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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2018

Viva Espaa

Jaime Richart
Rebelin


Las preguntas producto de la intriga que se hace el abajo firmante (y probablemente tambin el resto del mundo), para analizar las respuestas en el contexto histrico y antropolgico correspondiente, son: la consideracin y paciencia que la sociedad espaola ha tenido desde su muerte, y sigue teniendo, hacia lo atado y bien atado (sobre todo el Estado monrquico) por un tirano que la oprimi durante cuarenta aos; y la consideracin y paciencia que ha tenido, y sigue teniendo, hacia la familia consangunea de ste, enriquecida hasta la nusea y privilegiada por ttulos nobiliarios renovados por los ministros de los sucesivos gobiernos posteriores ya en el curso de lo que se muestra como comedia poltica...

Son debidas a la madurez civilizada de la sociedad espaola? o son consecuencia del letargo o adormecimiento del pueblo espaol; es decir, de la debilidad fruto de una largusima sumisin colectiva, primero potenciada y enseguida aprovechada por los albaceas ideolgicos del dictador, disfrazados de polticos o emboscados en redactores de esa Constitucin que voluntariamente, en apariencia, se dio a s misma la sociedad?

A mi juicio, slo los ecos de una prolongada domesticacin pueden explicar a duras penas la respuesta consentidora de la sociedad espaola; consentidora, tanto hacia las decisiones polticas tomadas por un ministro del anterior rgimen reforzado y respaldado por un ejrcito que en aquel entonces era ms franquista que su generalsimo, como a todo un proceso minuciosa y arteramente preparado por quienes, en un alarde de prestidigitacin psicosocial, reciban el testigo del strapa muerto para continuar una carrera que se iniciaba en 1978 y an no ha terminado.

El caso es que cuarenta aos despus la situacin social, laboral, moral y poltica en Espaa es deplorable, pese a que estemos en momentos algo ms esperanzadores. Espaa, y sus representantes polticos, sus administradores en general, han avanzado muy poco en aspectos muy importantes para la convivencia, como son el rigor, la honradez, la probidad, la decencia o el compromiso pblicos... Bloqueada por la parlisis de aquellas cuatro dcadas dominadas por el dictador y ralentizada las cuatro siguientes durante las que sus polticos, parte del empresariado y numerosos miembros del partido del anterior gobierno pero tambin otros del partido que complet la alternancia, estuvieron mucho ms atentos a expoliar casi metdicamente la riqueza pblica, y al despilfarro o a la malversacin, que a esforzarse para poner a Espaa a la altura de los pases europeos en cuya Comunidad la permitieron entrar.

La democracia, el gobierno del pueblo para el pueblo, no se promulga ni por ley ni por decreto. La democracia y su nivel los profundiza la propia sociedad. Y es el Estado el que debe alentar el proceso. Pero resulta que, en Espaa, a lo largo de estos cuarenta aos, los sucesivos gobiernos tras la dictadura y desde una transicin falseada, lejos de potenciar la democracia, es decir, la participacin directa del pueblo en los asuntos que a todos interesan, o la ignoran o la coartan o la impiden.

No es preciso que el nivel de la democracia espaola lo graduen y fijen ste o aqul organismo internacional a los que los poderes pblicos espaoles acostumbran a no hacer ni el ms mnimo caso. Cualquier espaol, cualquier espritu libre no ms exigente con los dems que consigo mismo, puede estimarlo partiendo de la idea de que la caracterstica principal de una democracia madura es que todo el mundo en ella se encuentre relativamente insatisfecho.

Pues bien, para este espritu libre, acomodado, sin ms inters que contribuir a que en la sociedad espaola slo quepa el sufrimiento natural pero no la exclusin del bienestar por la incompetencia o la depredacin de los gobernantes, resulta que todo lo dicho y un montn de cosas ms forman parte del tremendo decorado de la farsa democrtica que en Espaa se representa cada da; un esperpento en el que sobresalen los famosos espaoles de bandera gigantesca o de mueca; esos que disfrutan de una magra liquidez, de acceso a un fcil crdito y de acciones en sicav, y en muchos casos, adems, de la recndita cuenta en un paraso fiscal.

Una situacin global, la descrita, que en otros tiempos hubiese dado lugar a una tumultuaria sublevacin, hoy da el coche, la radio, la televisin y la internet, todo muy asequible, hacen de cortocircuito o de cortafuegos y, en lugar de ir a las barricadas estas generaciones porque motivos no faltan, mantenida su pasividad, ms o menos forzada, por la pensin de sus padres o de sus abuelos, ahora mismo seguro que estn en facebook, en twitter o jugando al candy crush...

Jaime Richart. Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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