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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2018

La respuesta subversiva del movimiento popular a los asesinatos de lideres y lideresas sociales

Carlos Meneses Reyes
Rebelin


La tragedia colombiana al reproducirse el genocidio de la Unin Patritica (UP), ahora en cabeza del asesinato de los lideres sociales, hombres y mujeres de arraigo popular, nos coloca en la advertencia del poeta Ilhan Berk, como si la muerte fuera un asunto cotidiano.

Pareciera que el nmero de vctimas que atiborra estadsticas, tanto oficiales, de investigadores, ONG, medios de comunicacin, se convirtiera en un propsito; valiendo destacar que las escalofriantes cifras reseadas de asesinatos de tal a tal fecha, o de los ltimos meses o en lo corrido del ao etc., reflejara insolidaridad e indolencia, como si el tiempo de vida fuera un fugaz relmpago y viento para miles de dedicados y abnegados activistas de derechos humanos, defensores del derecho de la naturaleza y de los animales, dirigentes naturales nacidos de las propias entraas del pueblo, a quienes en cualquier parte del mundo elevaran en los estrados de hroes y en Colombia representan un guarismo ms de la larga lista de un martirologio de quienes optaron por la noble causa de la defensa de la vida, del ecosistema, de la reivindicacin de la tierra despojada, de los derechos humanos de la dignidad y soberana de la nacin.

Se suceden las denuncias y las expresiones de artculos en peridicos y publicaciones similares. Existe verdadera conmocin social, tanto a nivel nacional como internacional, destacando las manifestaciones de rechazo y de advertencias al estadio gubernamental colombiano por parte de organismos como Las Naciones Unidas, para que cese la matanza, se identifique a los responsables intelectuales y se condene a los culpables. Mas no existe una respuesta contundente, ni de fondo.

Al paso de cada da siguen segndose vidas en forma sistemtica, contina, selectiva; denotndose que el verbo asesinar, como accin de matar a una persona bajo circunstancias agravantes, cobarde y con alevosa, no obtiene respuesta eficaz de un Estado fallido, signado en una constante de terrorismo de Estado, adonde confluye de manera inevitable la dantesca permanencia de un conflicto armado interno en ascendencia, que pudo tener un respiro de civilizada concertacin, con la entrega de las armas por parte de la antigua insurgencia de las FARC pero que el bloque de poder oligrquico y proimperio torci a un lado con la prctica de la deslealtad, vulnerando los principios del cumplimiento de lo acordado y atravesando, cual talanquera, la oportunidad de una salida poltica civilizada al conflicto econmico, poltico, militar, ecolgico, de ms de medio siglo de angustias padecidas por la poblacin.

La permanencia del paramilitarismo

Falso que exista una especie de neo paramilitarismo en Colombia. El fenmeno paramilitar como instrumento de creacin contrainsurgente, contina siendo el mismo desde que fue creado por el bloque de poder oligrquico y que se mantiene con la hegemona de derecha instaurada desde el triunfo electoral presidencial de la derecha que ungi al seor Ivn Duque y que abre el periodo de continuismo presidencial neoliberal y militarista bajo el distintivo de Uribe III.

En referencia histrica mediata, el paramilitarismo, que constituy la sexta divisin del ejrcito colombiano , adems de cumplir la lavada de cara de las fuerzas armadas estatales y depositar el trabajo sucio en esa horrenda divisin de trabajo contrainsurgente, ante el rechazo mundial de unas fuerzas armadas incursas en delitos de lesa humanidad y crmenes de guerra, cumpli un fase de desinstitucionalizacin y acude ante un estadio de posconflicto, que no se dio, a una permanencia en el escenario del persistente conflicto armado interno.

La inteligencia militar y la dictadura meditica los denomin como bandas criminales bacrim en un juego de multiplicaciones de expresiones armadas persistentes; que han funcionado como la aceitada maquinaria para la permanencia de formas delincuenciales del narcotrfico, rearmamento de ejrcitos privados locales regionales con intereses en la permanencia del estatus quo de propiedad sobre tierras usurpadas debido a una reforma agraria sangrienta de moche de cabezas y motosierra; aplicada en inters del latifundismo, la ganadera extensiva terrateniente, la agroindustria extractiva y el poder poltico-econmico local que representa el monopolio del narcotrfico, la minera ilegal y el usufructo de esos extremos por parte de un comportamiento non sancta de las Fuerzas Armadas estatales en el escenario de ese conflicto. Todo ello aparejado de forma con causal con el fortalecimiento hegemnico de la derecha, polticamente hablando, y grficamente entronizado en el poder local y regional de los directorios polticos, en consonancia con el utilitarismo de un poder electoral corrupto, que ha logrado el domino de un modelo neoliberal, de privatizacin a ultranza, en el reinado del capitalismo salvaje de estos tiempos.

Resulta de presentacin indisoluble que en la medida en que persista el conflicto armado interno, por la existencia y permanencia de enfrentamientos de fuerzas rebeldes irregulares contra el Estado, en Colombia, el paramilitarismo subsiste. Y subsiste puesto que es el paramento, cual adorno o atavo en el accionar sobre encubierto de las fuerzas armadas estatales. En ello est el meollo del asunto y saber popular de adonde llega el agua al molino.

La judicializacin de las victimas

La marca con hierro candente cual tinta indeleble, que reposa sobre el Estado colombiano, de ser un narco-estado funcional, por una economa subterrnea de persistencia parasitaria financiera; parece que no ofendiera el honor de una repblica ni la dignidad personal de sus gobernantes. La respuesta ante los asesinatos selectivos y consecuenciales de lderes sociales, enfoca a denigrar de los lderes sacrificados, enunciando como causa de esos crmenes, ora que obedecen a los de faldas, ora a rencillas personales, ora a comportamiento antisocial en el entorno de los negocios turbios de la economa ilegal. La injusta denominacin y por ende anticipada injusta condena alentada por los medios de intoxicacin masiva presentan el antecedente que en los casos ms emblemticos de denuncias de asesinatos de lderes sociales, ya los organismos de inteligencia del Estado los estaban investigando. Los asesinatos de lderes ms destacados, que acaparan la atencin por el impacto social causado, ahora resultan que en despliegue publicitario la Fiscala General, en concordancia con el Ministerio de Defensa, los coloca en el intervalo de la duda de tener relacin con organizaciones delincuenciales imperantes en sus regiones. Tamaa felona, por desvi de la funcin estatal, es inconcebible. Con el san Benito de la Fiscala, en su ya manoseada prctica, de guardarse la informacin para ms adelante procede a la condena por presuncin de los lideres asesinados. Esto indigna y por ende configura una respuesta de masas contundente, en el panorama nacional, que, dadas las circunstancias del momento, redundar en una campaa de movilizacin, de denuncia, de desenmascaramiento y de imposicin popular, al logro que las medidas de fondo para erradicacin y cese del fenmeno paramilitar vigente en Colombia, de una vez por todas.

Significado de una respuesta subversiva ante la ola de asesinatos

En Colombia est proscrita la participacin poltica directa y popular y por ende cualquier protesta pblica es judicializada y calificada de terrorista dentro de la dictadura meditica de la guerra contrainsurgente y el enemigo interno. Con esa denominacin justifican la existencia de un ejrcito que combate internamente a su mismo pueblo y que ha degenerado en un ejrcito de invasin, dada la aplicacin de una doctrina militar y el adocenado y ya reiterativo comportamiento de unidades militares de potencia extranjera, capturados en caliente por el accionar beligerante insurgente; trado a colacin ante el fracaso del fin del conflicto.

Acudo a los estudios de dos socilogos sobre el tema: Miguel de Unamuno, con su obra La Rebelin de Las Masas y el francs Gustav Le bon con sus aportes de fenomenologa poltica; transcribiendo apartes de anterior ensayo de mi autora sobre la caracterizacin de lo subversivo en el escenario de la protesta de masas.

En su turno impositivo, el militarismo desplaza al Ministerio del Interior, concibiendo una normativa tendiente a reglamentar las manifestaciones de protesta social en Colombia; en las cuales los manifestantes participantes no podrn llevar gorras, sombreros, ni cachuchas, ni gafas negras que oculten el rostro, ni botellas de agua; tampoco sombrillas, ni celulares que permitan la comunicacin; ni pasamontaas; ni el bastn de mando popular-palo artesanal bellamente adornado por los campesinos catatumberos y las guardias indgenas- prohibiendo quizs tambin el que en acto de espontaneidad se quiten la camisa y se la enrollen en la cabeza, para cubrrsela de lo que sea; acto subversivo al que le aplicarn la mnima de la tarjeta amarilla de la garrotera sobre viniente; a ello agregado el que las mantas o pasacalles no podrn ser sostenidas con varas, potencialmente objetos contundentes contra las fuerzas policivas. Medidas todas innocuas, cual extrao mundo de Subuso, solo dignas de tenerse en cuanta ante el estatuto legal de la imposicin de la judicializacin de la protesta social en Colombia; cuando precisamente en ese momento un grupo de ciudadanos y ciudadanas estn haciendo un uso excepcionalmente soberano de las mismas; por ser ellas los actores en el escenario natural de las protestas.

Las mltiples formas de violencia que aquejan al pueblo colombiano se expresan por actores en la protesta callejera. Sabindolo de antemano, que no pueden judicializar como violento a todo aquel o aquella, que por mltiples y justificadas razones, ocultan su rostro: un ejercicio directo al derecho al habeas data, es decir, el derecho a la intimidad e identidad de la imagen; en momentos en que en Colombia el terrorismo de estado selectivo, contina suministrando la informacin a fuerzas paramilitares y paraestatales; cuando el dedo acusador contra la impunidad les hace variar de un comportamiento de ilegalidad y contrainsurgencia a uno de supuesta legalidad. Son las medidas militaristas de guerra con que pretenden limitar el auge de la protesta poltica en Colombia.

Que pese al maquillaje de las encuestas la institucionalidad policial en Colombia es sinnimo de temor, criminalidad y violacin a los derechos humanos. Que una polica militar como la colombiana aplica prcticas militares. Ejemplo el Escuadrn de la Muerte ESMAD.

S corresponde enunciar que la virulenta reaccin de los manifestantes contra los efectivos policiales desnuda consecuencialmente los niveles de rechazo, indignacin ante la perplejidad por tan fatal acumulado histrico de impunidad que con o sin estatuto militar especial ha imperado en Colombia.

Lo subversivo. En Colombia estn estigmatizadas ciertas expresiones del acontecer poltico. Como con marca de hierro incandescente, la dictadura meditica sataniza a lo rebelde, lo insurgente, la beligerancia, lo subversivo, las formas de lucha poltica y de masas.

Lo subversivo como pensar

Se puede catalogar como el resultado del razonar prctico ante la importancia de una necesidad, por una situacin crtica, mayoritariamente planteada.

Se trata de la manifestacin del pensar individualmente considerado que termina por concluir que, ante un estado de cosas planteado, denigrante, injusto, alienante, surge la necesidad de cambiar, de transformar de raz, esa anacrnica situacin. El individuo se arma (en el sentido menos militarista) en su interior y no utilizo el trmino se blinda, por ser esencialmente militarista. Es decir, el individuo se consolida ideolgicamente en lo que considera que es autntico, valioso y cosmognicamente necesario para cambiar. Logra la reivindicacin de individuo como ser social. Digamos que opera en l (o ella) una especie de revolucin interna, por el cambio, por lo Nuevo. Asume un reto de ciudadana. La subversin humanizadora aparece breve en el tiempo, como un soplo de vida nueva, ensea la Teologa de la Liberacin.

Lo subversivo como prctica

Existe una dualidad conceptual en el pensamiento subversivo. Se bifurca, se divide en dos: Uno, el analizado, imbuido de una fuerte conciencia interna de la necesidad de un cambio. Bulle en una lucha de contrarios interna, por la supresin de un orden de valores; por la creacin de un nuevo orden moral; por superar la opresin; por cambiar lo que se vive; por la imposicin de un nuevo futuro. Por aquello que irrumpe en lo consecuencial, ya convencido que se encuentra encerrado en un status quo asfixiante y alienante, imponindose lo categrico de un cambio radical. Otro, ese impulso interno, se transforma as en una consigna y practica consecuencial de un accionar social, real, expresado en una movilizacin de fuerza social y colectiva. Ese accionar social es accionar de la ciudadana, que no concibe estar de espalda a la realidad. En eso radica la eficacia del pensar original subversivo: en su proyeccin de movilizacin como fuerza social; como fuerza de la colectividad. Corresponde al empoderamiento de ciudadana. Es el paso a lo transformador. De all la importancia de la subversin, planteada en la consecuencia lgica de una nueva institucionalidad; en la consecucin de un orden alternativo. Pero ese accionar dialctico, no queda all. El acto subversivo creador de dinmica social colectiva puede ser violento, pacifico, dialgico. Depende del anlisis concreto, de la situacin concreta ().

La valiente exsenadora Piedad Crdoba-en su momento- ante el conflicto estudiantil llam a la juventud universitaria colombiana, a la subversin. A su vez, el Papa Francisco I, lanza tambin desde Brasil ese llamado subversivo.

Ante el ejercicio de una oposicin radical se conocern los diagnsticos ms avanzados de la rebelin sociopoltica. La accin de las masas en contraposicin a las normas e igualmente respuesta al comportamiento por el estado de cosas inconstitucionales.

Comencemos por ubicarnos en el doblez hombre-masa. En el papel del individuo que ingresa al torrente de la masa. Opera en l una mutacin de interaccin, que hace no sea el mismo. El dicho popular a donde va Vicente, a donde va la gente, es grfico de ese momento. Independiente de la motivacin interna que lleva al protestante, al manifestante, al inconformista, a los indignados; una vez en la coparticipacin masiva se generan variantes en su cualificacin individual. Opera una variante en la personalidad del hombre medio o promedio. Esto funciona a toda forma activa y pudiremos afirmar, inconsciente.

La ley de masas enunciada por Le bon, informa el fenmeno de las masas como de una colectividad amorfa. Es forma colectiva de comportamiento. No es forma de comportamiento de los individuos, cuando se comportan en instantes o momentos colectivos. Motiva un alma colectiva; por donde el individuo y su propia identidad, se confunden. En esos momentos afloran los acuerdos atvicos, a lo pasado originario, a los prejuicios. Gobiernan los impulsos, los instintos. Resaltan los imaginarios! Por ello la violencia que se genera es accin directa de las masas. Por lo mismo se predica que las masas participantes, sin importar el nmero de quienes las engrosan, califican como minoras esencialmente cualificadas. Importa precisar cundo se pasa de lo espontneo a lo organizativo de masas. Diferenciar de la aglomeracin y el bullicio, a la protesta dirigida, conducida, organizada. Claro que ello es posible e implica el juego de la responsabilidad poltica de los dirigentes. Diferente a la responsabilidad punitiva. Algo diferente es controlar y evitar que la accin desvi en saqueo o en la responsabilidad individual por el saqueo, en que degener la accin.

De manera que cuando se difunde la noticia que el canta-autor Caetano Veloso a sus 71 aos, desfil con los indignados brasileros con la cara encubierta, nos manda a los indignados e indignadas colombianas a seguir su ejemplo.

No va a permitir el movimiento popular y de masas la entronizacin de otro genocidio estilo UP. A la Calle! o A la carga! que es tambin mandato gaitanista de la Colombia Humana.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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