ms ahora a un bote salvavidas que presenta una fuga importante. Las personas que van a bordo estn comenzando a asustarse y el tiempo corre.

Sin embargo, es el entorno perfecto para poner a prueba el modo mejor de lidiar con situaciones de vida o muerte.

Para tal prueba, imaginen no uno sino dos botes salvavidas de supervivientes flotando en un mar infinito y vaco. Ambos contienen el mismo nmero de personas y una cantidad limitada de alimentos. Segn ciertas conjeturas de un miembro experto de la tripulacin, los botes estn al menos a cinco das de tierra, siempre que todos remen juntos y no se desven del rumbo.

En el primer bote, los supervivientes debaten el problema: Deberan permanecer en el lugar y conservar su energa o partir en busca de tierra? Se dividen en tres comits para abordar los diferentes aspectos del problema y presentar sus conclusiones, asegurndose de que todos hagan sus aportaciones. Debaten durante horas, cada vez ms debilitados hasta que ya no tienen energa para hacer nada y el problema se resuelve por s solo.

En el segundo bote, una persona toma el control, creyendo que solo ella tiene la habilidad y el conocimiento para dirigir el bote salvavidas hacia tierra. No todos estn de acuerdo, pero se silencia a los disidentes. Los dems estn conformes en que no hay tiempo para ms discusiones. El nuevo lder impone las reglas sobre quin rema y quin come. Cuando alguien cae gravemente enfermo, ordena que la persona incapacitada sea arrojada por la borda.

El segundo bote salvavidas se mueve a buen ritmo, pero est yendo en la direccin adecuada?

En el bote salvavidas de la Tierra, el tiempo y los recursos son igualmente limitados. Segn la mayora de los cientficos climticos, la oportunidad para evitar un cambio climtico irrevocable es de aproximadamente una docena de aos. Sin embargo, la opinin est dividida sobre cmo abordar este problema con la urgencia que requiere.

La comunidad internacional ha intentado, de forma ms o menos democrtica, evitar el apocalipsis. En 2015, los pases del mundo se reunieron en Pars y negociaron un acuerdo climtico no vinculante que fue una victoria para un compromiso, pero un fracaso a la hora de reducir la huella real del carbono en el planeta. En varios pases del mundo, las elecciones democrticas llevaron posteriormente al poder a negadores del cambio climtico, como Donald Trump, comprometiendo an ms ese acuerdo.

De esta manera, el planeta corre el riesgo de seguir el primer escenario del bote salvavidas: ponernos a hablar hasta que desaparezcamos.

La segunda opcin del bote salvavidas -piensen en ella como ecoautoritarismo- parece ajustarse mejor al carcter de los tiempos. La emergencia climtica actual coincide con una profunda desilusin con el orden mundial liberal. El autoritarismo se ha vuelto significativamente ms popular en estos das, incluso en sociedades democrticas como India, Brasil y Estados Unidos.

Multitud de votantes han abandonado por todo el planeta a los partidos dominantes, desilusionados por la forma en que han apoyado una versin de la globalizacin econmica que ha enriquecido enormemente a quienes ya eran ricos, echado un pulso a la clase media y dejado tirados a los pobres. Esos votantes estn recurriendo cada vez ms a los populistas de derechas que menosprecian a los globalistas y prometen una actuacin rpida en una variedad de temas, desde la inmigracin hasta el crimen.

Esos autoritarios no podran, por supuesto, ser menos ecolgicos. La mayora de ellos niegan que el cambio climtico sea incluso un problema y algunos, como Donald Trump, estn colaborando con las compaas gigantes de la energa para calentar an ms rpidamente el planeta. Se han apoderado de los botes salvavidas con el nico objetivo de alejarlos an ms del posible rescate.

Demcratas intiles o autoritarios insensatos: el salvavidas de la Tierra no tiene muchas posibilidades con tales opciones.

No es de extraar que China haya aparecido como una ltima esperanza para quienes estn frustrados por el letargo de la comunidad internacional y los delirios del eje de la negacin. Acaso ese pas, despus de todo, no ha redirigido enormes fuentes de financiacin hacia la energa sostenible? No era la poltica coercitiva de un solo hijo de ese Estado una forma crtica de abordar la superpoblacin y, por extensin, el consumo de recursos? No est China avanzando con ms firmeza en el vaco de liderazgo internacional creado por la retirada nacionalista de Trump? Sin embargo, al igual que en el segundo escenario del bote salvavidas, es posible que China no est yendo en la direccin correcta.

As pues, aqu estamos: doce aos, botes salvavidas con fugas y ningn refugio seguro a la vista.

La tragedia en curso del patrimonio comn

A principios de la dcada de 1970, despus del primer Da de la Tierra, el problema del bote salvavidas pareca estar en la mente de todos. Cuando lleg la crisis del petrleo en 1973, la energa, de repente, ya no pareca un recurso inagotable. La superpoblacin amenazaba con superar la produccin de alimentos. La contaminacin oscureca los cielos sobre las principales ciudades y los deshechos industriales inundaban las aguas. Los ambientalistas aprovecharon al mximo la ocasin para exponer la despiadada explotacin de los recursos en el corazn de los sistemas capitalista y comunista.

Hace casi medio siglo, algunos pensadores visionarios sentan ya preocupacin por el cambio climtico. En una investigacin sobre la perspectiva humana en 1973, el politlogo Robert Heilbroner deline los diversos desafos ambientales que enfrentaba el mundo, incluida la contaminacin trmica global, antes de concluir que solo una combinacin de disciplina militar y fe religiosa podra transformar el orden social.

El cientfico poltico William Ophuls, que escribi en 1973, plante el problema an ms claramente como Leviatn o el olvido. O la humanidad optaba por un gobierno con grandes poderes coercitivos para preservar el medio ambiente o bien podra darse por vencida. Varios aos ms tarde, tambin aplic su argumento a las relaciones internacionales, escribiendo: La lgica ya slida de un gobierno mundial con suficiente poder coercitivo sobre Estados-nacin ansiosos por lograr lo que los hombres razonables consideraran como el inters comn planetario se ha vuelto abrumadora.

Por supuesto, no se ha logrado ese gobierno mundial. Las autoridades internacionales que existan en ese momento demostraron no tener ni el poder coercitivo ni la voluntad necesaria para la tarea. Sin embargo, en 1979, cientficos de 50 naciones se reunieron en Ginebra en la primera Conferencia Mundial sobre el Clima para emitir un llamamiento a la accin sobre el calentamiento global. Ms tarde, ese mismo ao, los lderes de los siete pases ms ricos del planeta estuvieron realmente de acuerdo en la necesidad de reducir las emisiones de carbono (algo olvidado hace mucho tiempo en el siglo XXI). Esas reuniones de 1979 iniciaron lo que Nathaniel Rich describe en su artculo (y ahora libro), Losing Earth, como la dcada de las oportunidades perdidas en la lucha contra el cambio climtico. En 1989, diplomticos de 60 pases finalmente se reunieron para aprobar un tratado vinculante sobre el tema. Entre los cientficos y los lderes mundiales, el sentimiento fue unnime, escribe Rich. Deban tomarse medidas y Estados Unidos tendra que ponerse al frente. Pero no fue as.

Hubo ah una vvida exhibicin temprana del primer escenario del bote salvavidas: mucha conversacin, ninguna accin.

Esos primeros esfuerzos para lidiar con el cambio climtico fueron todos una respuesta, en diferentes formas, a lo que el ecologista Garrett Hardin haba llamado la tragedia de los bienes comunes. En un famoso ensayo de 1968, describi un problema antiguo: los pastores dejaron pastar a su escaso ganado en una pradera comn sin pensar mucho en el futuro; sin embargo, hay un momento en el que el ganado se multiplica o hay ms campesinos que se sienten atrados por el pasto ante el rumor de forraje gratuito y, tarde o temprano, se comen todo el pasto, la superficie vegetal desaparece y los campos quedan devastados.

Para evitar tal escenario, es obviamente necesario intervenir. Segn los entusiastas del capitalismo de laissez-faire, la mano invisible del mercado debera resolver el problema vendiendo el campo al mejor postor. Los partidarios del comunismo al estilo sovitico sostuvieron que nacionalizar la propiedad la protegera en ltima instancia. Al final result que ni el capitalismo ni el comunismo tuvieron una gran trayectoria en lo que respecta a la proteccin de esos bienes comunes. La mano invisible demostr no tener buena mano para las plantas, al igual que la mano demasiado visible de la planificacin estatal.

An as, en la dcada de 1970, era comn suponer que los dos sistemas convergeran tarde o temprano en algn punto socialdemcrata en el horizonte lejano. En lo que respecta al medio ambiente, en otras palabras, dos errores podran de alguna manera hacer un bien. En su libro Ark II de 1974, Dennis Pirages y Paul Ehrlich propusieron agregar una rama para la planificacin al gobierno estadounidense, que podra abordar problemas sistmicos como la crisis ambiental mediante el desarrollo no solo de planes quinquenales, como en la Unin Sovitica, sino de planes para diez aos o incluso tambin para cincuenta aos.

En cambio, los estadounidenses, y el resto del mundo, corrieron gritando en la direccin opuesta. El debate en la dcada de 1970 sobre el posible uso del poder estatal para hacer frente a las urgentes preocupaciones ambientales dio paso, en las dcadas de 1980 y 1990, a la obsesin del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y la primera ministra britnica, Margaret Thatcher, por un capitalismo sin restricciones en el que la planificacin estatal iba a ser que no (fuera del Pentgono). Mientras tanto, el aumento de los rendimientos de la agricultura industrial, las modestas reformas ambientales de las principales potencias y los avances tecnolgicos que hicieron posible la globalizacin parecieron disminuir la urgencia de la crisis ambiental (excepto entre los ambientalistas). Las largas colas en las estaciones de servicio eran cosa del pasado y el aire sobre la mayora de las ciudades se hizo ms claro, mientras que la comunidad mundial esquivaba la bala de la reduccin del ozono a travs de una rara instancia de cooperacin global. La nave espacial Tierra pareca estar avanzando bastante bien, muchas gracias.

Pero hubo un detalle insignificante que incluso los ecooptimistas ya no pudieron ignorar. Las temperaturas globales continuaron aumentando de manera espectacular, un problema impermeable a los modestas polticas de ajustes, soluciones de libre mercado, o incluso, al parecer, acuerdos globales. Hablar sobre el cambio climtico no haca que el cambio climtico desapareciera.

Y as fue cmo regres Leviatn.

Incluso las democracias ms avanzadas estn de acuerdo en que cuando se acerca una guerra importante, la democracia debe quedar en suspenso por el momento, dijo el cientfico James Lovelock en 2010. Tengo la sensacin de que el cambio climtico puede ser un problema tan grave como una guerra. Una gran cantidad de libros en los ltimos aos han abordado la cuestin de si la democracia puede manejar el cambio climtico. En Climate Leviathan, los tericos polticos Geoff Mann y Joel Wainwright sospecharon que William Ophuls era proftico, que un poderoso hegemn tomara el mando, declarara una emergencia y traera orden a la Tierra, todo en nombre de salvar vidas. En The Climate Change Challenge and the Failure of Democracy , David Shearman y Joseph Wayne Smith identificaron la posible solucin al estilo   Singapur: el gobierno de una clase ilustrada de mandarines tecnocrticos.

Sin embargo, no todos fueron tan rpidos en renunciar a la democracia. Los libertarios, liberales y radicales rechazaron la opcin ecoautoritaria. Los libertarios estaban preocupados por las limitaciones de los derechos individuales. Los liberales sealaron que solo las democracias pueden responsabilizar a sus lderes por la direccin que toman, mientras que el autoritarismo real existente generalmente no puede hacerlo. Los radicales como la ecologista Naomi Klein instaron igualmente a ms democracia a medida que los activistas climticos, a travs de bloqueos de tuberas y protestas contra el fracking, desafiaban el nexo de las corporaciones transnacionales y los gobiernos corruptos.

Sin embargo, como en la dcada de 1970, la comunidad internacional ha seguido demostrando ser demasiado dbil para hacer cumplir cualquier cosa, mientras que los efectos del cambio climtico en forma de clima extremo, olas de calor impresionantes, crecientes inundaciones y la expansin de las temporadas de incendios forestales se hacen cada vez ms evidentes.

Mientras tanto, Estados Unidos, particularmente bajo Donald Trump, no est interesado en liderar el camino para reducir las emisiones de carbono. Por lo tanto, actualmente solo hay un candidato viable para un Leviatn climtico

China y el cambio climtico  

Dos semanas despus de la represin de la Plaza de Tiananmen el 4 de junio de 1989, 30 lderes del Partido Comunista Chino se reunieron para respaldar la respuesta violenta del gobierno a los manifestantes. Anteriormente, haba habido desacuerdos profundos en el Partido sobre cmo lidiar con el movimiento de protesta y con el proceso de reforma en general. Despus de la tragedia del 4 de junio, surgi un nuevo consenso entre los poderosos de ese pas: China necesitaba un lder fuerte, un gran timonel, en la tradicin de Mao Zedong, que pudiera eliminar el faccionalismo.

Prescribir una solucin a los problemas de liderazgo de China era una cosa, completar esa receta otra cosa muy diferente. Los lderes post-Tiananmen del pas, Jiang Zemin y Hu Jintao, no tenan exactamente material de timonel. En pocos aos, China iba a la deriva sin una gran estrategia o una firme coordinacin desde arriba.

Luego, en 2012, lleg Xi Jinping. En los aos que siguieron, desde el punto de vista interno, promovera un sueo chino de prosperidad econmica y restauracin de la dignidad nacional, una especie de programa Make China Great Again. En poltica exterior, presentara una Belt and Road Initiative para construir infraestructuras por tierra y mar que hicieran crecer las economas de los vecinos de China, al tiempo que haca que Beijing fuera cada vez ms central en mercados an ms lejanos.

Se estaba gestando un Leviatn: un Estado fuerte y centralizado que ya no se ve obstaculizado por las disputas entre partidos, que ya no est limitado por intereses pblicos o movimientos en las calles que reclaman sus derechos. Como presidente del pas, Xi no mostr dudas sobre tomar el control del timn del Estado. Despus de consolidar su poder mediante purgas contra la corrupcin, se declar a s mismo lder de por vida en 2018.

Mientras tanto, ha seguido redirigiendo grandes sumas hacia energas renovables. Para 2017, el gobierno planeaba dedicarle 360. 000 millones de dlares hasta 2020, creando trece millones de nuevos empleos en ese sector. En estos aos, China ha instalado ms paneles solares y generadores de energa elica que cualquier otro pas en la Tierra, el triple, aproximadamente, que el segundo, EE.UU. Es lder en la produccin y exportacin de la mayora de los componentes clave de un futuro de energa limpia, desde turbinas elicas hasta vehculos elctricos. An ms revelador es cuntas patentes de energa renovable ha registrado China: 150.000. El nmero dos nuevamente es Estados Unidos, con alrededor de 100.000.

As pues, China ha surgido como un Leviatn aparentemente capaz, combinando la planificacin estatal con un abrazo ferviente de las fuerzas del mercado para cumplir los sueos de los tericos de la convergencia de la dcada de 1970, al tiempo que crea un fuerte conjunto de incentivos nacionales a favor de las energas renovables.

Sin embargo, desafortunadamente, la solucin china se parece a cualquier cosa menos a un camino ecoautoritario de xito, en parte porque Beijing est utilizando su Iniciativa Belt and Road para mantener un statu quo ambiental insostenible en una escala cada vez ms planetaria. Poco importa que Xi Jinping haya calificado el proyecto masivo de verde y sostenible. Los registros sugieren hasta ahora otra historia bastante diferente. Por ejemplo, China ahora est construyendo o planea construir 300 plantas alimentadas con carbn en el extranjero como parte de su impulso de infraestructura global, aunque reduzca modestamente los contratos estatales para plantas similares en el pas. Y sucede que Beijing tambin tiene que lidiar con su equivalente en la industria del carbn de Virginia Occidental, y lo est compensando con grandes cantidades de contratos internacionales.

Pero las plantas de carbn son solo la parte ms obvia del problema. Todas las carreteras que China est construyendo estarn llenas de automovilistas y camioneros. Todos sus puertos nuevos y renovados albergarn enormes barcos que consumen mucho gas. Algunos de sus proyectos amenazan los bosques que absorben carbono y otros ecosistemas delicados. Y luego est el deseo no tan oculto de China de utilizar toda esta infraestructura futura para obtener acceso a las materias primas. Solo en frica, China est invirtiendo   ms de 100.000 millones de dlares al ao para obtener minerales cruciales. El esfuerzo para asegurar estos recursos ha generado su propio auge de infraestructuras, algo que por lo general implica la construccin de carreteras a gran escala, ferrocarriles y otras infraestructuras para transportar productos destinados a la exportacin desde las zonas interiores a los puertos costeros, escribe el periodista Basten Gokkon.

Por supuesto, no es demasiado tarde para ecologizar ese proyecto Belt and Road. Equipos como la Iniciativa Global de Crecimiento Verde estn trabajando para reducir la huella de carbono de China en el extranjero. Hace un par de aos, China emiti incluso su propio Bono Verde para el Clima por valor de 2.150 millones de dlares para financiar energas renovables y eficiencia energtica.

Pero aqu est la irona. Cuando se trata de la Iniciativa Belt and Road, China en realidad no es lo suficientemente Leviatn. Aunque la autoridad centralizada del Partido est en manos de Xi Jinping, esos proyectos de infraestructura provienen de toda una variedad de fuentes en China, incluidas diferentes agencias gubernamentales, provincias que compiten entre s y el sector empresarial. Al Estado chino ya le resulta difcil, incluso con un nuevo y ms poderoso Ministerio de Ecologa y Medio Ambiente y un equipo de policas medioambientales, imponer normas estrictas dentro del pas, mostrando poco inters o capacidad a la hora de imponerlas fuera de sus fronteras.

Coercin mutua

En realidad, China no est presentndose a una seleccin para la tarea de Leviatn Climtico Ecoautoritario, al menos no todava, mientras que el resto de los autoritarios que han salido a la luz, como Donald Trump o el Prncipe Heredero de Arabia Saud, Mohammed bin Salman, parecen estar ferozmente centrados en impulsar las emisiones de carbono, no en limitarlas. Mientras tanto, no parece que las pacientes negociaciones en las conferencias de la ONU puedan proponer las soluciones necesarias, mucho menos implementarlas, antes de que se cierre la ventana de las oportunidades. No es de extraar que Nathaniel Rich y otros lamenten que la humanidad deba contemplar ahora no solo la disminucin y adaptacin frente a la crisis del calentamiento global sino el fracaso absoluto.

Sin embargo, por el horizonte est apareciendo en potencia un tipo de Leviatn climtico bastante diferente: el Green New Deal, o GND. Por ahora sigue siendo ms un eslogan que un plan elaborado, pero va ganando espacio dentro de un Partido Demcrata que compite por el poder en 2020 y el inters por l est creciendo tambin internacionalmente. Puede que se trate solo de un par de elecciones, en unos pocos pases clave, lejos de la viabilidad poltica.

Para lograr el objetivo global del GND de emisiones netas cero de carbono para 2050, Estados Unidos tendra que liderar el camino con su propia versin ecolgica de una iniciativa Belt and Road, un proyecto de desarrollo masivo de infraestructura que involucrara el ferrocarril de alta velocidad, la modernizacin energtica de los edificios y enormes inversiones en energa renovable (as como la creacin de un nmero asombroso de empleos). Y tendra que hacer todo esto sin compensar a las industrias contaminantes con contratos de exportacin, como ha hecho China.

Piensen en ello como un potencial futuro lanzamiento verde estilo Apolo 11: una movilizacin enfocada hacia la inversin, la construccin y la resolucin administrativa para lograr lo que hasta ahora se consideraba imposible.

Ese ltimo elemento, la resolucin administrativa, podra ser el ms complicado. La tripulacin actual mundial de populistas de derechas no solo son escpticos respecto del cambio climtico. La mayora tambin est comprometida con lo que Steve Bannon, el antiguo gur de Trump, ha llamado la deconstruccin del Estado administrativo. En otras palabras, quieren reducir el poder del gobierno a favor del poder de las corporaciones (y de los ricos). Quieren eliminar la capacidad del gobierno para administrar proyectos a gran escala a nivel nacional y negociar acuerdos internacionales que afecten a la soberana del Estado-nacin.

En ltima instancia, quieren eliminar lo que Garrett Hardin identific como la nica forma de evitar la tragedia de los bienes comunes: coercin mutua mutuamente acordada. Para impulsar un New Deal Verde en Estados Unidos, por ejemplo, un Congreso claramente no republicano tendra que obligar a una amplia gama de intereses poderosos (compaas de carbn, corporaciones de petrleo y gas, fabricantes de automviles, el Pentgono, etc.) a pasar por el aro. Y para cualquier pacto global que ponga en marcha algo similar, una autoridad internacional como la ONU tendra que obligar a los pases recalcitrantes o no conformes a hacer lo mismo.

Algo tan transformador como el New Deal Verde, un Leviatn Climtico logrado democrticamente, no se va a producir porque el Partido Demcrata o Xi Jinping o el secretario general de la ONU se den cuenta de repente que es necesario un cambio radical, ni tampoco a travs del procedimiento parlamentario y del Congreso ordinario. Un cambio importante de este tipo solo podra provenir de una forma de democracia mucho ms bsica: la gente en las calles involucrada en acciones como huelgas de estudiantes y bloqueos de las minas de carbn. Este es el tipo de presin que los legisladores progresistas podran utilizar para impulsar un Nuevo Acuerdo Verde, mutuamente acordado, capaz de construir una poderosa fuerza administrativa que pudiera convencer o obligar a todos a preservar los bienes comunes globales.

Coercin: no es exactamente un eslogan de campaa muy sexy. Pero si las democracias no adoptan lanzamientos como el New Deal Verde, junto con el aparato administrativo, y obligan a los intereses poderosos a que lo cumplan, entonces el creciente caos poltico y econmico del cambio climtico marcar el comienzo de regmenes an ms autoritarios que ofrecen un rgimen completamente diferente de agenda coercitiva.

El New Deal Verde no es solo una importante iniciativa poltica. Puede ser el ltimo mtodo democrtico de guiar el bote salvavidas de la Tierra a puerto seguro.


 John Feffer, colaborador habitual de TomDispatch, es autor de la novela distpica Splinterlands (publicada por Dispatch Books) y director de Foreign Policy in Focus en el Institute for Policy Studies. Su ltima novela es Frostlands (Haymarket Books), segundo volumen de su serie Splinterlands.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176591/tomgram%3A_john_feffer%2C_how_to_decide_the_fate_of_the_planet/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.

 



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