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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2018

Elogio de Antonio Di Benedetto

Vicente Hernndez Gmez
CTXT

El xito cosechado por Zama, la multipremiada pelcula de la directora argentina Lucrecia Martel, invita a revisitar la obra de Antonio Di Benedetto, el autor de la novela en que la pelcula se basa


SUSANA MUL

Si estn aguardando su turno para que los visite el traumatlogo, si pasan la noche en el calabozo por motivos extravagantes, les recomiendo leer a Antonio Di Benedetto (Mendoza, Argentina, 1922Buenos Aires, 1986), autor particularsimo, para matar la espera. Como es probable que no cuenten en estos momentos con ningn libro suyo, deseo al menos que tengan mvil y acceso a internet: podrn as escuchar la entrevista que concedi a Joaqun Soler Serrano en el programa A fondo, en la que el escritor fabulaba a propsito de su biografa. De alguna manera, de sus declaraciones se deducen algunos de los temas centrales de su obra, y quiz el audio sirva para darlo a conocer a los no iniciados en su literatura:

Muchos apelan a la referencia de los signos del zodaco, yo las paso por alto porque cuento con una predestinacin especial: la fecha de mi nacimiento, excluyendo los otros signos; y esa nominacin religiosa que corresponde al Da de los Muertos. Me ha acompaado ese signo con una fidelidad absoluta, de modo que me crea profundas dudas, a menudo, sobre mi existencia.

Di Benedetto creaba un relato oral, conciso y hondo de su nacimiento, que no tomaba como origen de la aventura propia, sino como culmen de una historia familiar cuyo heredero maldito era l: naci el da que se celebran los muertos. Su fundacin utilizaba este trmino en vez de nacimiento en momentos posteriores de la entrevista tena por tanto algo de broma pesada, y reprochaba infantilmente a los padres que le hubieran torcido el pensamiento al considerarlo un predestinado: se planteaba cul era el beneficio de que lo trajeran al mundo; se preguntaba tambin acerca de la imposibilidad de evadirse de sus pesquisas, precisamente, por venir al mundo en ese da extrao.

Los padres lo fundaron en Argentina, tras el largo periplo de los abuelos, procedentes de Europa. No naci adems en la portuaria y abierta Buenos Aires, sino en Mendoza, bien al interior del pas, al pie de los Andes, ms cerca del Pacfico que del Atlntico, del desierto de Atacama que del Ro de la Plata; alejado pues de los aires europeos de la capital argentina, tan dada a reconocer su cosmopolitismo y la universalidad de sus escritores primeros.

Como autor, las dudas que mencionaba en la entrevista sobre la propia existencia no se correspondan slo a su presencia real en el mundo, sino a su paradero literario: la obra de Di Benedetto tena muchos nmeros de no ser leda, de no encontrar un lugar referencial desde donde reclamar la atencin de los lectores; y l, por tanto, de ser olvidado. Y, sin embargo, que uno de sus libros encontrara un solo lector garantizaba su pervivencia. Porque la excentricidad de Di Benedetto tiene menos que ver con la geografa fsica que con la humana: obvi reconocimientos ms extensos para apuntar a un grupo modesto de lectores atentos; encontrado el pblico adecuado, sus libros seran ledos y recordados. Tena, pues, que escribir y mantenerse a la espera, confiar en su trabajo. Por suerte para los lectores posteriores, cont con unos pocos seguidores admirados. Algunos de ellos escribieron despus grandes obras que otros hemos gozado en espacios menos estrechos: Bolao, Piglia. Juan Jos Saer, otro devoto del mendocino, conquist a su vez una islita de devotos, que, quin sabe, en un futuro Pero volvamos a Di Benedetto: lo fcil es descubrirlo a travs de otros autores que lo mencionan, o de algn lector con nimo prescriptor. No es posible, sin embargo, encontrar influencias de Di Benedetto en textos posteriores: la singularidad que tanto ha fascinado a los lectores haca imposible la recreacin de su estilo, e invariablemente habra abocado a los imitadores a la impostura y la frustracin. Quiz sea sta la imposible continuacin de su estilo, especialmente el que fij en Zama una de las razones por las que an no es ampliamente considerado como lo que es: uno de los mejores escritores del siglo xx en cualquier lengua. Sin duda, tarde o temprano llegar un reconocimiento ms amplio, seguramente nunca mayoritario, pero s suficiente para que no pase desapercibido a ninguna generacin. Ser fantico de Di Benedetto tiene mucho de proselitismo: es difcil reprimir las ansias de regalar sus libros y captar lectores nuevos, mantenerse a la espera de que su obra se abra paso.

Algo de la impaciencia propia del lector exaltado mostraba en varios artculos sobre Di Benedetto el ya mencionado Juan Jos Saer describi con exactitud lo que el autor de Zamarepresenta para sus fieles en el prlogo de El silenciero, la segunda de sus llamadas, tan oportunamente, novelas de la espera:

Las tres principales novelas de Antonio Di Benedetto, Zama, El silenciero y Los suicidas [] constituyen uno de los momentos culminantes de la narrativa en lengua castellana de nuestro siglo. En la literatura argentina, Di Benedetto es uno de los pocos escritores que ha sabido elaborar un estilo propio, fundado en la exactitud y en la economa y que, a pesar de su laconismo y de su aparente pobreza, se modula en muchos matices, coloquiales o reflexivos, descriptivos o lricos, y es de una eficacia sorprendente.

No merece el esfuerzo prolongar los elogios de Saer: quien haya ledo dos pginas de Di Benedetto reconocer en estas palabras la verdad sobre su escritura: economa y eficacia. El tema, la espera, surge paradjicamente de una escritura de ritmo vivo, pero nunca apresurado. Frases breves en prrafos minsculos, y el efecto que esas pocas palabras ejercen a cada vez en el lector. Lo complicado es reproducir con palabras que no sean las del propio autor en qu consiste ese efecto. Quiz sirva de ejemplo, ya un tanto manido, el final del textito que escribi para una publicacin alemana, su Autobiografa: Bailar no s, nadar no s, beber s s. Coche no tengo. Prefiero la noche. Prefiero el silencio. Y dentro de su obra, las novelas de la espera suponen, efectivamente, la sublimacin de su estilo.

Zama, la primera, es un misterio, una novela que se dira fruto de la inspiracin y de la tcnica, pero acaso no de la tradicin: no reconocemos precedentes en esa forma de narrar. Existe un comentario generalizado entre los lectores de Zama: de dnde viene? Es una novela vanguardista con trazas de lenguaje del siglo XVIII... Es una genialidad que desborda los prejuicios de quien se acerca a ella. Slo leyndola se entiende el magnetismo que provoca, es una experiencia esttica nica, que deja huella. A partir de Zama, uno desea leer cualquier textito que escribiera Di Benedetto. Sobre la espera de Diego de Zama a orillas del ro Paraguay, sobre su incendiario apetito sexual, sobre el patetismo del personaje cabe menos el comentario que la recomendacin encendida para que, quienquiera que no haya ledo la novela, corra a la librera a comprarla. La querr tener en propiedad.

Hay das, sin embargo, que prefiero el El silenciero, una novela que se lee como un cuento: el relato de un hombre que huye del ruido del mundo, del propio pensamiento y que, a diferencia de Zama, s que se reconoce dentro de la mejor tradicin de la narrativa moderna y contempornea: Chjov, Kafka; el existencialismo menos afectado. En el estupendo prlogo de Saer (Adriana Hidalgo editora, 1999) se dan las claves de un libro extraordinario, no lo tratar pues aqu.

Hablar, por tanto, de Los suicidas, la ms personal y, quiz por ello, tambin la ms imperfecta de sus tres obras maestras. Es, por otra parte, la ms conmovedora. El propio autor advierte en el programa A fondo de las semejanzas de muchos pasajes de la novela con ciertos episodios trgicos de su vida. Es pues una ficcin magnfica que nos acerca indirectamente al autor y sus circunstancias. Su lectura es una buena forma de llegar a Di Benedetto. He escogido adems Los suicidas porque explora el lmite natural de la cuestin central de su obra: la espera ha de topar con la muerte.

Del relato oral sobre su nacimiento transcrito al inicio del artculo, la primera lectura podra extraer una conclusin de Perogrullo: todos estamos predestinados a morir. La segunda lectura, que Di Benedetto apuntaba en un algn momento de la charla, es la que sirvi de desencadenante de Los suicidas: la posibilidad inmediata de apresurar el final. Y, entre otras hiptesis sobre la cuestin, emerge el suicidio como predestinacin por imperativo hereditario algo que compartan el autor y el protagonista de la novela, y fin de la historia familiar: intua Di Benedetto que su padre se haba suicidado cuando l era nio, aunque nunca le dijeron la causa cierta de la muerte; y, por lo que s que le contaron, ya lo haban hecho otros antecesores por lnea paterna.

An habra una tercera lectura, literaria, mgica, por la que su nacimiento no se habra producido nacera muerto, o lo hara en otra realidad, de ultratumba: cada cumpleaos celebrara su no advenimiento. Ya comentbamos que, cauto con las palabras, en el desarrollo de la entrevista Di Benedetto no utilizaba el verbo nacer, sino fundarse, subrayando la pasividad del recin llegado: Me fundaron en 1922. Que no pidas llegar al mundo, que te expulsen a l, tiene algo de ponzooso e invita a la sospecha. Que uno de tus fundadores desprecie la propia vida representa adems una contradiccin odiosa: por qu dar a alguien lo que t no deseas?

Los suicidas parte de una efemride maldita: Mi padre se quit la vida un viernes por la tarde. Tena 33 aos. El cuarto viernes del mes prximo yo tendr la misma edad.

El lector queda pues avisado: existe la posibilidad de que, en apenas unas semanas, unas pocas pginas, el protagonista se quite la vida. Y, sin embargo, ni lector ni narrador lo saben a ciencia cierta. Esto es, nada se sabe, pero se puede apostar por un desenlace u otro. Porque, salvo que se crea en el destino, el protagonista no est ms cerca del suicidio que cualquier otro personaje, que el narratario; y todos se mantienen en vilo. Podra esperar hasta la fecha predestinada, o podra hacerlo antes. Tambin podra no hacerlo, lo que significara aguardar sin ms a la muerte, vivir como accin negativa: no adelantar acontecimientos. sa es, sin duda, una de las lecturas de la espera en Di Benedetto: dejarse vivir, que las acciones sucedan. Sus narradores son pues un hallazgo para la ficcin: contemplan y protagonizan lo que acaece, sin procurar demasiadas interferencias. Sus soliloquios, menos reflexivos que expectantes, contravienen los tpicos de las novelas de pensamiento, a menudo dadas a la justificacin o a la abstraccin, y se oponen a las voces excesivas de flneurs y diletantes, tan anti narrativas. En Los suicidas, los pensamientos son a menudo interrogativos, cuando no caprichosos, no pretenden llegar a conclusiones, ni orientar al lector: Hay que esperar a la muerte, como un jubilado, o hay que hacerlo, como hizo pap?.

Intuimos la tica y las dudas del protagonista a partir de la esttica del texto, no tanto de su discurso. En este sentido se entiende parte del estilo literario de la novela, muy ligado a la austeridad vital del narrador: la divagacin precisara de subordinadas, prrafos extensos; palabras de ms. Di Benedetto huye de cualquier barroquismo, consigue el efecto desde la contencin. En Los suicidas los prrafos son especialmente breves: una manera modesta de no asediar al lector con reflexiones sobre el suicidio cuando las hay, cita a terceros, investigadores o autores clsicos. La forma nos lleva de la mano al fondo.

Divida en dos partes, la novela transcurre entre la espera hay una fecha marcada en el calendario y la investigacin sobre las motivaciones del suicida. En la primera parte, el protagonista, periodista como Di Benedetto, emprende una serie de artculos ilustrados sobre el suicidio no faltarn imgenes en color, se pretende el realismo que pretende vender a revistas y peridicos. El proyecto no deja de tener algo de fantasioso, pues son bien conocidas las reservas de la prensa y de la sociedad hacia la cuestin, siempre tab. Quin sabe si lograr publicarlo. Consigue acompaarse sin embargo de dos buenas profesionales que ofrecen el empeo que el protagonista racanea: Marcela, reportera grfica, y Bibi, entusiasta archivera, que procuran referencias y documentos que den solidez a los artculos. El trabajo de ambas, tangible, documental, se nos presenta como muestra de honradez frente a una cierta manipulacin del protagonista, que quiz tenga menos inters en el proyecto que en darse razones para esperar o actuar, pues avanza la novela y los artculos no llegan. La funcin objetiva de los trabajos de Marcela y Bibi recuerda a la propia escritura de Di Benedetto, para algunos, precursor del objetivismo y del Nouveau roman. Un estilo que debe mucho al cine y al relato oral y que implica una distancia tica: narrar es exactamente lo contrario a interpretar. As crea un narrador como el de Los suicidas, un cronista que muestra, a su manera perezosa y esquiva, una disposicin anti moderna y honrada de hacer periodismo: no hay hiptesis. Simplemente pretende describir lo sucedido, aadir las ilustraciones pertinentes y empaquetar para la venta el material. Acompaado de Marcela, investiga los ltimos suicidios que han tenido lugar en la ciudad. La perspectiva amoral del periodista topa a menudo con las convenciones de la realidad, agravadas al tratarse de una exploracin del suicidio. De este modo le pide a Julia, su mujer, que aproveche su ventajosa posicin de profesora y pregunte sobre la cuestin a los alumnos. Cruza el periodista una lnea roja. Las consecuencias de este hecho sern las esperables para la reputacin de Julia, pero ejemplifica las dificultades de la mirada inquisitiva: la exploracin de las verdades ntimas es menos posible en el periodismo que en la ficcin, pues el reporterismo colisiona con un muro de prevenciones psicolgicas y sociales. Sin embargo, aadir la mirada puramente periodstica y objetiva a la literatura es todo un hallazgo, una forma indirecta de revelar el funcionamiento de las emociones y de cmo explican algunas de las constricciones culturales. Sirva de ejemplo este fragmento en que el protagonista habla con su sobrinita sobre la corta esperanza de vida de los gorriones enjaulados:

En casa, mientras mam cocina me dejo entretener por los chicos. Marianita ha cazado un gorrin y lo tiene en la jaula. Le digo: Se morir. Dice: No se morir. Le advierto: Tengo experiencia, lo cual para ella no significa mucho, ya que posee la propia: Le puse comida, que es como enrostrarme que quien tiene qu comer vive. Y ah falla.

No necesita Di Benedetto mostrar el disgusto de la nia, empatizamos con ella por anticipacin. Nos parece ms terrible el episodio que si nos describiera a la sobrina llorando con el pjaro entre las manos. La frialdad del narrador es opuesta al exhibicionismo sentimental, al exceso literario; que lo consideremos un cretino importa menos que el efecto que produce: nos acerca a la razn ntima de los personajes que interactan con l. Fin ste de la mejor literatura, y de un periodismo utpico.

En la segunda parte se acaba con la postergacin de lo predeterminado: se acerca el viernes negro en el que, segn creencia unipersonal, el protagonista ha de seguir los pasos del padre. Pero como parece no decidirse, el destino manipula la historia para que uno de los personajes no desvelaremos cul le plantee el suicidio conjunto. As, sin aportar ms razones. Quiz el mayor acto de libertad y de responsabilidad personal deja de ser asunto nicamente del protagonista. Alguien podra pensar que abandonar esa decisin en manos ajenas es un fracaso de la voluntad.

Mientras llega la resolucin, Bibi sigue aportando informacin y perspectivas sobre el suicidio, ya sean religiosas, filosficas, literarias o estadsticas, que no sirven ms que para ofrecer un relato superficial del fenmeno: en realidad, nunca desvelarn las motivaciones, que son, por otro lado, indescifrables. Es as como la novela llega a su fin, un final que sigue manteniendo en vilo al lector: suceda lo que suceda, el concurso del protagonista sobre su destino no le pertenece en exclusiva.

Narrador y narratario no han llegado a conclusiones, nadie sabe a qu atenerse. En Los suicidas la investigacin periodstica con suerte proporciona el contexto en el que se desenvuelven los suicidas, el relato ficcionado, dudas y un catlogo de emociones. Y, sin embargo, queda una sensacin de postergacin de la tragedia y de satisfaccin. Porque la mejor literatura, como es la de Di Benedetto, procura alegras hondas y humildes que atentan contra el desencanto. Tras cerrar uno de sus libros, el lector sin aliento busca nuevos asombros en otros libros del autor.

Por fortuna, Di Benedetto leg unos cuantos. Y no siempre lo tuvo fcil. Que escribiera, de hecho, representa un acto de resistencia contra el malditismo. l, que fantaseaba sobre la predestinacin que implicaba ser fundado en el Da de Difuntos, que dudaba de la propia existencia, pele contra la muerte cuando lo detuvo el aparato de la dictadura militar argentina en su despacho del diario Los Andes, en 1976. Lo torturaron durante ms de un ao, martirio que incluy cuatro simulacros de fusilamiento. Sobrevivi. Cuando lo excarcelaron, se refugi en Espaa, donde pas desapercibido. No se leyeron sus libros. Sensini, el extraordinario relato de Bolao recogido en Llamadas telefnicas, testimonia la soledad de aquellos aos: Sensini (Di Benedetto), uno de los mejores escritores en castellano del siglo pasado, malviva en Madrid gracias a los concursos literarios de provincias que ganaba a veces. Bolao y l, en contacto epistolar, se congratulaban de los triunfos de uno y otro. Hasta que Sensini volvi a Argentina, donde muri a los pocos meses. La obra de Di Benedetto, al contrario de la de Bolao, ha permanecido demasiados aos a la espera de recibir el reconocimiento que en su da se le obvi. Es hora de que esto cambie. Di Benedetto no ha muerto, y sus libros, lo sabemos sus lectores, hacen cualquier espera ms ligera. Llvenlos a hospitales y calabozos. Con Los suicidas se sentirn acompaados.

Fuente: https://ctxt.es/es/20180530/Culturas/19948/Vicente-Hernandez-Gomez-Di-Benedetto-literatura-biografia.htm



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