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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

La izquierda paraguaya y el fin de un ciclo

Bernardo Coronel
Rebelin


Con el golpe parlamentario del 2012 para el progresismo se cerraba un ciclo, que se inici con el triunfo de Fernando Lugo, quien apoyado por un ferviente movimiento popular derrot al viejo partido colorado en el 2008. El acceso del ex obispo al poder abri las compuertas democrticas en un pas gobernado de manera excluyente por el coloradismo desde 1947. Despus de ms de medio siglo se produca una alternancia en el poder, crendose un ambiente de efervescencia democrtica slo comparable con la primavera democrtica de 1946. Aquel ao, de conmocin democrtica, los partidos opositores crearon el frente revolucionario, conduciendo una insurreccin popular que puso al pas al borde de una revolucin. Revolucin que hubiese triunfado a no ser por el apoyo brindado por Pern a la reaccin paraguaya.

El ciclo progresista en el gobierno luguista apenas dur cuatro aos. Lo que pareca un potente movimiento de masas que algunos equipaban al bolivarianismo chavista, terminara efmeramente en el golpe parlamentario que fue un mero trmite administrativo de recambio de poder. Nadie opuso resistencia al golpe, menos Lugo, que segua repitiendo que estaba ubicado en el centro neutral de las ideologas, pidiendo clemencia a una oligarqua que ya haba sentenciado su fin.

Las claudicaciones del progresismo

Salvando distancias histricas con la primavera democrtica, podemos decir que en el 2008 se daban incipientes condiciones subjetivas que podran haber madurado si el progresismo luguista se colocaba a la vanguardia del campo popular y estimulaba la lucha social para profundizar los cambios. No fue as, el luguismo prefiri el atajo fcil y el acomodo, dando las espaldas al movimiento popular que le dio su apoyo y esperaba ese momento en la historia. El temor de que el ascenso de masas pudiera convertirse en una fuerza incontenible fue mayor a la voluntad del progresismo en realizar los cambios que prometi. As qued en el olvido ese segmento poblacional, en su gran mayora compuesto por jvenes incrdulos en el sistema, que vieron en el luguismo una esperanza de transformacin social. Tambin quedo en el olvido la posibilidad histrica del cambio.

En las aburridas elecciones ltimas de abril pasado se produjo una participacin de apenas el 60%, la ms baja desde la cada de la dictadura, con el agravante de que el protagonismo juvenil fue casi nulo. En estos sufragios el progresismo cedi varias de sus bancas a expresiones conservadoras como el PEN y Patria Querida, que resurgen no por sus propuestas sino por las claudicaciones de la izquierda, que en su prctica poltica y parlamentaria reprodujo los mismos esquemas de los partidos tradicionales. Durante los cinco aos de vida parlamentaria el progresismo no acompa la lucha del movimiento popular. Su accionar se centr en la presentacin testimonial de leyes progresistas, como si la ley de por s tuviera el mgico poder de producir cambios.

Los jvenes estuvieron ausentes en las elecciones de abril, probablemente son esos mismos jvenes que adhirieron al progresismo unos aos atrs, y siguen esperando una alternativa a los partidos tradicionales que como hace 130 aos atrs slo se diferencian en el color de sus banderas. Y entre los conservadores de izquierda y los conservadores de derecha, la gente que acudi a votar prefiri a los ltimos. Al fin y al cabo solo les diferencia el discurso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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