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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2019

Rquiem por Daniel Ortega

Iosu Perales
Viento Sur


El sbado 16 de marzo fueron detenidas en Managua la ex guerrillera Mnica Baltodano y su hija Sofana, adems de otras cuarenta personas entre las cuales se encontraban la feminista Sofa Montenegro y Azalea Sols, esta ltima designada por la oposicin para la mesa de negociacin con el Gobierno. Sucedi cuando en el marco de una concentracin pedan pacficamente la libertad de las ms de 600 presas y presos polticos, la mayora estudiantes acusados de haber querido derribar al presidente Ortega. Comprendo que para quien lea este artculo es un dato ms que explica la represin del rgimen. Pero lo cierto es que Mnica es para mucha gente en el pas un icono, un smbolo de la lucha sandinista contra Somoza, y su detencin ha desvelado que la pareja Daniel Ortega-Rosario Murillo no tiene lmites cuando se trata de defender su poder. Hay que hacer notar que otra hija de Mnica, abogada, se encuentra exiliada en Costa Rica huyendo de persecuciones y amenazas. Adems, Ricardo Baltodano, hermano de Mnica y profesor de la UPOLI, se encuentra encarcelado sin juicio desde hace ya varios meses.

Mnica es autora de la monumental obra Memorias de la Lucha Sandinista, en tres grandes tomos. Es la mujer que dobleg la resistencia final de los militares somocistas. Eduardo Galeano lo cuenta as: El cuartel La Plvora, en la ciudad de Granada, ltimo reducto de la dictadura, est al caer. Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas tambin dejan de disparar. Al rato se abre el portn de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco. - No disparen! El coronel atraviesa la calle. - Quiero hablar con el comandante. Cae el pauelo que cubre la cara: - La comandante soy yo -dice Mnica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa. - Que qu? Por boca del coronel, macho altivo, habla la institucin militar, vencida pera digna, hombra del pantaln, honor del uniforme: - Yo no me rindo ante una mujer! -ruge el coronel. Y se rinde.

Madre de cuatro hijos y licenciada en Sociologa, Mnica fue nombrada comandante guerrillera honorfica, condecorada con la orden Carlos Fonseca (la ms alta distincin de Nicaragua), nombrada viceministra de Asuntos Regionales, luego diputada, miembro de la Direccin Nacional del FSLN, hasta que se distanci de Ortega y crea el Movimiento por el Rescate del Sandinismo en 2005. Su detencin ha sido analizada en el pas como el producto de una huida hacia adelante del rgimen orteguista.

Lo cierto es que desde hace algunos meses apenas se habla ya de Nicaragua. Sin embargo, en ese pas, las protestas y las detenciones continan sin que algunos amagos de negociacin hayan podido consolidarse. De hecho, en el seno de la oposicin se han detectado al menos dos estrategias: mientras los empresarios, preocupados por la cada de sus ganancias, quieren sentarse en la mesa con el Gobierno, sin condiciones; los estudiantes y movimientos sociales no quieren negociar con ms de 600 presos polticos como rehenes de Ortega y exigen previamente su libertad. En todo caso, la unidad vigente en el interior del Movimiento de Unidad Nacional Azul y Blanco (con los colores de la bandera de Nicaragua este movimiento integra a la Alianza Cvica y a la Articulacin de los Movimientos Sociales) se mantiene en la medida en que ms all de tcticas, toda la oposicin quiere que de una u otra manera Daniel Ortega y Rosario Murillo se vayan.

Desde 2006, ao en que gan las elecciones, Daniel Ortega vena vendiendo la idea de la continuidad de la revolucin iniciada en julio de 1979. Era una farsa. En abril de 2018, las encuestas cocinadas para bendecir democrticamente el rgimen autoritario cayeron rotas. En pocas horas se vinieron abajo las pretensiones de seguir gobernando violando leyes, golpeando la Constitucin. La arrogancia de la pareja presidencial Ortega- Murillo, que durante doce aos haba ignorado las crticas, se vino abajo y fue sustituida por un terrorismo de Estado, de policas y milicias armadas, cuya misin no era otra que sembrar el miedo y evitar que el pueblo se manifestara en las calles. Crean que su violencia no les pasara factura, pero la dignidad y la valenta siguieron desfilando por avenidas y plazas, y en su locura el rgimen se cobr ms de 300 muertos, ms de 600 presos y 30.000 refugiados en Costa Rica.

La Nicaragua que quiere quitarse de encima la pesada losa de una dictadura, lejos de ser golpista como dice el matrimonio Ortega-Murillo, ama la libertad y pelea por ella. Rechaza los fraudes electorales. Exige una justicia independiente, no al servicio del rgimen. Que se acaben los asesinatos extrajudiciales. Que se combata la corrupcin de la que participa la pareja presidencial y su familia. La nueva Nicaragua que se est gestando desde la base ciudadana quiere terminar con el acoso y represin sobre organizaciones feministas, medioambientales, ONGs, sindicatos libres y organizaciones de derechos humanos. Esta agenda de la oposicin nada tiene que ver con golpes de Estado, menos an frente a un rgimen que cuenta con el apoyo cerrado del ejrcito, de las policas, de las milicias armadas, de los jueces y de la mayora del parlamento. Adems, los estudiantes exigen que se les devuelva la autonoma universitaria, actualmente intervenida, hasta el punto de que el rgimen filtra quin entra y quin no a la universidad pblica.

En la Nicaragua de Ortega-Murillo no existe una autntica libertad de expresin. Los medios de comunicacin, incluyendo los del partido gobernante (Frente Sandinista de Liberacin Nacional) fueron casi todos privatizados a favor del rgimen. La mayora de los canales de TV forman parte de un duopolio: o son de los hijos del matrimonio gobernante o son de su socio, el empresario mexicano Juan ngel Gonzlez.

A estas alturas del partido hay una unanimidad en la oposicin nicaragense: slo una negociacin que incluya la salida de los Ortega-Murillo puede dar lugar a una nueva realidad nacional democrtica. La violencia como va para lograrlo ni es posible ni es deseable. Todos los sectores sociales y las iglesias comparten esta idea. Nicaragua ya sufri una guerra entre 1979 y 1990, organizada, financiada y dirigida por Estados Unidos, que se cobr unos 50.000 muertos. Ahora se trata de evitar, aunque sea en escala menor, una nueva guerra. El desvaro de Daniel Ortega y su grupo de incondicionales ha impulsado la escalada de la protesta a niveles hasta ahora desconocidos durante su gobierno. Se extendi territorialmente, incorporando a sectores populares: jubilados, gente desempleada, trabajadores por cuenta propia, obreros, campesinos, principalmente jvenes de las ciudades, estudiantes. Las marchas en los pueblos ms alejados han sido totalmente pacficas. Ha sido en Managua donde la violencia de los cuerpos policiales y milicias armadas ha desatado reacciones violentas de jvenes incontrolados que ahora la oposicin trata de evitar a toda costa, pues la estrategia debe ser pacfica.

Una vez, las mayoras sociales de Nicaragua derrocaron a Anastasio Somoza. Cerca de cuarenta aos despus esas mayoras se proponen hacer caer a un rgimen autoritario, dictatorial. El carrusel de la vida a veces repite escenarios ya vividos. Muchos de los que fuimos a aquella Nicaragua fuente de ilusiones, seguimos estando al lado de la gente. Somos los mismos que ahora estamos por el rquiem poltico de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Iosu Perales es escritor y experto en temas relacionados con Centroamrica.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14734



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