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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2018

La extrema derecha en Brasil: aprendiendo y desaprendiendo desde la izquierda

Alberto Acosta y Eduardo Gudynas
Desde Abajo (Colombia)


Cual crculos concntricos se difunden en Amrica Latina los impactos de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. Colombia no es la excepcin. Ms all de que en este pas han prevalecido los gobiernos conservadores, el triunfo de una derecha extrema en Brasil debe ser analizado. Las izquierdas del continente estn conminadas a aprender de lo que all sucedi.

Los agrupamientos polticos que apuestan por cambios, y que lograron sustantivos crecimientos electorales en Colombia, enfrentan el desafo de no repetir las contradicciones observadas en Brasil. Esto tambin es indispensable para los movimientos ciudadanos que siguen enfrentando estrategias como las extractivistas, ya que un estilo poltico como el propuesto por Bolsonaro solo augura una acentuacin de la violencia. No puede obviarse que Brasil, por ejemplo, lidera los indicadores mundiales en asesinatos de defensores de la tierra, pero Colombia le sigue en tercer lugar (57 en el primer caso y 24 en el segundo, segn Global Witness) [1].

En este texto presentamos algunas reflexiones preliminares a partir de lo sucedido en Brasil. No pretendemos ofrecer un anlisis detallado de su poltica interna, sino que nuestro propsito es otro: rescatar algunos aprendizajes de lo que all sucedi, tiles para una izquierda que est ubicada en los dems pases (y por ello aqu intercalamos algunas apreciaciones enfocadas en Colombia). No repetiremos la nutrida informacin circulante en estos das ni apelaremos a anlisis simplistas, tales como achacar toda la culpa sea a la derecha o al progresismo. Compartimos este ejercicio desde una perspectiva de izquierda, con el propsito de alentar su renovacin y de evitar que otros Bolsonaro se instalen en los pases vecinos.

Progresismos e izquierdas: son diferentes

En todo el continente, los agrupamientos polticos conservadores realizan un activo entrevero de hechos para desacreditar las opciones de cambio hacia la izquierda. Se mezclan las severas crisis de Venezuela y Nicaragua con la cada del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, para insistir en que las opciones de cambio hacia la izquierda son imposibles, fatalmente estn teidas por la corrupcin, y as sucesivamente. Pero justamente la crisis brasilea muestra la necesidad de insistir en las diferencias entre progresismos e izquierdas.

Es que muchos de los problemas observados en Brasil resultan, como se ver ms adelante, de programas y una gestin de gobierno del PT y sus aliados donde poco a poco olvidaron sus metas iniciales de izquierda para transformarse paulatinamente en progresismos. Esto nunca lo ocultaron, sino que hicieron de ello uno de sus atributos.Por lo tanto, una primera leccin a tener en cuenta es que la distincin entre izquierdas y progresismos sigue siendo clave [2].

Humildad para entender los humores del pueblo


El Partido de los Trabajadores y el liderazgo de Lula da Silva fue repetidamente presentado como ejemplo de viraje exitoso hacia las llamadas nuevas izquierdas en toda Amrica Latina y a nivel mundial, lo que es comprensible al haber ganado cuatro elecciones consecutivas. No fueron pocos los grupos polticos que en distintas naciones lo tomaron como inspiracin. Es ms, se insista en que el pueblo en su mayora haba adherido a la izquierda y eso explicaba victorias electorales como las de DilmaRousseff.

Sin embargo, en un proceso relativamente veloz, incluyendo los abusos de la oposicin de las disposiciones jurdicas, el PT perdi el control del gobierno, Rousseff fue removida de su cargo, y se termin eligiendo presidente a un poltico poco conocido y de derecha: Temer, quien haba sido vicepresidente de la misma Rousseff. Los escndalos de corrupcin no cedieron, y Lula da Silva termin encarcelado.

Esas y otras circunstancias desembocaron en un cambio poltico extremo. No slo triunf Bolsanaro, sino que se hizo evidente que la sociedad brasilea es mucho ms conservadora de lo pensado. Aquel mismo pueblo que aos atrs apoyaba al PT, en unos casos lo rechazaba intensamente, y en otros, festej a un candidato prolfico en discursos de tono fascista.

Estamos aqu ante una otra leccin que impone precaucin en usar categoras como pueblo, y que nos demanda humildad en aseverar cules son los pensamientos o sensibilidades prevalecientes. Quedan en evidencia las limitaciones de un triunfalismo facilista ante una sociedad que no era tan izquierdista como pareca y un conservadurismo que estaba mucho ms extendido de lo que se supona. Esta es una cuestin de mucho cuidado viendo cmo avanzan las creencias en una prosperidad que supuestamente descansa en el individualismo, el consumismo, y que entienden como normal y hasta necesaria la existencia de profundas diferencias sociales, y aceptan la violencia.

Derechas sin disimulos y progresismos disimulando ser izquierda

Seguidamente queda en evidencia otro aprendizaje: los riesgos de un programa que se recuesta sobre sectores y prcticas conservadoras para poder ganar la prxima eleccin. Una postura que asume que primero se debe ganar la eleccin presidencial, y que una vez en el palacio de gobierno se podr cambiar al Estado y la sociedad. Esto se ejemplifica en Brasil con acciones que van desde la adhesin a un orden financiero (en la muy conocida Carta al Pueblo Brasileo firmada por Lula en plena campaa electoral) hasta su articulacin poltica con el PMDB (Partido Movimiento Democrtico Brasileo) de centro-derecha para lograr gobernabilidad. Le siguieron otras concesiones clave en las estrategias de desarrollo, cerrando la puerta a transformaciones estructurales del aparato productivo y as repitiendo el estilo primario exportadora [3]. Este es justamente uno de los aspectos que sirven para caracterizarlos como progresistas y diferenciarlos con las izquierdas.

Se cae en una situacin donde el progresismo una y otra vez intenta disimular que es una izquierda, mientras que la nueva derecha nada disimula ni oculta. Bolsonaro critica abiertamente a negros o indgenas, es homofbico y misgino, ironiza con fusilar a militantes de izquierda, defiende la tortura y la dictadura, y apuesta a reformas econmicas regresivas. Es ese tipo de discurso el que es apoyado por una proporcin significativa de la sociedad brasilea.

Desarrollo nada nuevo sino senil

La necesidad de distinguir entre progresismos e izquierda tambin queda en evidencia al analizar las estrategias sobre desarrollo seguidas por el PT. El camino de esos gobiernos, el nuevo desarrollismo, descans otra vez en las exportaciones de materias primas. Para lograrlo se ampliaron las fronteras extractivistas y la captacin de inversin extranjera, alejndose as de muchos reclamos de la izquierda.

De ese modo Brasil devino en el mayor extractivista del continente, tanto minero como agropecuario (por ejemplo, el volumen de comercializacin sumados hasta triplic al de todos los dems pases sudamericanos mineros). Esto slo es posible aceptando una insercin subordinada en el comercio global y una accin limitada del Estado en algunos sectores como el industrial, justamente al contrario de las aspiraciones de la izquierda de sacar a nuestros pases de esa dependencia.

La esencia de esa estrategia de desarrollo no es diferente a la que sigui, por ejemplo, la administracin Santos en Colombia. Sin duda hay diferencias, en especial por una mayor presencia estatal en Brasil, evidente en enormes empresas como Petrobras (hidrocarburos) o Vale (minera) que son en parte estatales o estaban controladas y financiadas por el gobierno. Pero persisti el componente extractivista y primario exportador, que vienen de la mano de procesos desindsutrializantes y que obliga a prcticas de imposicin territorial y control de movimientos sociales.

Las limitaciones de esas estrategias se disimularon en Brasil con los jugosos excedentes de la fase de altos precios de las materias primas. Aunque se publicit la asistencia social, el grueso de la bonanza se centr en otras reas, tales como el consumismo popular, subsidios y asistencias a sectores extractivos o el apoyo a algunas grandes corporaciones (las llamadas campees nacionales).

Esto explica que el nuevo desarrollismo fuese apoyado tanto por trabajadores, que disfrutaban de crditos accesibles, como por la elite empresarial que consegua dinero estatal para internacionalizarse. Lula da Silva era aplaudido, por razones distintas, tanto en barrios pobres como en el Foro Econmico de Davos.

El PT contribuy sustantivamente a la defensa cultural de esas estrategias, y por ello en Brasil no ocurrieron debates como los que se escucharon en Colombia conpetrleo versus aguacates (o sea, comenzar a pensar alternativas para el futuro inminente del agotamiento de los hidrocarburos). Por lo tanto, aqu se encuentra un flanco que una renovacin de izquierda en Colombia debera considerar, promoviendo desde ya las reflexiones sobre cmo salir de los extractivismos.

La cada de los precios internacionales de las materias primas dej en claro que las ayudas mensuales otorgadas en Brasil a los sectores marginados sin duda eran importantes, pero no sacaban realmente a la gente de la pobreza, ni resolva la excesiva concentracin de la riqueza, ni impeda que mucho dinero se perdiera en redes de corrupcin.

La izquierda debe aprender de esa incapacidad de los progresismos para transformar la esencia de sus estrategias de desarrollo. Se profundiz la dependencia de las materias primas, con China como nuevo referente, con graves efectos en la desindustrializacin y fragilidad econmica y financiera. El nuevo desarrollismo que quiso construir el progresismo no es nuevo, y en verdad es tan viejo como las colonias, pues en aquel entonces arranc el extractivismo.

La leccin para las izquierdas en el resto del continente es que la reflexin sobre las alternativas al desarrollo sigue siendo clave. Se podr tener un discurso radical, pero si las prcticas de desarrollo repiten los conocidos estilos, se quiera o no, eso desemboca en polticas pblicas convencionales, y es esa convencionalidad otro componente que apart a los progresismos de las izquierdas.

Clientelismo versus justicia social

El PT aprovech distintas circunstancias logrando reducir la pobreza, junto a otras mejoras (como incrementos en el salario mnimo, formalizacin del empleo, salud, etc.), todo lo cual debe ser aplaudido [4]. Por medio de polticas sociales se puede paliar la pobreza, pero cuando prevalece el clientelismo eso se vuelve acotado. No se consigue construir ciudadanas slidas que reclamen desde los derechos, lo que va mucho ms all de un bono mensual en dinero. El consumismo se acento, confundindolo con mejoras en la calidad de vida. La bancarizacin y el crdito explotaron (el crdito privado trep del 22% del PBI en 2001 al 60% en 2017). De este modo prevaleci el asistencialismo y se reforz la mercantilizacin de la sociedad y la Naturaleza.

No se quiso entender que esas estrategias obligaban a usar ciertos instrumentos econmicos, sociales y polticos nada neutros, y ms bien contrarios de buena parte de la esencia de izquierda. Como resultado, se generaron condiciones para el retorno de la derecha dejndo servido un Estado y normas que lo harn todava ms fcil.

Adems, la fragilidad del nuevo desarrollo lleva a que los progresismos no puedan resolver sus crisis desde una perspectiva de izquierda y deriven hacia polticas pblicas ms conservadoras. El PT erosion la calidad poltica y aplic, por ejemplo, flexibilizaciones ambientales y laborales para atraer a inversores. Paradojalmente, esos cambios en Brasil antecedieron, por ejemplo, a las licencias ambientales express de Colombia.

En el campo de la justicia social se priorizaron instrumentos de redistribucin econmica, mientras que los derechos ciudadanos y de las diversas comunidades, sobre todo indgenas, seguan siendo frgiles. No se puede marginar en este breve anlisis la brutal militarizacin de la poltica gubernamental para intentar frenar la delincuencia comn, sobre todo en las grandes urbes de ese pas: accin que provoc una creciente ola de violencia e inseguridad.

Bajo estas y otras dinmicas, el nfasis en ayudas y compensaciones econmicas acentu la mercantilizacin de la sociedad y la Naturaleza. Con ello, el progresismo olvid aquel principio de la izquierda de desmercantilizar la vida, justamente una de sus reacciones contra el neoliberalismo prevaleciente desde el siglo pasado. Esa meta sigue totalmente vigente en Colombia, donde el actual gobierno Duque expresa una perspectiva neoliberal.

La insistencia del progresismo brasileo en el crecimiento econmico como fundamento del desarrollo reforz un mito que ahora aprovech Bolsonaro, presentndose como el mejor mediador para alcanzar esa meta. Lo mismo ocurre en Colombia y otros pases, donde los gobiernos insisten en el crecimiento econmico como la gran meta a perseguir. En cambio, la crtica de izquierda debe, en el siglo XXI, poner ese reduccionismo en discusin.

Las izquierdas no deberan entramparse en esos reduccionismos. Es hora de aceptar que la justicia social es mucho ms que la redistribucin, as como que la calidad de vida es tambin ms que el crecimiento econmico. La criminalizacin de los movimientos ciudadanos y sociales no puede ser tolerada por una renovacin de la izquierda. Estos y otros aspectos apuntan a entender que una verdadera izquierda debe promover y fortalecer el marco de los derechos humanos en todo momento y en todo lugar, ms an desde el gobierno, an si ello le significa perder una eleccin, ya que es su nica garanta no slo de su esencia democrtica sino de retornar al gobierno.

Ruralidades conservadoras

Las cuestiones alrededor de las ruralidades y el desarrollo agrcola, ganadero y forestal, tambin estn repletas de lecciones a considerar. Bolsonaro llega a la presidencia apoyado entre otros por un ruralismo ultraconservador que festeja sus discursos contra los indgenas, los campesinos y los sin tierra, y que reclama el uso de las armas y la violencia. Podra argumentarse que apunta a ideas y prcticas como las que ya ocurren en muchas zonas de Colombia, donde est muy instalada esa problemtica.

Bolsonaro se apoya en la llamada bancada ruralista, un sector que ya haba llegado al parlamento con el progresismo, en tanto Dilma Rousseff coloc a una de sus lderes en su gabinete (Ktia Abreu). Este ejemplo debe alertar a la izquierda, pues distintos actores conservadores y ultraconservadores se aprovechan de los progresismos para enquistarse en esos gobiernos.

Paralelamente, el progresismo fue incapaz de promover una real reforma agraria o en transformar la esencia del desarrollo agropecuario brasileo. Recordemos que bajo el primer gobierno de Lula da Silva se difundi la soja transgnica y se multiplicaron los monocultivos y la agroindustria de exportacin, y no se apoy de la misma manera a los pequeos y medianos agricultores. Otras administraciones progresistas, en especial las de Argentina, Ecuador y Uruguay, apostaron al mismo tipo de poltica agropecuaria.

Todos estos son temas sensibles en Colombia, y si bien esquivarlos podra mejorar algunas chances electorales, una real izquierda no tendr ms remedio que abordarlos. El caso brasileo muestra las consecuencias en no explorar alternativas para el mundo rural, insistiendo en el simplismo de apoyar los monocultivos de exportacin, sostener al empresariado del campo, y si hay dinero, distribuir asistencias financieras al campesinado.

Las izquierdas, en cambio, deben innovar en propuestas por una nueva ruralidad, abordando en serio no solo la tenencia de la tierra, sino los usos que de ella se hacen, el papel de proveedores de alimentos no slo para el comercio global sino sobre todo para el propio pas. Las izquierdas deben, inclusive, dar un salto fundamental como es entender el territorio como espacio de vida y no simplemente como un factor de produccin.

Radicalizar la democracia

La debacle poltica brasilea tambin confirma la enorme importancia de una radicalizacin de la democracia, una de las metas del empuje de izquierda de aos atrs y que precisamente el progresismo abandon. Aquella inclua, por ejemplo, hacer efectiva la participacin ciudadana en la poltica y mejorar la institucionalidad partidaria. Sin embargo, el PT de Brasil concentr cada vez ms el poder en el gobierno federal, tuvo un desempeo confuso y hasta perverso: en unos casos volvieron a usar los sobornos a los legisladores (recordemos el primer gobierno de Lula da Silva con el mensalo); persisti el verticalismo partidario (por ejemplo, con Lula eligiendo a su sucesora); poco a poco se desmontaron experimentos vigorosos (como los presupuestos participativos); y se usaron las obras pblicas en una enorme red de corrupcin al servicio de los partidos polticos. El caudillismo partidario se repiti en otros progresismos (como en Ecuador, donde Rafael Correa eligi a su sucesor, o en Argentina donde lo mismo hizo Cristina F. de Kirchner).

Es evidente que una renovacin de las izquierdas necesita aprender de esa dinmica, y no puede renunciar a democratizar tanto la sociedad como sus propias estructuras y prcticas partidarias. Si no lo hace, solo facilita el surgimiento de oportunistas. Las estructuras polticas de izquierda deben, de una vez por todas, ser dignas representantes de sus bases y no meros trampolines desde los que ascienden figuras individuales, con claros rasgos caudillescos.

Otra leccin surge de comprender que la obsesin electoralista lleva a prcticas que impiden esa democratizacin. En efecto, el miedo a perder la prxima eleccin hace que el ncleo gobernante (tanto sus polticos como tecncratas) se abroquelen, rechacen los reclamos de cambio y apertura, y se inmovilicen. Un temor de ese tipo se evidencia en el progresismo boliviano con su intento de imponer una nueva reeleccin de dudosa legalidad. Un extremo que en parte se debe a la incapacidad de fortalecer al propio partido poltico cobijando sucesores y renovaciones, lo cual es otra muestra de debilidad democrtica.

Un reto an mayor para las izquierdas, sobre todo luego de las experiencias progresistas, es reconocer el papel poltico de los pueblos indgenas en una democratizacin real.

Renovacin de las izquierdas

El triunfo de la extrema derecha en Brasil debe ser denunciado y enfrentado en ese pas, como tambin deben fortalecerse las barreras que impidan otro tanto en los pases vecinos. El caso brasileo adems muestra que debe analizarse lo realizado por los gobiernos del PT, por sus aspectos positivos, por su duracin (recordemos otra vez que ganaron cuatro elecciones), pero tambin por sus contradicciones. Las alertas sobre la deriva de ese partido y algunos aliados hacia un progresismo que se alejaba de la izquierda fueron desodas.

Cuestionamientos sobre temas fundamentales como los impactos del nuevo desarrollismo primarizado fueron no slo desatendidos, sino que adems activamente se combatieron los debates y se marginaron los ensayos que buscaban las alternativas al desarrollo. Persistan problemas como el debilitamiento en la cobertura de derechos, la violencia en el campo y la ciudades, el maltrato de los pueblos indgenas, y todo tipo de impactos ambientales. Pero distintos actores, tanto dentro de esos pases como desde el exterior, aplaudan complacientes incapaces de escuchar las voces de alarma con el pretexto perverso de no hacerle el juego a la derecha.

A pesar de todo, en Brasil como en el resto del continente, se encuentran mltiples resistencias y alternativas que se construyen cotidianamente, especialmente desde espacios comunitarios. Ellas ofrecen inspiraciones para una recuperacin de la izquierda, desde la crtica al desarrollismo, los empeos para abandonar la dependencia extractivista o los esfuerzos para salvaguardar los derechos ciudadanos. All estn los insumos para una nueva izquierda comprometida con horizontes emancipatorios.

Es una izquierda que tiene que ser renovada, para no caer en sus viejas contradicciones, como negar la problemtica ambiental, asumir que todo se solucionar con estatizar los recursos naturales o los medios de produccin, esconder sus vicios patriarcales o ser indiferente a la multiplicidad cultural expresada por los pueblos indgenas y afro.

La renovacin de las izquierdas debe asumir la crtica y la autocrtica, cueste lo que cueste, para aprender, desaprender y reaprender de las experiencias recientes. Se mantienen conocidos desafos y se suman nuevas urgencias. La izquierda latinoamericana debe avanzar en alternativas al desarrollo, debe ser ambientalista en tanto busca una convivencia armnica con la Naturaleza, y feminista para enfrentar el patriarcado, persistir en el compromiso socialista con remontar la inequidad social, y decolonial para superar el racismo, la exclusin y la marginacin. Todo esto demanda siempre ms democracia.

Notas

[1]. Los reportes estn disponibles en www.globalwitness.org

[2]. Sobre la distincin entre izquierdas y progresismos, ver por ejemplo, La identidad del progresismo, su agotamiento y los relanzamientos de las izquierdas, E. Gudynas, ALAI, 7 octubre 2015, https://www.alainet.org/es/articulo/172855

[3]. Sobre algunos balances realizados dentro de Brasil sobre el desempeo del PT, vase entre otros a A. Singer e I. Loureiro (orgs), As contradies do Lulismo. A que ponto chegamos?, Boi Tempo, So Paulo, 2016; tambin a Francisco de Oliveira, Brasil: uma biografia no autorizada, Boi Tempo, So Paulo, 2018.

[4]. Vanse por ejemplo los detallados anlisis de Lena Lavinas, tales como Thetakeover of social policy by financialization. The Brazilian paradox, Palgrave McMillan, 2017; y en colaboracin con D.L. Gentil, Brasil anos 2000. A poltica social sob regencia da financierizao, Novos Estudos Cebrap, 2018.

Alberto Acosta fue presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador y candidato a la presidencia por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas. Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecologa Social en Uruguay. Este texto es parte de una serie de anlisis sobre las implicancias de los cambios polticos en Brasil en distintos pases, iniciada con publicaciones en el semanario Voces (Uruguay) y el suplemento Ideas de Pgina Siete (Bolivia).

Fuente: https://www.desdeabajo.info/politica/item/35477-la-extrema-derecha-en-brasil-aprendiendo-y-desaprendiendo-desde-la-izquierda.html


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