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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2018

Catalua
De aprecios y menosprecios

Miguel Candel
Rebelin


Me reconoca no hace mucho una persona muy prxima a Jordi Snchez, el encausado ex presidente de la ANC (Assemblea Nacional Catalana), que los seguidores del procs haban menospreciado a los catalanes que no comparten el proyecto independentista. Atinada observacin que, sin duda, honra a quien la haca.

No tenan por qu extraarse, pues, los partidarios del mencionado proceso ante el alto grado de indignacin mostrado por los asistentes a las grandes manifestaciones antiindependentistas del mes de octubre de 2017, que muchos independentistas y compaeros de viaje -como el habitualmente desafinado portavoz de Unidos Podemos- se apresuraron a tildar de manifestaciones fascistas. Indignacin debida no slo ni fundamentalmente al rechazo de un insensato proyecto de ruptura del pas, sino tambin al hecho de sentirse objetos de desprecio. Porque del menosprecio al desprecio no hay ni medio paso: como deca aquel refranero viviente que era la madre de mi madre, no hay mayor desprecio que el poco aprecio.

La contumacia en esa actitud de desprecio rayano en el insulto (raya que no deja de traspasar a todas horas el semihonorable delegado de Puigdemont en Barcelona) est a la vista de todo el mundo. Motivos, pues, para seguir sintindose indignados no les faltan a quienes no estn dispuestos a pagar el ruinoso precio del viaje a una taca tan inexistente como la nsula de Sancho Panza.

Ahora bien, si aceptamos la tesis de quienes sostienen que el estado psquico de los secesionistas (al menos de los ms entusiastas entre ellos) adolece de lo que los psiclogos llaman disonancias cognitivas (incapacidad para reconocer los hechos que no se ajustan a los deseos), habremos de reconocer que el esfuerzo de impugnar con argumentos las tesis procesistas tiene una tasa de retorno tendente a cero.

No slo eso: otro de los rasgos tpicos de la psique indepe es la actitud paranoide conocida como victimismo. Una mente afectada por ese sndrome no slo rechaza los argumentos contrarios como si fueran agresiones, sino que, paradjicamente, necesita alimentarse de ellos, reforzar con ellos su paranoia, que constituye su espacio de confort.

Cierto que la consolidacin de la ideologa separatista como concepcin de sentido comn se ha producido, en gran medida, como consecuencia del silencio de los corderos, de la actitud abstencionista (no slo electoral) de los catalanes no animados por el ideal nacionalista, que han callado y dejado hacer a los otros durante cuarenta aos, hasta hacerles creer a esos otros que eran los legtimos portavoces de un sol poble (claro que esa actitud pasiva no ha sido nicamente espontnea, sino fuertemente alentada tambin por la prctica totalidad de los partidos polticos, no slo los de mbito cataln; partidos sobre cuyas motivaciones para actuar as habra mucho que hablar y no muy bien, que digamos).

No se trata, por tanto, de volver a mirar para otro lado ante las acciones de los partidarios de la secesin. Pero s de no invertir ni un esfuerzo ms de los estrictamente necesarios para dejar constancia del rechazo hacia esas acciones. Si se me permite la metfora deportiva: se trata de devolver la pelota no como lo hace un tenista, sino como lo hace un frontn (aunque ese frontn puede revestirse de la mejor disposicin del mundo al dilogo, pero sabiendo de antemano lo poco que semejante dilogo puede dar de s y no inmutndose por ello).

En definitiva, hay que huir del crculo vicioso en que los secesionistas han conseguido meter la poltica de este pas. Si les da por plantar cruces, como suelen hacer ltimamente, que sean sus pretensiones las que entierren bajo ellas, no las mil cuestiones sociales que el pas tiene pendientes de solucin. Si llaman fascistas a todos aquellos que se les oponen, ninguna necesidad hay de responderles con grandes argumentos: basta con dejar que el insulto suene a hueco al rebotar en la realidad cotidiana de una vida colectiva ms pendiente de resolver los problemas reales que de mirarse el ombligo. Lo peor que se puede hacer con Narciso es responderle como hizo Eco. Porque, en efecto, no hay mayor desprecio que el poco aprecio.

Miguel Candel es coportavoz y miembro del Grupo promotor de Izquierda en Positivo, profesor emrito de Filosofa en la Universidad de Barcelona y autor del ensayo Derechos Torcidos, Editorial El Viejo Topo, 2017.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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