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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2018

Bolsonaro o la reaccin al progresismo (neo)liberal

Fernando Dorado
Rebelin


Lo ocurrido con Jair Bolsonaro en las elecciones de Brasil confirma las previsiones de mltiples pensadores que, a partir de lo ocurrido en Reino Unido con el Brexit, Trump en USA y las derechas xenfobo-racistas en Europa, mostraron que no eran eventos casuales sino parte de tendencias globales. Se podra decir que amplios sectores sociales acomodados pero lastimados por el sistema no encuentran respuesta a sus miedos y frustraciones en el neoliberalismo progresista (izquierdas liberales), y se refugian instintiva y obsesivamente en liderazgos y proyectos polticos autoritarios que les ofrecen el orden y la represin como posible solucin.

Antes de avanzar sobre esos miedos y frustraciones es necesario volver sobre miradas de largo plazo, que nos pueden ayudar a construir pistas y a mirar con otros ojos este tipo de fenmenos que son repetitivos y cclicos en la historia de la humanidad y de la lucha de clases. Sin una perspectiva de ese tipo nos perdemos en la coyuntura, nos asustamos y ayudamos (inconscientemente) a la reaccin desesperada a la crisis civilizatoria que afronta el planeta.
Modos de produccin, post-capitalismo y agentes sociales del cambio

El modo de produccin basado en trabajo esclavo, que inclua a casi la totalidad de las mujeres, se mantuvo a lo largo de dos milenios y medio desde la aparicin de la llamada civilizacin. Luego, el feudalismo dur en Europa ms de mil doscientos aos. El capitalismo lleva cinco siglos . Cuando el trabajo esclavo dej de ser rentable y sostenible, la esclavitud parcial y formalmente se reemplaz por otro tipo de explotacin. El agente social que acab con el esclavismo no fue el esclavo sino el gran terrateniente y jefe militar convertido en seor feudal. Igualmente, el sujeto social que encarn el capitalismo y acab con el feudalismo no fue el siervo de la gleba sino el comerciante que invirti en procesos productivos y se torn en burgus o capitalista. Los esclavos, los campesinos semi-esclavos y los trabajadores asalariados, que han sido las vctimas directas de esos modos de produccin, aunque han luchado contra la explotacin y la opresin, no encarnaron por s mismos los nuevos modos de produccin que reemplazaron el anterior. Carlos Marx crey en el siglo XIX que ello iba a ser posible con los proletarios o trabajadores asalariados convertidos en una clase para s y, que por tanto, iban a representar los intereses emancipatorios de toda la humanidad. Pero, esa prospeccin result fallida. Las luchas sociales y polticas (resistencia, alzamientos, rebeliones, revoluciones) que han sido impulsadas por las clases explotadas y oprimidas han jugado un importante papel en los cambios ocurridos a lo largo de la historia, pero si se mira en perspectiva, las transformaciones de una u otra manera han estado impulsadas por la evolucin de las formas de produccin y reproduccin de la vida, en donde el aspecto cultural y tecnolgico es determinante. Hoy, como lo vision correctamente Marx, el capitalismo ha creado en su interior las condiciones materiales de su superacin. Diversos tericos y estudiosos del capitalismo y de sus contradicciones intrnsecas empiezan a avizorar esas nuevas relaciones de produccin que pueden representar el surgimiento de un modo de produccin post-capitalista. Las luchas de los esclavos modernos, entre los que hay que incluir a todos los excluidos, oprimidos y explotados (los asalariados, las mujeres, los precariados, los migrantes desempleados y desarraigados, etc.) son muy importantes pero no debemos perder de vista el nuevo sujeto social que, muy posiblemente, sea el enterrador del capitalismo: el prosumidor en red colaborativa, que es la personificacin individual y colectiva del re-encuentro entre el trabajo fsico y mental, los medios de produccin y el consumo. Muchos de los prosumidores ni siquiera se interesan en las polticas del Estado; algunos actan a contra-corriente, otros aprovechan las fisuras que dejan los monopolios, pero cada vez crecen ms y avanzan hacia nuevas reas de la produccin, los servicios, el entretenimiento y la produccin de software y conocimiento. (Rifkin y Mason).

La condicin humana frente a los retos y cambios

Estamos hoy frente a una situacin en la que la sociedad global se enfrenta a un acumulado de conflictos de larga data que ponen en cuestionamiento todo lo humano; hasta ahora. El agotamiento de la economa crematstica que surgi con la propiedad privada, el patriarcalismo histrico, la religin monotesta, la lgica formal, la idea de progreso y de democracia, est en el eje central de la crisis material, moral y espiritual que vive la humanidad. El miedo a lo por-venir se acrecienta a mximos niveles y, la condicin humana, a veces olvidada por la historia humana (Alba Rico, 2018) , sale de las catacumbas negadas por el ser humano civilizado y aparecen en toda su dimensin las precariedades y debilidades humanas.

Los conflictos acumulados por ms de cuatro milenios estn explotando repetidamente desde hace 230 aos; desde las revoluciones liberales (burguesas). El problema es que no han encontrado solucin viable, visible, o siquiera posible. Dichos conflictos son (de acuerdo a mi propia lista): la sobrevivencia humana frente a la destruccin de la naturaleza y a los lmites del modelo de desarrollo imperante; la liberacin femenina frente a la familia patriarcal; los derechos de los nios y jvenes frente a los de adultos y viejos; los derechos individuales frente a los bienes comunes y sociales; los derechos del futuro frente a los del pasado; los derechos de grupos sectoriales (etnia, cultura, religin, gnero, edad, nacin) frente a los derechos universales; los conflictos entre clases y sectores sociales; la lucha entre el deseo, la satisfaccin y la frustracin.

No es casual que en la actualidad una gran cantidad de pelculas y series de televisin aborden el tema del peligro y amenaza de seres extraterrestres, vampiros humanos, muertos vivientes, aliens o cuanta figura amenazante y poderosa se pueda inventar para meter miedo. En el pasado fueron los dioses vengadores, el diablo y satn, los mongoles, los hunos, los brbaros, los salvajes, los vagabundos y/o las (os) brujas (os). Ahora tememos a los yihadistas musulmanes, a los redivivos comunistas, a las mujeres libertinas, a los inmigrantes invasores, a los homosexuales, a los delincuentes, a los indios y negros, al extrao y al diferente. Todo genera miedo y temor. Y en verdad, el panorama se muestra apocalptico y catastrfico ante la amenaza del cambio climtico, guerras nucleares, epidemias incontrolables, drogadiccin, crisis econmicas, inseguridad, delincuencia, caos informtico, control meditico, invasin de la privacidad, consumismo compulsivo, temor al fracaso, etc. A pesar de los avances cientficos, tecnolgicos y culturales, gran parte de la humanidad se comporta como un nio asustado.

El chivo expiatorio liberal progresista

Despus del fracaso de la solucin socialista y comunista del siglo XX, que degener en sistemas y regmenes autoritarios, apareci la globalizacin neoliberal del capitalismo que se expandi por el planeta y lo invadi casi todo. Las izquierdas en su gran mayora se amoldaron a la nueva situacin y, podramos decir que en general se involucraron de buena fe en la gestin del capitalismo introduciendo algunos programas sociales asistencialistas y paternalistas para atenuar la pobreza y la desigualdad. La burguesa neoliberal global asumi retricamente muchas de las banderas de las izquierdas intentando legitimar sus falsas democracias, cada vez ms recortadas y formales. Las consignas de inclusin social y multiculturalismo perdieron su carcter transformador convirtindose en la narrativa del progresismo liberal, plagado de cinismo, en donde se banalizan y mercantilizan los valores y los derechos humanos, arrebatndoles su esencia revolucionaria. Las luchas de los pueblos y de los trabajadores por dignidad y justicia se convirtieron en ideologismos vacos e hipcritas en manos de tecncratas y burcratas profesionales. La vieja utopa de la revolucin social qued en el pasado.

No obstante, como era de esperarse, las tibias soluciones implementadas por los gobiernos progresistas solo podan ser sostenibles en momentos especiales y particulares, basadas en incrementos transitorios de los ingresos de los Estados capitalistas (bonanzas de precios internacionales de materias primas). Mientras tanto, parte de los sectores de la poblacin productiva, los antiguos obreros industriales, los pequeos y medianos productores urbanos y rurales, las clases medias emprendedoras, que son los grandes afectados por la globalizacin neoliberal, no encontraron ofertas de solucin entre los partidos tradicionales (liberales y conservadores, demcratas y republicanos, laboristas y conservadores, socialistas y populares, etc.). Tampoco las nuevas izquierdas progresistas tienen soluciones globales y, an antes de gobernar como en Grecia, son puestas contra la pared por las instituciones financieras globalistas.

Igual sucede en Amrica Latina en donde los gobiernos progresistas no han logrado disear una propuesta que enfrente el problema de la industrializacin de sus materias primas y de la comercializacin internacional de sus productos procesados. La gran crtica es que se dedicaron los pocos recursos (o muchos, en algunos casos) en manos del Estado, a financiar programas estatales en educacin, salud y vivienda (creando nuevas clientelas y burocracias) sin priorizar proyectos en el aparato productivo para enfrentar en un nuevo terreno la globalizacin neoliberal y el poder de la gran burguesa financiera global. As, pareciera que muchos sectores populares que ascendieron de estatus social convirtindose en clases medias, que se beneficiaron de dichos programas sociales, hoy abandonan a sus antiguos benefactores y acuden a nuevos protectores.

Ahora aparecen las derechas neo-populistas que tienen un indudable sabor y perfil neo-fascista, reivindicando el nacionalismo xenofbico, el racismo y la homofobia, los valores de la propiedad privada, la familia y la tradicin, reforzadas por todo tipo de iglesias neo-protestantes y pentecostales que desde hace varias dcadas preparan sus ejrcitos de fanticos dispuestos a limpiar de pecado a la humanidad. Una poca de cacera de brujas y de inquisicin pos-neoliberal est a la vista. El fascismo social visualizado y teorizado por Boaventura de Souza Santos pareciera estar buscando formas estatales para imponer desde arriba frmulas autoritarias y dictatoriales. La bota militar aparece a su lado.

A eso nos enfrentamos. Lo importante es que no confundamos las bases sociales y sus miedos y frustraciones con los agentes polticos que los representan. Hasta ahora pareciera que no viramos a esos sectores sociales frustrados y rabiosos como parte de nuestra responsabilidad, o si los vemos, parece que les tememos tanto como ellos a nosotros. He ah nuestro principal limitante a superar. All, en esa gran masa de productores y/o trabajadores crticos del estatismo, que rechazan con furor el paternalismo y el asistencialismo que muchos de ellos recibieron pero que ahora sienten que pagan con su trabajo e impuestos, est buena parte de las bases de la vieja izquierda proletaria y popular. Son las paradojas de la historia.

La experiencia de los gobiernos de la restauracin neoliberal (Macri en Argentina y Temer en Brasil) nos muestra que no la tienen fcil y que su fracaso le prepara el camino, ya sea a las nuevas derechas nacionalistas-populistas o a nuevas versiones de gobiernos de izquierda. Se trata entonces, de impedir la deriva dictatorial-autoritaria de las derechas neo-fascistas, y de disear nuevas propuestas y prcticas que superen con creces lo hecho por las izquierdas progresistas. No ser nada fcil pero no es imposible. No obstante el espritu crtico y autocrtico deber colocarse al frente.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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