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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2018

El 'no' de la resistencia popular

Andrs Pascal Allende
Rebelin


Intervencin de Andrs Pascal Allende, Pdte. de la Fundacin Miguel Enrquez, en seminario Desafos democrticos a 30 aos del NO convocado por Chile Veintiuno, Corporacin Cambio Social, Friedrich Ebert Stiftung y USACH.

No cabe duda que el triunfo del NO en el plebiscito del 5 de Octubre de 1988 fue un hito histrico de la mayor importancia para el trmino de la dictadura cvico-militar. En esta apreciacin coinciden todos. En lo que no hay coincidencias es en las interpretaciones del proceso histrico que hizo posible ese triunfo, y mucho menos en sus consecuencias.

En estos das se ha repetido hasta el cansancio la versin concertacionista que reclama que la derrota del dictador se logr principalmente gracias a la gesta de un puado de preclaros dirigentes que tuvieron la audacia de jugar en la cancha institucional de la propia dictadura, cuya conduccin fue capaz de despertar y movilizar una amplia mayora social opositora, y que luego tuvieron la inteligencia tctica para negociar una exitosa transicin a la democracia. Es una mirada excluyente del resto de la resistencia popular.

Difiero de esa versin porque creo que esa es una mirada desde las alturas de una elite poltica que pone en un segundo plano, reduce a fuerza de apoyo, o incluso muchas veces silencia, el largo y protagnico papel histrico que jugaron los de abajo, las organizaciones sociales y polticas de base, los luchadores anti dictatoriales, y las crecientes movilizaciones populares. Extrapolando, me atrevera a decir que fue esa misma concepcin elitista de la poltica la que ha marcado posteriormente el insuficiente proceso de democratizacin, constituyendo la causa principal del actual descrdito social de la poltica.

Soy de los que creo que Pinochet no fue vencido con un lpiz, ni por un dedo, ni gracias a una franja publicitaria. Eso ayud, pero el triunfo fue posible por la larga, dura y heroica gesta de resistencia popular. Empezando el mismo da 11 de Septiembre por el NO del Presidente Allende al golpismo militar. El digno y valiente NO a la Junta Militar de los 13 demcratas cristianos, mientras el resto de sus camaradas dirigentes permanecan mudos, o peor an, aclamaron a los militares golpistas como los salvadores de la patria. El NO de aquellos que, como Vctor Daz, Carlos Lorca, Miguel Enrquez, el padre Antonio Llid, y tantos compaeros y compaeras, perdieron sus vidas organizando la resistencia clandestina. El NO de la resistencia popular desde los centros de tortura y aniquilamiento, desde las crceles y los campos de concentracin.

En esa oscura etapa inicial de la resistencia cupo un papel fundamental a los familiares de los detenidos desaparecidos, de los asesinados, de los presos polticos, y a organizaciones como la vicara de la Solidaridad y muchas otras agrupaciones de DDHH. Con su NO al terrorismo de Estado y la violacin de los Derechos Humanos, no slo salvaron muchas vidas, tambin establecieron un slido baluarte valrico sin el cual no hubiera sido posible vencer a Pinochet.

Al respecto, no quiero dejar de recordar que, cuando Amnista Internacional y sectores de la jerarqua eclesistica intentaron limitar la defensa slo a las vctimas pasivas de conciencia, surgi en 1980 el CODEPU. Encabezado por Fabiola Letelier, por la monja Blanca Rengifo y el cura Rafael Marota, el CODEPU rescat el derecho fundamental a la rebelin contra la tirana establecido en la Declaracin de los Derechos de los Pueblos, aprobada el ao 1976 en Argelia, procediendo a defender a quienes combatan la dictadura chilena.

Eso fue muy significativo porque hasta principios de la dcada del 80, salvo los organismos de DDHH, la Dictadura no permita ningn espacio de expresin poltica democrtica, y reprima con brutal violencia toda manifestacin de resistencia popular. Fue la perseguida y debilitada izquierda - el MIR, el PC, sectores socialistas, del MAPU, la Izquierda Cristiana - la primera que comenz a organizar una frgil resistencia clandestina al interior del pas. Y en ese contexto no tenamos otra posibilidad que recurrir a todas las formas de lucha. Hacer un rayado en una poblacin, distribuir un volante en un micro, difundir un peridico clandestino, ser detenido, ayudar un perseguido, era jugarse el pellejo. Era nuestro derecho defendernos con las pocas armas que tenamos. Era necesario testimoniar con pequeas acciones de propaganda, armadas y no armadas, que se levantaba una resistencia popular que le deca No a la dictadura.

Al mismo tiempo se inici un esfuerzo de recomposicin del desarticulado tejido social constituyendo pequeas y frgiles organizaciones de solidaridad social y democrtica en las poblaciones, en las industrias, colegios, universidades, centros comunitarios, deportivos, culturales, medios de prensa popular, parroquias, en lo cual las iglesias cristianas comprometidas con los pobres fueron un impulso y apoyo fundamental. A los sectores polticos que estuvieron ajenos a este esfuerzo inicial de reconstruccin social les cuesta comprender que la expansin de esa resistencia popular por la base fue un factor fundamental para el despliegue nacional de las protestas nacionales de masa a partir de 1983.

La voluntad de esa oposicin popular era derrocar a Pinochet y terminar con el rgimen militar. Aspirbamos establecer un Gobierno Provisional que convocara una Asamblea Constituyente que restituyera la soberana popular y abriera paso a una democracia directa y participativa. En los marcos de esa nueva institucionalidad esperabamos poder llevar a cabo una profunda reforma estructural que superara el neoliberalismo y permitiera avanzar en la construccin de una sociedad ms justa, solidaria e igualitaria. El nico camino que veamos como posible para avanzar en esa direccin era la insurgencia, o rebelda, de masas.

La profunda crisis econmica social, el despliegue durante el ao 1983 de repetidas y masivas protestas anti dictatoriales, la creciente activacin de las acciones de rebelda armada con el surgimiento del FPMR, debilitaron polticamente a Pinochet, abrindose una nueva situacin en el pas. Sectores de la derecha, la jerarqua eclesistica, el gobierno norteamericano y la socialdemocracia europea comenzaron a presionar al gobierno militar para que modificara y acelerara el itinerario de transicin a una democracia restringida establecido por la Constitucin de 1980. Al mismo tiempo, alentaron a la Democracia Cristiana, sectores socialistas renovados y otras agrupaciones de centro, a quebrar el movimiento opositor constituyendo en Agosto de 1983 la Alianza Democrtica para abrir conversaciones con el gobierno militar, las que fueron prontamente desahuciadas por Pinochet. En Septiembre el PC, el MIR, sectores socialistas almeydistas y la IC, constituimos el MDP.

En 1984 continuaron las movilizaciones y protestas masivas (de hecho continuaran con altos y bajos hasta 1987), pero tambin se profundiz la divisin de los bloques polticos opositores a la dictadura.

Mientras el rgimen permita la ampliacin de los espacios de presencia y actividad poltica de la AD, redoblaba la represin poltica a los sectores polticos componentes del MDP, las organizaciones insurgentes y las movilizaciones de protesta social. El MIR sufri duros golpes represivos que debilitaron su organizacin clandestina y su capacidad de accionar, lo que produjo fuertes contradicciones internas que llevaron a su divisin y atomizacin en los aos 86-87. Por otra parte, si bien el FPMR multiplic su accionar a partir de 1983, en el ao 1986 sufri golpes represivos y fracasos operativos estratgicos, que llevaran tambin a su divisin en los aos 87-88. Los sectores almeydistas se plegaron al socialismo renovado y el MDP se desarticul. La estrategia insurgente fue derrotada, y el sujeto popular autnomo y su proyecto histrico de un cambio democrtico revolucionario sufrieron un reflujo de dcadas. Pero ese ciclo de activa rebelda armada desplegado desde el ao 79 al 87, junto a la creciente rebelda de masas, fueron factores decisivos que llevaron a las cpulas del poder a presionar a Pinochet y a la oposicin lidereada por la DC, a aceptar la puesta en marcha de una transicin pactada.

La AD continu en 1984 su acercamiento y conversaciones con los sectores de derecha que se inclinaban por acelerar el itinerario dictatorial de transicin. Para hacer posible ese entendimiento la DC opt por abandonar sus anteriores demandas de Gobierno Provisional y Asamblea Constituyente, y se allan a aceptar el itinerario, las condiciones y los plazos de transicin hacia una democracia protegida establecidos por la Constitucin de Pinochet.

En 1988 el bloque poltico concertacionista logr convocar, revivir la esperanza, y alentar la participacin de una amplia mayora social en el Plebiscito. La promesa fue cerrarle el paso a Pinochet y acelerar el trnsito pacfico a un rgimen democrtico. La promesa se logr. Fue una batalla democrtica memorable. Un momento histrico de potente emocin social. Lo que no defini claramente ante el pueblo fue el verdadero alcance social y econmico de la democracia prometida.

Las negociaciones despus del triunfo del NO allanaron el camino a la convocatoria de las elecciones presidenciales de Diciembre de 1989, pero a costa de pactar la impunidad de Pinochet y sus principales socios civiles y uniformados, y aceptar el trnsito a un rgimen democrtico prisionero de mltiples cerrojos autoritarios, parte de los cuales persisten como limitaciones democrticas hasta hoy. Fue imperativo haber aceptado esas imposiciones? Hay quienes consideran que si no se hubieran aceptado el rgimen militar se hubiera prolongado con Pinochet a la cabeza a lo menos hasta el ao 1998. Otros estiman que se haba acumulado la suficiente fuerza social y poltica democrtica para haber logrado imponer una transicin sin tantas ataduras.

A pesar de las limitaciones democrticas de la transicin hubo logros muy significativos, tales como el repliegue del terrorismo de Estado y la sancin de los ejecutores de los crmenes represivos en la medida de lo posible, la restitucin de libertades individuales, y la apertura de los espacios de expresin poltica. Pero tampoco podemos obviar que, a cambio, la Concertacin evit cuestionar la hegemona de los grandes grupos econmicos asociados al capital internacional, especialmente norteamericanos; se comprometi a continuar, administrar y profundizar el modelo econmico, social y cultural neoliberal; acot la autonoma y funcin fiscalizadora del poder militar, pero sin tocar sus privilegios ni democratizarlo; y propici la desmovilizacin, subordinacin, y atomizacin clientelar del sujeto popular.

La buena nueva es que con el aumento del descontento y la demandas sociales, con el agotamiento del proyecto concertacionista y la crisis de representatividad de los partidos, comienza a rearticularse un sujeto popular autnomo que se propone abrir paso desde abajo a un proceso constituyente de un nuevo orden post neoliberal.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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