Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2019

La muerte metafisica del pueblo judo

Michel Fonte
Rebelin


La noticia de la nacida formal del Estado-nacin judo i , el 19 de julio de 2018, no era imprevisible, dado que la agenda poltica de Benjamn Netanyahu persigue ese objetivo con determinacin, de hecho, todas sus acciones han sido coherentes con la visin de un pas blindado y agresivo como un fortn que avanza para englobar tierras consideradas esenciales para su seguridad (teora de los confines mutantes) y, adems, con la pretensin, suportada por la supremaca econmica y militar, de convertirse tanto en protagonista del tablero geopoltico en Oriente Prximo (Arabia Saud, Bahrein, Egipto, Emiratos rabes Unidos, Iraq, Irn, Jordania, Kuwait, Lbano, Libia, Omn, Qatar, Siria, Sudn y Yemen), como en antagonista de las potencias mundiales (Rusia, China y EE. UU.), sin embargo cultivando relaciones amistosas con las mismas. La polmica ley aprobada por el parlamento ii , que ha exasperado el talante cada vez ms belicoso de Israel en su zona de influencia, es otra pieza del mosaico procedente de la doctrina ideolgica del Likud, partido que desde siempre se opone a cualquier aproximacin a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y al desmantelamiento de las colonias en territorio de Cisjordania (zonas de Judea y Samaria administradas por Israel a partir de 1967) iii .

Netanyahu no tiene ninguna intencin de favorecer un acuerdo de paz, por el contrario, los recientes acontecimientos, como el involucramiento cada vez ms activo del pas en la guerra siria, las continuas incursiones en la Franja de Gaza, ya reducida a una pila de ruinas, y el traslado de la embajada estadounidense a Jerusaln (14 de mayo de 2018) impulsado por la casta financiera sionista (Paul Singer, George Soros, Stephen Allen Schwarzman y otros), a cambio de apoyar la poltica de Trump (Amrica First) evitando presionar la economa norteamericana con sus maniobras especulativas, han robustecido el proyecto de virar hacia un Minotauro nacionalista. Ese muestro acuartelado en su laberinto supertecnolgico, distpico y con confines orwellianos, reivindica el reconocimiento internacional de la ciudad sagrada como capital de Israel, as como contemplado en el plan Ben-Gurin (1948), que naufrag antes por el conflicto con Jordania que se apoder de la parte oriental de la urbe y sucesivamente, como consecuencia de la Guerra de los Seis Das (5-10 junio de 1967) en que las fuerzas de defensa reconquist la totalidad del municipio iv , por el decidido rechazo de la ANP y de numerosos gobiernos occidentales, que, en aquella difcil contingencia, determinaron enfriar el conflicto abriendo o manteniendo sus embajadas en Tel Aviv, proclamada inicialmente sede institucional de la nueva patria juda. Est claro que la ley que define el hebreo como nico idioma oficial v reservando el derecho a la autodeterminacin a los descendentes de la Tor, generar discriminaciones, en la sustancia ya perpetradas, afectando el 20% de la poblacin compuesta por rabes-israeles, es decir, alrededor de 2 millones de personas sobre un total de 8.709.000 vi (datos 2017).

Al parecer, la clase poltica asentada en la Knset empieza a encajar en las categoras filosficas elaboradas por Hannah Arendt, cuando calific la actuacin en los campos de exterminio durante el holocausto. El notorio enemigo interno de los nazis, o sea, el extranjero que amenaza la nacin de su interior, se transform en un patrn que se aloj de manera horrorosa en el subconsciente alemn, generando las peores atrocidades, eso es propiamente lo que distingue el totalitarismo, negro y rojo, respecto al nacionalismo y a la fase inicial del imperialismo vii . Su concepcin del mal fue profundamente radical, dado que el otro no solo iba apartado sino que tambin eliminado, sin que dejara huellas de su presencia terrenal, es precisamente lo que pas en los campos de concentracin con la eliminacin fsica de los cadveres de los prisioneros en los hornos crematorios, y es lo que se propone actualmente, de manera ms sutil pero desfachatada, promoviendo la criminalizacin masiva de individuos por sus orgenes tnicas o religiosas. La naturaleza de la reclusin ha cambiado, pasando de la dimensin del encierro dentro del estado-nacin (lager, gulag y campos de la muerte) para controlar y erradicar al supuesto enemigo, a la de la reclusin por aislamiento, tpicos ejemplos son los muros de Gaza y de Assothalom viii y la valla de la frontera entre Mxico y Estados Unidos.

Sin abogar por la concepcin de los libertarios mundialistas, que anhelan construir estados sin confines, una antinomia conceptual que mermando los derechos fundamentales ha producido generaciones de esclavos globales, se pone el dilema si existe una tercera va entre estas dos posiciones extremas o, por el contrario, se trata de aire frito. Un enfoque diferente sobre el asunto, debe valorar una multiplicidad de alternativas rechazando medidas vagas y abstractas, y, al mismo tiempo, considerar prcticas vinculadas con las peculiaridades de sociedades en situaciones concretas. Razonablemente, no se puede seguir desestimando que los lugares, la cultura y la historia tienen un peso especfico, as que ya ha llegado el momento de sustituir, o por lo menos modificar, insulsas creencias doctrinarias con planes especficos, que nacen de la experiencia y que no temen compromisos y arreglos para conseguir el objetivo de una convivencia pacifica.

La deshumanizacin colectiva

Quien se propone de realizar prisiones a cielo abierto, avala una lgica descartante que no es una novedad, puesto que ya hubo diversos casos en el siglo pasado, entre otros, la divisin de Berln, el embargo occidental a Cuba ix y el de Iraq, no obstante, lo que ha mutado es la dimensin planetaria del fenmeno. El prevalecer del dogma del dejar afuera, significa fundamentalmente excluir pases o partes de su territorio de un conjunto de relaciones (polticas, econmicas, cientficas, diplomticas y militares) relegando a los integrantes de sus poblaciones, colectiva e individualmente, en una condicin de encarcelamiento mental, jurdico y social. Esta poltica para tener xito se funda en la deshumanizacin del otro, dicho de otra manera, el todo uno del nuevo totalitarismo se alimenta de minarquismo, una teora que delega al Estado la nica funcin de vigilante o guardin para asegurar las libertades individuales, protegiendo el espacio nacional x , en el interior, de influencias y presiones sociales que pueden atentar a la falsa neutralidad de sus leyes, y en el exterior, de flujos migratorios y fuerzas militares de Estados no minarquistas. Lo ms extrao es que los que han sufrido, a lo largo de los siglos, un virulento proceso de guetizacin y aniquilacin, se presentan como puesto avanzado de este orientamiento y se hacen promotor de una dura forma de confinamiento y segregacin, que no tendran que abarcar a la luz de los acontecimientos que culminaron en su gran tragedia. Hoy en da, Israel ha concebido su enemigo interno identificndolo en todo lo que tiene relacin con el mundo rabe-islmico, es evidente que se trata de un arquetipo que ha surgido como reaccin a una condicin atvica de represin y a la aversin de un entorno hostil, que al ser considerado perifrico, ha padecido una decisin adoptada, como siempre, por el centro imperialista contra su voluntad (la famosa Declaracin Balfour) xi .

Si se examinan las condiciones de vida en Gaza, son muy similares a las de un moderno campo de concentracin xii , porque, con el paso del tiempo, se ha inoculado en las tropas la idea de una superioridad que exaspera el proceso de deshumanizacin de los palestinos, ya en acto, permitiendo infligir cualquier forma de castigo y vejacin y garantizando la impunidad de los autores xiii . Inevitablemente, se ha desarrollado un supersentido ideolgico israel fundado en la reiterada y proclamada especialidad del holocausto, as que, de manera inconsciente, la supervivencia de la entidad juda autoriza a ejercer cualquier genero de abuso, relegando a la superfluidad la vida humana de todos los que ponen en peligro o se oponen a su ley absoluta xiv . Esta ltima, que se concreta en la preservacin de la soberana y seguridad nacional, encarna la mmesis de lo absoluto contenida en el tabernculo de la agenda sionista, de otra parte, la misma Arendt, en diversas ocasiones, expres duras criticas contra el concepto de estado-nacin, especficamente, despus de la Conferencia de Biltmore xv (Nueva York, 6-11 mayo de 1942), en que Ben Gurin se present como el principal inspirador de un patria tnica en Palestina. La pensadora alemana-estadounidense rechaz rotundamente aquel proyecto, teniendo en cuenta que en sus escritos haba puntualmente denunciado la degeneracin del concepto de ciudadano, que se manifestaba cuando la nacionalidad entendida como pertenencia a una organizacin clnica, se apoderaba del Estado xvi . Es incuestionable el choque entre dos tesis, una que considera que la comunidad estatal nace solo cuando hay un grupo con elementos comunes (lengua, raza, tradiciones, religin, historia y contexto geogrfico), y subordina la adquisicin de la ciudadana al presentar estas caractersticas o incluso un indefinido soplo espiritual, y la otra, que la atribuye a cada individuo por el simple hecho de haber nacido.

En el presente, estas posiciones ideolgicas parecen bien representadas, con referencia a la causa juda, por Netanyahu y Soros, impulsores respectivamente de una visin nacionalista y globalista del sionismo, pero con el propsito comn de ir prendiendo el fuego de la inestabilidad dentro de los continentes, en particular en Europa, para instar gobiernos y opinin publica hacia posiciones antirabes y antiislmicas. Sin embargo, si el primero acaricia el sueo de Israel como potencia mundial, no temiendo acercarse y cerrar tratos con lderes soberanistas, como Orbn xvii , para promover medidas antinmigracin que avalen su poltica de segregacin en Oriente Medio, en cambio, el magnate, supone que la mejor opcin para garantizar los intereses israels, es reforzar el papel financiero de una lite juda cosmopolita. La estrategia para conseguirlo, prev la reduccin de la influencia de los Estados a travs de supraordinadas, laxas normas internacionales y poderosas organizaciones transnacionales, en la que las OING ocupan un lugar destacado, como su personal fundacin, Open Society xviii , y todas las que desempean un papel fundamental en la actividad de rescate en el Mediterrneo y, ms en general, en la acogida de inmigrantes indocumentados. Examinando los balances de estas asociaciones no gubernamentales, se nota que carecen sistemticamente de transparencia (Open Arms xix , Mdicos sin Fronteras xx , Save The Children xxi , Accem xxii , Sea Watch xxiii y otras xxiv ), puesto que es muy complicado llegar a conocer los nominativos de sus grandes mecenas. Las diferencias de perspectiva de los dos bandos, se reflejan dentro del Comit de Asuntos Pblicos Americano Israel xxv (AIPAC por sus siglas en ingls), un grupo de cabildeo que desde los aos 50' promueve vnculos de hermandad y colaboracin entre EE. UU. e Israel, tejiendo relaciones con consejeros, gobernadores, alcaldes, diputados y senadores tanto demcratas como republicanos, dispuestos a apoyar leyes, medidas y posiciones diplomticas favorables a los intereses judos. Esta organizacin, financiada por sus miembros y que tiene la capacidad de trasladar votos, aunque oficialmente no apoya de manera directa a los candidatos en las elecciones locales o nacionales xxvi , experimenta una condicin de lucha interna y transicin, que reproduce la mencionada conflictividad entre sionistas nacionalistas e internacionalistas. Su misin, as como declinada en los documentos oficiales, es garantizar el mximo esfuerzo para llegar a la Solucin de dos estados , pero la actuacin no parece acorde con los proclames, visto que denegando cualquier intermediacin entre palestinos e israeles y apostando por negociaciones directas entre los dos, se acaba por favorecer a los segundos. Es en esta encrucijada que topan dos lneas estratgicas, la mayora de los integrantes del AIPAC opta por consolidar la situacin del Estado de Israel machacando cada oposicin en los territorios cercanos y respaldando jurdicamente sus operaciones de represin en los foros internacionales xxvii , como la ONU, mientras que los sostenedores de Soros opinan que es ms conveniente exasperar las hostilidades en Oriente Medio, aun con juego sucio y aportando fondos a la galaxia de grupos fundamentalistas yihadistas. En otras palabras, ambicionan llevar el conflicto a una dimensin mundial, pero diferente respecto al pasado, debido a que se intenta generar desarraigo y deportaciones, y por consiguiente migraciones masivas de matriz islmica hacia occidente, hasta el punto que la poblaciones locales chapaleen en el fango de desencuentros, estorbos, conflictividad cultural y socioeconmica, problemticas de convivencias, fanatismos y actos de terrorismo, que determinen un solidaridad general y convencida con la causa sionista. 

La Shoah y el sionismo

Arendt fue siempre favorable a una organizacin poltica juda y a la construccin de su ejrcito para combatir contra los nazis, en sustancia, soportaba la promocin de una red internacional y solo posteriormente se pronunci a favor de la realizacin de un Estado que acogiera los supervivientes de La Catstrofe. Desde el principio, el tema se present controvertido, de hecho, siendo vctimas antes del nacionalismo y despus del totalitarismo, se planteaba el problema de escoger una forma de ciudadana que, por un lado, salvaguardara la identidad de una colectividad que a menudo eligi el aislamiento y la aglomeracin en especficos barrios o ciudades, para mantener intactos vnculos familiares, cultura y tradiciones religiosas, salvo sufrir sucesivamente un proceso de dura marginalizacion y acoso, y por otro lado, que evitara que se reprodujera una entidad con rasgos tpicos de los regmenes raciales y antidemocrticos xxviii .

El dilema que la filsofa se planteaba, era si fuera viable edificar una realidad que alejndose del concepto de nacin, sera capaz de fundarse esencialmente sobre derechos cvicos, polticos y civiles, sin olvidar que estos tienen siempre una fuerte relacin con factores culturales, sociales, econmicos y, hoy en da, tambin cientficos y tecnolgicos. Por lo tanto, cada organizacin colectiva no puede prescindir de un proyecto unificador o una visin compartida que siempre contienen valores morales guiando el comportamiento individual y comunitario salvo que se funde sobre el subjetivismo tico, provechoso en la especulacin filosfica y la introspeccin personal, pero notablemente peligroso para la solidez de una sociedad que se encontrara sumida en la anarqua y el caos xxix . Arendt que haba vivido la malograda integracin de los judos en Alemania, deseaba que el proyecto de un Estado israel no fuera un simple clon de las patrias europeas, vigorosamente arraigadas en una ideologa chovinista y a menudo xenfoba, por eso, descalificaba el sionismo como tentativa de construir el ensimo bastin regido por el suprematismo de una mayora incline a aplastar la minora, en este caso rabe, destinada a ser subalterna o a convertirse en parias o emigrantes xxx . La lectura se vuelve an ms interesante cuando recalca un dplice aspecto del sionismo, el primero, la Declaracin de Independencia del Estado de Israel, que olvidando por completo la presencia musulmana y cristiana en Palestina, en definitiva, les niega ciudadana, el segundo, la ruptura del antisemitismo moderno respecto al antijudasmo tradicional, afirmndose como fenmeno poltico indito e imposible de explicar a travs de las clsicas pautas.

A pesar de negar una continuidad en la lnea de odio atvico al judo, Arendt no pone en dudas la singularidad de la Shoah, por el contrario, son exactamente sus clasificaciones que determinan en el exterminio de los hebreos unas peculiaridades no detectables en otras matanzas tnicas. Segn su anlisis, conectadas con la idea de Estado contemporneo, por primera vez, se eliminaba a un entero pueblo sin un fin xxxi , ms bien con la nica razn que no tena derecho a vivir, de ah que la singularidad se traduce en una situacin que va ms all de los actos inhumanos motivados por factores polticos y econmicos. De manera paradjica, la pensadora deja salir por la puerta el odio ancestral contra los judos y luego lo hace entrar por la ventana, porque si aquel aniquilamiento no tiene causas reales, implica que hay un odio inveterado y casi natural que puede ser excusado. Pues, para combatir esta justificacin, elabora la locucin de crimen contra la humanidad xxxii , una definicin que le permite guardar el valor de especialidad moral del holocausto, a tal punto que la misma palabra pierde su sentido original para asumir un significado univoco centrado en el genocidio perpetrado por los nacionalsocialistas, y que, al mismo tiempo, resalta el mayor sufrimiento padecido por los sobrevivientes y muertos de los lager respecto a todos los perjudicados de otras depuraciones tnicas pasadas y futuras. Seguidamente, a partir de esta teorizacin, se ha concluido que solo la Shoah merece la definicin de genocidio, dado que es considerada un pice trgico en la vida de la humanidad, y adems, se ha remarcado la particularidad de un sistema de industrializacin y burocratizacin de la muerte, que aplicando medios y procesos tcnicos para llevar a cabo la solucin final en el complejo sistema de los campos, permiti diluir la responsabilidad entre los SS, que se sintieron liberados de toda culpa xxxiii .

Aguijn del mando y memoria literal

Elias Canetti tuvo una genial intuicin para explicar porque las SS-Totenkopfverbnde, o Unidades de la Calavera, pudieron actuar con brutalidad. Cuando durante los Procesos de Nremberg, los jerarcas nazis declararon haber solo seguido las rdenes, no mentan, o por lo menos no de manera consciente, porque el carnicero como releva el pensador blgaro se somete a una orden, bajo amenaza de muerte xxxiv .

Lo interesante del razonamiento es que los torturadores no solo no se pueden defender contra las decisiones sino que le falta el tiempo para sentir el aguijn , o sea, el sentido de culpa por matar a sangre fra. El ajusticiador sencillamente transmite lo que recibe: Solo debe matar a los que ha de matar. Si se atiene estrictamente a sus rdenes nada le puede suceder... Matando, l mismo se libera de la muerte. Para l es un negocio limpio y no inquietante. El horror que despierta en otros no lo siente dentro de s. Es importante ver claro al respecto: los matadores oficiales estn tanto ms satisfechos dentro de s cuantas ms de sus rdenes conduzcan directamente a la muerte. Incluso para un guardin de prisin el deber es ms duro que para un verdugo xxxv .

Se explica as el porqu los hombres que obedecen pueden cometer las peores atrocidades sin reconocerse responsables. Si es verdad que hubo unos mecanismos del aparato nazi (burocracia asptica) que facilitaron una dilucin del remordimiento, es ms importante considerar las condiciones psicolgicas que favorecen una condicin de completo compromiso y que logran que los torturadores vivan con normalidad una actuacin despreciable. De esta manera, se apartan de la culpa en la conviccin de que sometindose a una solicitud externa, no se le puede acusar de algo que no sentenciaron personalmente, sino que soportaron como simples ejecutores e incluso sintindose chivos expiatorios del sistema xxxvi . Una conclusin aberrante pero desgraciadamente acertada en el entendimiento personal y desarrollo moral del matarife de los campos de exterminio, que se concretiza en las siguientes palabras: El autor no se acusa a s mismo sino al aguijn, a la instancia ajena, al verdadero autor, por decirlo as, al que siempre acarrea consigo. Cuanto ms ajena le fue la orden a uno, tanta menos culpa se experimenta por ella, tanto ms ntidamente decantada para s sigue existiendo como aguijn. Es el perpetuo testigo de que no fue uno mismo quien hizo esto o aquello. Uno se siente a s mismo como su vctima y por ello no tiene por la vctima verdadero sentimiento alguno xxxvii .

Esta disertacin iluminando sobre el estado interior del verdugo al no sentir arrepentimiento, demuestra, por una parte, que el acto no ha entrado en l, y por otra parte, afecta la tesis propuesta por Arendt. En particular, a juicio de Canetti, la matanza de los judos fue tan extrema porque Hitler y ms en general los alemanes buscaron algo que vala menos de ellos durante el penoso periodo de la inflacin, y lo encontraron en el pueblo que por vocacin tena habilidad en actividades especulativas; su afluencia a las bolsas de comercio donde su manera se distingua muy crudamente del ideal de conducta militar de los alemanes, todo eso los deba hacer aparecer, en una poca llena de sospechas y caracterizada por la inestabilidad y hostilidad del dinero, particularmente dudosos y hostiles xxxviii .

En el proceso de internamiento de los judos se imit el del inflacin, de principio tratndolos como moneda mala y peligrosa, luego, devalundolos cada vez ms, y por ltimo, atribuyndoles una total ausencia de valor que permiti considerarlos intiles y erradicarlos por millones como papel mojado. De hecho, el autor sugiere que los alemanes difcilmente habran podido llegar tan lejos, si no hubiesen vivido pocos aos antes una inflacin durante la cual el marco se hundi hasta una billonsima parte de su valor. Es esta inflacin como fenmeno de masa la que descargaron sobre los judos xxxix .

Aceptando tal hiptesis como motivo del genocidio, se amputa la singularidad del holocausto y el rol que ha conquistado en las reivindicaciones del movimiento sionista, a la vez que, como argumentado por Tzvetan Todorov, se desenmascara la sujecin de la memoria ejemplar a la memoria literal . Esta ltima que se funda sobre la singularidad, produce exageracin y nfasis, de manera que el acontecimiento sale del proceso histrico y acaba por convertirse en mitologizacin, o sea, engendrando un imperecedero resentimiento y un derecho perpetuo a la venganza xl , que, a su vez, alimentan un exceso de justicia que se concreta en falta de imparcialidad.

Un pueblo volando sobre la tierra

El porqu el estado-nacin aborda la contradiccin, es muy evidente. Como dijo Emile Cioran los judos no son razas ni nacin ni tribu, cualquier definicin es un atentado contra un pueblo que ha colonizado el cielo creando una religin de la espera.

Ser hombre es un drama; ser judo otro xli , es decir, que l no tiene necesidad de conseguir un elemento distintivo en los acaecimientos porque ya es una singularidad viviente, un sujeto sin ataduras, acsmico, es el hombre que nunca ser de aqu, el hombre venido de otra parte, el extranjero en s, y que no podra sin equvoco hablar en nombre de los indgenas, de todos xlii .

El escritor y filsofo rumano subraya con agudeza la anormalidad de ese individuo pegado a su religin constantemente trastornado que est en contra de todo lo que es comn a las naciones, y en virtud de su exclusivismo rechaza pertenecer a estirpe e imperios, oposicin que nunca se le ha perdonado. Tampoco se puede omitir que l es el representante y heredero de una fe vehemente, severa y a menudo agresiva, que gui la marcha de una masa que vivi largamente en el desierto antes y en el ghetto despus, y que lleva los dos en su dimensin interior como un espacio privo de vegetacin, donde todo estaba seco y desolado xliii , alegora de un pueblo privo de races y esencialmente orientado hacia el cielo, como espritu o espectro desconociendo la tierra. Siendo estas sus peculiaridades, el judo tropieza en la historia como un cuerpo extrao, incapaz de evolucionar o declinar segn los patrones que gobiernan la existencia de los mortales. Es el nico que viviendo en cualquier esquina del mundo conserva intransigente su cultura, y no porque es integrante de la comunidad ms antigua, sino porque es el hombre que migra sin pausa dejando rastros que desaparecen de un lugar y aparecen en otro, y aunque hablando muchsimas lenguas diferentes sigue siendo lo que es, un descendiente del xodo xliv.

Por consiguiente, los judos mantienen su unidad en la dispersin, seres del tiempo y no del espacio, rehsan una concentracin territorial, son pueblo que no se funda sobre la roca sino sobre la arena, y como enfatiza Cioran, son maestros de existir xlv con un impulso espiritual que es accin pura, caracterstica de los perseguidos que deben actuar deprisa y apresurarse hasta en sus genuflexiones. Es que invocan a un dios que tambin es nmada, perseguido tambin, y que les comunica su impaciencia y su apresuramiento xlvi .

Ellos como ciudadanos nunca pueden organizarse como nacin tnica, salvo perder para siempre una originalidad que, en el curso del tiempo, nutrindose de un desasosiego vital, ha facilitado su extraamiento y omnipresencia. El hecho mismo de perder ms de una patria, no les ha impedido seguir en el proyecto de construir una realidad estatal sui generis, porque una patria es un soporfero para cada instante. Nunca envidiaremos bastante o compadeceremos a los judos por no tener ninguna o tenerlas slo provisionales, y la primera Israel xlvii .

Si Netanyahu si diera cuenta de eso, no perseguira un plan que se pone en contra del verdadero espritu de su gente.


Notas

i https://elpais.com/internacional/2018/07/19/actualidad/1531973268_687632.html

ii https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-44883091

iii https://www.israelnationalnews.com/News/News.aspx/242897

iv https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/cual-es-la-verdadera-capital-de-israel-jerusalen-o-tel-aviv/

v https://www.elpais.com.uy/mundo/israel-aprobo-ley-define-pais-nacion-judio.html

vi https://datosmacro.expansion.com/demografia/poblacion/israel

vii R. Esposito, Confines de lo Politico, Nueve pensamientos sobre poltica, Trotta Editorial, Madrid, 1996, pgs. 155-156

viii https://www.repubblica.it/esteri/2017/02/17/news/budapest_orban_ultradestra-158532664/

ix https://www.amnestyusa.org/pdfs/amr250072009spa.pdf

x https://www.mises.org.es/2015/12/el-minarquismo-es-una-ilusion/

xi http://www.mfa.gov.il/mfa/foreignpolicy/peace/guide/pages/the%20balfour%20declaration.aspx

xii http://imemc.org/article/un-warns-of-catastrophic-situation-in-gaza/

xiii https://www.amnesty.it/rapporti-annuali/rapporto-annuale-2017-2018/medio-oriente-africa-del-nord/israele-territori-palestinesi-occupati/

xiv R. Esposito, Confines de lo Politico, op. cit., pgs. 158-159

xv https://www.jewishvirtuallibrary.org/the-biltmore-conference-1942

xvi Hannah Arendt, Los orgenes del totalitarismo, Taurus, Madrid, 1998.

xvii https://www.lavanguardia.com/politica/20180719/45966722835/netanyahu-agradece-a-orban-su-lucha-contra-el-antisemitismo.html

xviii https://www.opensocietyfoundations.org/

xix https://www.proactivaopenarms.org/es/quienes-somos

xx https://www.msf.es/conocenos/como-nos-financiamos/msf-espa%C3%B1a

xxi https://www.savethechildren.net/sites/default/files/libraries/Save%20the%20Children%20Annual%20Review%202017_0.pdf

xxii https://www.accem.es/transparentes/#toggle-id-1

xxiii https://sea-watch.org/en/

xxiv https://www.agi.it/cronaca/chi_sono_le_ong_che_operano_nel_mediterraneo-1735689/news/2017-05-03/

xxv https://www.aipac.org/about/mission

xxvi https://www.aipac.org/about/how-we-work

xxvii https://www.aipac.org/news-hub?id=%7B814885A6-D445-45D8-BEA1-51F14FD9631F%7D#filter =*

xxviii Los orgenes del totalitarismo, op. cit., pgs. 248-249

xxix http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-31222008000100004

xxx Hannah Arendt, Escritos judos, Paids, Barcelona, 2009 pgs. 419-431

xxxi http://proyectos.cchs.csic.es/sscv/sites/default/files/sinholo.pdf pg. 6

xxxii Ibdem, pg. 3

xxxiii Ibdem, pg. 7

xxxiv Elias Canetti, Masa y Poder, Muchnik Editores, Barcelona, 1981, pg. 414

xxxv Ibdem, pg. 415

xxxvi Ibdem, pg. 416

xxxvii Ibdem pgs. 417-418

xxxviii Ibdem pgs. 230-232

xxxix Ibdem pg. 233

xl Tzvetan Todorov, Face lextrme, Seuil, Paris, 1994, pgs. 273-274

xli Emile Cioran, La tentacion de existir, trad.Fernando Savater, Gallimard, Pars, 1972, en pdf, pg. 22

xlii Ivi

xliii Ibdem, pg. 27

xliv Elias Canetti, Masa y Poder, op. cit., pg. 219

xlv Emile Cioran, La tentacion de existir, op. cit., pg. 29

xlvi Ibdem, pg. 28

xlvii Ibdem, pg. 30


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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