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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2018

Biblia, buey, bala

Juan Agull
El Diario

A la burguesa le cuesta mucho fidelizar, en un contexto de declive econmico, a un proletariado urbano machacado por el desempleo, la precariedad y la violencia y precisamente por eso, prefiere negociar bajo cuerda con un liderazgo carismtico de urgencia como el de Bolsonaro


A Jair Bolsonaro, reciente ganador de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileas, le hubiera resultado complicado ser elegido en Espaa: en 2003, en los pasillos del Congreso, no dud en espetarle a una compaera diputada que no la violaba porque no se lo mereca. Adems de ese desagradable episodio, el personaje en cuestin ha ido acumulando a lo largo de los aos improperios y salidas de tono de todos los colores: racistas, machistas, homfobas, glorificadoras de la dictadura militar y en trminos generales, poco compasivas. Los brasileos no pueden esconder que saben quin es Jair Bolsonaro: sus exabruptos, exageraciones, zafiedades y empanadas mentales forman parte del acervo poltico nacional.

Aunque, desde que el ex Presidente Lula da Silva (PT, izquierda) fue encarcelado y su candidatura presidencial, impedida, Bolsonaro lideraba las encuestas, sus posibilidades reales se dispararon a una semana de los comicios. Contribuy a ello la transfusin de votos de la burguesa urbana liberal, fundamentalmente paulista (del Estado de So Paulo, 45 millones de habitantes, con un PIB y un IDH de los ms altos de Amrica Latina). Prueba de ello es que el PMDB y el PSDB, los dos grandes partidos promotores -en 2016- del Impeachment contra la ex Presidenta Dilma Rousseff, el domingo pasado, apenas sumaron un 6%. El anti-petismo no parece haber sido de hecho, el causante de una adhesin en masa tan rpida e impresionante.

En 2014, en la primera vuelta, la candidatura de Dilma Rousseff cosech 43 millones de votos. El domingo pasado, la de Fernando Haddad (PT) y la de Ciro Gomes (PDT), que esta vez fueron por separado pero se reunirn en la segunda vuelta, sumaron 44 millones. Lo relevante fue, sin embargo, un importante trasvase de intenciones de voto (de Lula a Bolsonaro) que equivale, prcticamente, a los apoyos que hace cuatro aos hicieron la diferencia en la segunda vuelta A qu ha podido deberse? Pues a lo que Yves Pedrazzini llam, hace aos, Cultura de Urgencia, es decir, a un movimiento tctico en un pas en el que, los partidos polticos, con muy pocas excepciones, no suelen querer decir (casi) nada para la gente.

En Brasil no existe, de hecho, una crisis de legitimidad como la que caracteriza a algunos pases europeos: all, eso de "el sistema YA no me representa luego voto en contra" se cambia por "el sistema NUNCA me representa luego voto a quien se acuerde de m". Es una lgica distinta a la europea que, adems, tiende a decidirse en el ltimo momento: en 2002, Lula, fue ms una revuelta contra los padecimientos provocados por los planes de ajuste que un voto racional a favor de un proyecto izquierdista. En 2018, Bolsonaro, parece estar suponiendo (ms que una repentina fe fascista colectiva) un voto retador y una salida frente a los bloqueos, cada vez ms incmodos, y a la polarizacin poltica a la que ha estado sometido al pas.

Hay en este sentido un dato que a menudo se olvida. En esta eleccin, no solo PMDB y PSDB se han quedado en un 6% sino que varios polticos demasiado identificados con el sistema, de izquierda y de derecha, se han quedado fuera de Congreso y Senado (la ms conocida, Dilma Rousseff). Qu quiere esto decir? Pues, para empezar, que lo sucedido el domingo pasado en Brasil tiene una lectura menos simplista y formalista de la que, rpidamente, se le ha querido proporcionar en Europa. Similitudes con la oleada mundial de ultraderechismo? Pues quizs, aunque con la condicin de que se le preste ms atencin a las peculiaridades locales: Brasil es, por ejemplo, uno de los pases ms desiguales del mundo, dato no menor.

La desigualdad supone, en la prctica, poca cohesin social y obliga a proporcionar explicaciones segmentadas y desde luego, mucho ms matizadas de las cosas que aqu en Europa. En las zonas rurales, por ejemplo, prcticamente el nico factor de vertebracin social que existe son las iglesias, sobre todo evanglicas. Dichas instituciones que constituyen en multitud de ocasiones instancias de canalizacin local de las relaciones de poder son las estructuras que verdaderamente articulan, organizan y median en el Brasil contemporneo. Su existencia, en el fondo, se ha convertido en un regulador al servicio de la estabilidad del sistema y su capacidad de presin, precisamente por ello, est aumentando sin freno.

En dicho marco, un factor que preocupa cada vez ms a los evanglicos brasileos es la arrogante preeminencia de los circuitos de poder tradicionales: So Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia y el empobrecido Nordeste, granero del PT y desembocadura de fondos pblicos. Y ah es donde, los evanglicos, han encontrado un aliado estratgico: el Agronegocio. En los ltimos aos, de hecho, el pas est cambiando su matriz productiva, ligndola a las exportaciones agrcolas. Ello est provocando sigilosas alteraciones en las relaciones de poder: el eje parece estar movindose, desde los centros tradicionales, hacia la llamada Repblica de la Soja (una extensa zona de cultivo, equivalente a la superficie de Gran Bretaa).

Durante el Impeachment contra Dilma Rousseff, en 2016, eso fue parte de lo que estuvo en juego: la burguesa paulista, reunida alrededor de la suma PMDB/PSDB, no poda sola. Su temor poltico era que los ingresos petroleros (toda una novedad en Brasil) cayeran en manos del PT: contra un clientelismo tan generoso iba a ser imposible competir (no preocupaba la corrupcin, inquietaba el asentamiento material del lulismo). Hicieron falta apoyos para la conspiracin, por lo que se sum a la causa a esa curiosa alianza, muy reaccionaria, de sojeros y evanglicos. Dos aos despus, Bolsonaro es el resultado poltico de aquella santa alianza con la salvedad de que, a la burguesa paulista, el genio se le ha salido de la lmpara.

Si los resultados de la eleccin del domingo pasado se mapean, se puede constatar que, casi todas las zonas teidas de bolsonarismo, cultivan soja: desde Mato Grosso a Paran, pasando por Gois o Rio Grande do Sul. El Brasil profundo bulle y hoy por hoy necesita de puertos controlados por la burguesa urbana (como el de Santos) para colocar su mercanca en los mercados mundiales. Maana quizs no (los ojos estn puestos en el Amazonas) pero hoy por hoy la entente funciona: a la burguesa le cuesta mucho fidelizar, en un contexto de declive econmico, a un proletariado urbano machacado por el desempleo, la precariedad y la violencia y precisamente por eso, prefiere negociar bajo cuerda con un liderazgo carismtico de urgencia como el de Bolsonaro. El captulo que viene, una sorda batalla intraoligrquica.

Fuente: https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Brasil-Biblia-buey-bala_6_823877630.html


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