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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

El FMI no seduce ni cuando acude al rescate con su chequera llena

Diego Herranz
Pblico

El Fondo Monetario Internacional ya no convence. Ni a los gobiernos, ni a sus habitantes: austeridad, reformas contrarreloj y falta de sensibilidad social hacia las naciones donde acta estn detrs de la crtica global hacia el FMI.


"Si el Fondo Monetario Internacional (FMI) no existiera, habra que inventarlo. Era una de las frases favoritas del francs Michelle Camdessus -quizs el nico de los directores gerentes de la institucin que termin su mandato, el ms prolongado de la historia de este organismo, nacido de la postguerra mundial, en 1944, en Bretton Woods-, con prestigio. Al menos, de su etapa ms reciente. Puede que no le falte razn. El Fondo, segn sus estatutos fundacionales, se configur parapromover la estabilidad financiera, la cooperacin monetaria, el comercio internacional, el empleo y el crecimiento econmico sostenible y -enumera como ltimo desafo su Cuaderno de Bitcora- para ayudar a reducir la pobreza global.

La voz de Camdessus, que ha eludido la estela de escndalos, judiciales o no, de sus cuatro sucesores (por orden cronolgico, el alemn Hrst Khler, el francs Dominique Strauss Kahn, el espaol Rodrigo Rato y la actual dirigente, tambin gala, Christine Lagarde) enfatizaba entonces, en los meses previos a la crisis de 2008, una cierta lgica. Hablaba del papel del FMI en la mayor turbulencia que asol el planeta antes del tsunami financiero de hace un decenio. La institucin -asegur- evit una reedicin de la Gran Depresin de 1929 al limitar a tres aos, el tiempo que tard la economa de Corea del Sur en retomar la senda del crecimiento previa a la carrera competitiva de las divisas de los tigres asiticos que, en julio de 1997, desencadenaron la turbulencia financiera.

Pero, diez aos despus de mayor credit-crunch desde el 29, su diagnstico, cargado de lgica aristotlica, se vuelve irremediablemente en su contra. No slo porque las secuelas de esta gran crisis siguen latentes en numerosos pases, despus de que su coste global, an sin cuantificar de forma precisa, se aproxima al medio centenar de billones de dlares, a juzgar por informes de prospectiva del mercado que, como el reciente de la Oficina de Contabilidad Gubernamental (GAO) de EEUU, que cifra en ms de 22 billones de dlares (4 billones por encima del tamao de su PIB) la factura de la convulsin inmobiliaria, financiera y econmica que sigui a la quiebra de Lehman Brothers: 13 billones achacables a la industria financiera y 9,1 billones a las deudas contradas por las familias.

Tambin porque la lista de errores de clculo, de injerencia inflexible en la soberana de la gestin econmica de los pases en los que interviene e, incluso, de mala praxis en la ejecucin de sus exigentes agendas reformistas supera con creces a sus aciertos. Casi todos de diagnstico, donde ms ha avanzado en los ltimos aos. Al calor de su ejrcito de expertos -su staff lo componen ms de 2.700 profesionales-, y de las nuevas herramientas de Big Data y analtica econmica. Como el que llev en su momento a calificar a la Rusia de 1998, de rgimen cleptocrtico (implantacin de la auto-asignacin de recursos pblicos entre las elites del pas) que debera nacionalizar de nuevo todo el entramado industrial y empresarial de la extinta Unin Sovitica, para volverlo a privatizar, segn los estndares internacionales al uso y alejarlo de las manos de los oligarcas.

Veinte aos despus, el mal ruso parece endmico. A juzgar por su coyuntura reciente y las luchas intestinas que persisten por el control del poder poltico, econmico, empresarial y bancario. De igual forma, aunque de manera tangencial -en los prolegmenos del estallido- acertaron en la lectura de la crisis de 2008, que achacaron a la burbuja inmobiliaria en EEUU (a las hipotecas subprime) y a la escasa supervisin bancaria antes, durante y despus del boom tecnolgico de comienzos de siglo, que precipit un sinfn de movimientos inversores por todas las latitudes y mercados del planeta. O con la dura radiografa de situacin: 4 billones de dlares en activos txicos en los balances de bancos que abusaron de contratar productos de alto riesgo como swaps, derivados o estructurados. Las comparaciones son odiosas.

Sin embargo, el presidente argentino debera apelar a la cautela antes de arrojarse a los brazos del FMI. O, para ser ms precisos, del consenso de Washington. Porque, como todo el mercado sabe, nada se hace sin este cnclave, que incluye, adems del Fondo (y la tenue voz de su entidad hermana, el Banco Mundial), al Tesoro americano y la Reserva Federal. Todo ellos, con sede en DC. Y la Amrica, first de Donald Trump no congenia precisamente bien con la idea de subsidiar al extranjero. Por mucho que su relacin personal con Mauricio Macri, que ha solicitado 30.000 millones de dlares al FMI, se site entre el top de sus dignatarios favoritos. El Fondo no suele empatizar. Es su principal problema, segn los observadores de su obra, que inciden en que los botones de muestra surgen a mansalva. Casi todos, de sus vecinos latinoamericanos. Incluida la propia experiencia reciente de Argentina. Pero tambin en Asia, otro de sus principales terrenos de operaciones.

La crisis del Tequila de 1994, que no evit la cada libre del peso mexicano, fue el gran detonante de la lista negra de intervenciones del FMI en la Puerta Trasera de EEUU. La siguiente gran turbulencia, la asitica, ofrece datos elocuentes de ello. Si se compara la salida de ciclo vicioso en el que se haban envuelto los tigres asiticos por la devaluacin de sus divisas de Indonesia, que pidi rescate al Fondo, y Malasia, que evit llamar a las puertas de Washington tras la prdida de valor de su moneda, asolada, como las de sus pases vecinos, por el descenso sin control del bath tailands.

Segn su carta de intenciones a Indonesia, el Gobierno de Yakarta acept un programa de ajustes, recortes presupuestarios y la suspensin de planes a gran escala de construccin de infraestructuras rodadas, ferroviarias, aeroportuarias y energticas. Adems de elevar impuestos sobre el tabaco, el alcohol, las propiedades inmobiliarias y de eliminar los subsidios a los carburantes. Tambin liberaliz el tipo de cambio, lo que no impidi que subiera el precio del dinero a cotas histricas, del 80% y que acometiera una reestructuracin bancaria que afect a diecisis entidades, que catapult la deuda al 140% del PIB y el nmero de pobres hasta los 49,5 millones de personas, quince millones ms que antes de la crisis.

Todo, a cambio de un doble cheque al portador: de 10.140 millones de dlares, por parte del FMI, y de 8.000 millones, a cuenta del Banco Asitico de Desarrollo (BAD). Malasia, entretanto, apost por programas de estmulo econmico. De recetario keynesiano. Con respuestas expansionistas.

Devalu la moneda antes de fijar su paridad al dlar y eludi con ello la especulacin sobre su divisa e increment sus exportaciones con un ringgit ligeramente devaluado. Adems, impuso controles al capital para proteger su sector financiero, recapitaliz su sistema bancario y posibilit fusiones entre entidades. Los datos hablan por s solos.

Durante el lustro que sigui a su crisis, la inflacin indonesia subi hasta el 58%, por el 5,3% de mximo en Malasia. Mientras que el desempleo en el primero se instal en el 5,5% frente al 3,2% de su vecino. Cierto es que Indonesia es, en la actualidad, uno de los mercados emergentes de mayor dinamismo y que Corea del Sur, el otro estandarte de polticas pro-multilaterales del FMI, se ha convertido en potencia industrializada y en emblema de la digitalizacin; en este caso, el milagro surcoreano, ha tenido que ver con el cambio de patrn de crecimiento, con slidas inversiones en I+D+i desde el cambio de milenio, y con polticas de formacin tcnico-profesional. Pero tras un trienio de fuerte contestacin social y sacrificios de familias y trabajadores por el recetario de los hombres de negro del Fondo que a punto estuvo de reducir sus clases medias -la indonesia y la surcoreana- a la mnima expresin.

El acoso a las rentas medias y bajas tambin fue el espejo en el que se reflej el esfuerzo de las dos mayores economas sudamericanas en su propsito de satisfacer las consignas del Fondo, el prestamista de ltima instancia al que acudieron, casi al unsono, Brasil y Argentina, en 1999. Bien es cierto que, en primer trmino, para atender la urgente cada libre del real que se sald con una ayuda de 18.100 millones de dlares, una devaluacin del 50% y la adopcin de un sistema de libre flotacin de la divisa. Era enero.

A finales del ejercicio, Argentina, que enviaba a Brasil ms de la tercera parte de sus ventas al exterior, demasiado caras para ser consumidas con el mismo frenes por sus vecinos del norte, levant la mano para pedir auxilio financiero. Su rescate coincidi con la llegada al poder de Fernando de la Ra, que asumi la presidencia con recortes sociales de 1.400 millones de dlares y subidas de impuestos de 2.000 millones para acceder a una primera lnea financiera de 7.200 millones del Fondo. No surti efecto.

El final del currency board que una el valor del peso y el dlar elev la presin de los mercados sobre una economa que tuvo que elevar los tipos de inters por encima del 50% e incapaz de perder el 25% de su capacidad productiva en un ao.

Miles de empresarios fueron a la bancarrota y la sexta parte de sus trabajadores perdieron su empleo. El corralito tras una persistente fuga de capitales antecedi a una contestacin social contra el FMI, primero, y contra el Gobierno de la Unin Cvica Radical que acab con la renuncia de De la Ra. Su sustituto transitorio, Adolfo Rodrguez Saa, declar la suspensin de pagos del servicio de deuda soberana del pas, incapaz de afrontar en tiempo y forma los vencimientos de sus 132.000 millones de dlares de endeudamiento.

La dureza de la agenda de reformas y del ajuste argentino contrast con un calendario ms despejado en Brasil, donde el Ejecutivo de Luiz Inzio Lula da Silvapudo amortiguar, no sin dificultades previas de ms que notable intensidad desde los mercados, los efectos monetarios heredados de su antecesor, el liberal Fernando Henrique Cardoso. La lista de agravios al FMI.

En cualquier caso, las crticas hacia el FMI no proceden exclusivamente de pases y sociedades que han tenido que soportar sus recetas. Tambin surgen en la ciudadana de sus contribuyentes netos e, incluso, desde sus estructuras internas. Asociaciones como Freedom Works, de un perfil marcadamente neoliberal, han apelado constantemente desde el inicio de la crisis de 2008 a sus secretarios del Tesoro para que EEUU haga uso de su capacidad de veto, el nico que podra dar al traste con nuevos crditos del Fondo a pases en dificultades.

Su declogo de razones es de lo ms variopinto. Dice, por ejemplo, que fomenta la cultura de la quiebra, con exigencias dirigidas a la restitucin del patrimonio de banqueros e inversores, a costa del contribuyente americano, que aporta 55.000 millones de dlares, el 17,09% de las cuotas que maneja su consejo ejecutivo, motivo por el que criticaron la ayuda de 145.000 millones de dlares del primer tramo a Grecia, porque le seguiran otros a Irlanda, de 130.000 millones, a Portugal y a Espaa. Como finalmente aconteci.

Aunque tambin incide en la mala gestin de las crisis, donde cita expresamente su demoledora actuacin en Argentina, que colaps en 2002 despus de recibir, en conjunto, ms de 40.000 millones de dlares; su papel en la crisis asitica e, incluso, en la rusa, donde en lugar de incentivar las reformas en los ltimos aos del siglo pasado, en medio de una constante inestabilidad poltica, ralentizaron los cambios que, ahora, brillan an por su ausencia. Y critican su comportamiento, ms condescendiente con la estabilidad de los bancos, que con instaurar un clima de tica con los negocios. O de conculcar la soberana nacional, no slo con ocurrencias como la creacin de una moneda global que sustituya al dlar, sino por su extremada burocracia y su dficit de transparencia. Por ejemplo, a la hora de admitir cmo evolucionan sus programas en marcha o al facilitar daros sobre sus negociaciones con los bancos centrales para gestionar los rescates.

De igual manera, este colectivo, que se declara favorable a un estado que administre los recursos justos y necesarios para que funcione el gobierno, y con una mnima presin fiscal, asegura que el FMI no genera riqueza, sino que se dedica exclusivamente a aprobar transferencias de dinero a cuenta de los gobiernos de sus 189 socios.

Mientras reciben contratos salariales lucrativos -la direccin gerente del FMI es el sueldo pblico ms elevado del mundo, con ms de medio milln de dlares, dietas y comisiones y con privilegios como el pasaporte diplomtico-, que pagan los contribuyentes de cada pas. Tambin afirman que no benefician precisamente a las naciones en vas de desarrollo. Y mucho menos a los ms pobres y altamente endeudados, que deberan ser su prioridad. Incluso arremeten contra lo que denominan su ciclo de dependencia, la cultura de la ayuda, que crea adiccin por el subsidio.

Freedom Works hace hincapi en que ms de 70 pases llevan ms de 20 aos recibiendo lneas de crdito del FMI y que, adems, esta estrategia le ha llevado a financiar a regmenes totalitarios. Edwin Truman, de la Oficina Independiente de Evaluacin del propio Fondo, pone negro sobre blanco la visin que ms circula por las cancilleras del planeta. La influencia poltica del FMI es excesiva; por ejemplo, a la hora de actuar en la crisis de la deuda europea, explica.

No es de recibo que no interceda para que la zona del euro opere con instrumentos integradores y con mayores registros de armonizacin econmica y, en cambio, exija unos requisitos transparentes y de contabilidad inmediata a socios monetarios concretos, en alusin a los que han percibido rescates financieros de la institucin. En vez de programas vis a vis, para la reestructuracin de la deuda griega, deberan haber requerido una estrategia de la unin econmica y monetaria en su conjunto, escribe Truman.

Desde el Center for Economic and Policy Research (CEPR), think tank afincado en Washington, se pasa revista a varias de las anomalas por las que el FMI ha perdido prestigio e influencia en todo el mundo.

Segn su codirector, Mark Weisbrot, hay varios buenos ejemplos de su dficit de eficiencia. En su lista de agravios cita, por ejemplo, la decisin del Gobierno boliviano de Evo Morales de renacionalizar el sector de los hidrocarburos, en contra del criterio de los emisarios del Fondo supuso que, en los siguientes ocho aos, los ingresos del estado por este concepto se multiplicaran por siete, desde los 731 millones de dlares a los 5.000 millones. Tampoco le gusta a Weisbrot el acuerdo no escrito entre EEUU y Europa para que su mximo dirigente lo nombre el Viejo Continente. A cambio de que el presidente del Banco Mundial sea estadounidense. No es de recibo en plena globalizacin. Sobre todo, cuando cuatro de sus ltimos directores se han visto involucrados en escndalos.

Algunos de ellos, como Rodrigo Rato, por presuntos delitos de fraude fiscal y probables irregularidades en la salida a bolsa de Bankia y durante la gestin al frente de esta institucin financiera. La legitimidad del Fondo se ha visto tambin seriamente daada por sus actuaciones en Asia, en Amrica Latina, en Rusia y en la reciente crisis internacional, como han admitido, en distintos momentos, premios nobel como Joseph Stiglitz, que habl de falta de confianza para resolver inestabilidades financieras. Ex secretarios del Tesoro como Larry Summers, que insisti en varias ocasiones en su refundacin, o de economistas como Jeffrey Sachs, que le catalog como "un huracn de los mercados emergentes porque propaga recesiones en un pas tras otro", dice el codirector del CEPR.

A su juicio, uno de los ms visibles fracasos del FMI es Argentina. Un aviso para Macri. La ltima de las naciones que ha tocado a su puerta sali de su turbulencia de 2002, precisamente cuando se sacudi del yugo del Fondo. Con cuatro presidentes en dos aos y una losa de ms de 100.000 millones de dlares de deuda; en su momento, la mayor quiebra de la historia. Hasta la llegada de la crisis de endeudamiento de los cuatro socios monetarios del euro rescatados: Grecia, Irlanda, Portugal y Espaa.

Despus de un crdito de 40.000 millones; una contraccin del PIB del 14% en 2001 (con algn trimestre con nmeros rojos del 16,3%) y tasas de desempleo oficiales del 21,5% y oficiosas, sin contratacin, de 19 puntos adicionales.La duda razonable sobre si acudir o no al FMI tambin ha estado, por estas circunstancias, en el escritorio de los primeros ministros de las ltimas naciones que han accedido a sus fondos. Entre otros, los de Egipto, Ucrania o Pakistn. Incluso de Mxico, Colombia o Marruecos, que reciben los llamados crditos de precaucin. U otros que, como Sudfrica, han evitado hasta el momento la ayuda multilateral, pese a la grave crisis del rand, su moneda, que precipit la salida de Jacob Zuma, su presidente, en febrero de este ao.

La lnea de financiacin abierta al inicio de este ejercicio con el gabinete mexicano, que lo solicit como medida preventiva para estabilizar la moneda tras la alta volatilidad manifestada por el peso a raz de las declaradas intenciones de Trump de acabar con el Nafta, era de crditos blandos. Con devolucin a tipos de inters cero. Por un montante algo superior a 62.000 millones de SDRs o derechos especiales de giro (Special Drawing Rights), la moneda convertible del FMI. Equivalente a 86.000 millones de dlares. Razn por la que Mxico accedi al escudo protector del Fondo. Falta de gobernanza internacional.

Otra de las habituales embestidas que recibe la cpula del FMI hace referencia a la fragilidad de su defensa de la gobernanza econmica mundial. Es uno de sus mantras. Est en la dialctica de sus dirigentes. Pero ni la fomenta, ni ejerce su terica hegemona multilateral. El G-20, club que rene a las potencias industrializadas con los grandes mercados emergentes, la OCDE, desde la que salen los anlisis econmico-financieros con los que los lderes acuden al G-20 o al G-7 y que entrega el plcet de economa de mercado e, incluso, la OMC, autoridad mundial del comercio, le han comido la tostada.

Hasta el punto de que Asia, tras la crisis regional, movi los hilos para crear su propio Fondo Monetario, a instancias de Japn, y ahora Europa, en su inminente cita de junio, podra anunciar el nacimiento de su propio prestamista de ltima instancia para la zona del euro. Sus proclamas tienen problemas de encaje. Como si su peso analtico y sus consejos cayeran en saco roto. Como sus recientes alertas en contra del proteccionismo comercial de Donald Trump, las repercusiones de una guerra comercial sin precedentes por involucrar a EEUU, Europa, China y los socios aduaneros de la mayor potencia del mundo, o sus advertencias por el excesivo endeudamiento, de 164,4 billones de dlares segn sus clculos, si se une la deuda soberana de los pases con la de las empresas no financieras.

Cifra que duplica con creces la riqueza que es capaz de generar la economa mundial que, al trmino de 2017, alcanz los 79,8 billones de dlares. Y unos 225 billones si se incorpora, adems, la losa de pagos de entidades financieras.

Escenarios que podran hacer retornar los fantasmas de la deflacin o del extraordinario fenmeno de la estanflacin (estancamiento con inflacin) que sucedi a la recesin global post-crisis. Tanto en potencias industrializadas como en mercados emergentes.

Pero esta prdida de credibilidad, una autntica crisis de identidad, emerge de nuevo cuando sus programas financieros van viento en popa. Casi a toda vela. Desde 2008, ha suscrito 172 acuerdos crediticios, lo que supone ms de 40 lneas de prstamos ms que antes de la crisis; entre ellos, los ms generosos, y alguno de ellos, con destino a reas de influencia de sus grandes contribuyentes. Como Europa. A la que tuvo que exigir disciplina fiscal y ortodoxia econmica, al igual que a EEUU, para contener los daos colaterales de la quiebra de Lehman Brothers y de la debacle de los mercados financieros, espoleada por la debilidad de los bancos, que obtienen ingresos globales de 13,1 billones de dlares al ao, admiten las propias estimaciones del FMI.

La llegada de la crisis de la deuda europea sita a Grecia como el pas con un rescate de mayor volumen: 240.000 millones de euros, para hacer frente a unos impagos de 323.000 millones de euros. Siguieron en Europa el salvavidas irlands, con un prstamo de 67.500 millones de euros para el pas y de otros 89.500 para sanear su sistema bancario. Adems del portugus, de 78.000 millones, de los que ya haba devuelto, a mediados de 2017, el 63%, gracias al abandono de la austeridad decretada por la troika (FMI, BCE y Comisin Europea). Es decir, debido a la aplicacin de una serie de medidas expansionistas, alejadas de los ajustes presupuestarios que devolvieron las rentas personales, el empleo y el peso econmico a los niveles previos a la crisis.

Cantidad a la que hay que unir los 65.000 millones de las lneas financieras preferentes que la retrica del Gobierno de Mariano Rajoy emple hasta la saciedad para evitar el trmino rescate. En total, la Vieja Europa emple, oficialmente, ms de 540.000 millones de euros. La mitad del PIB espaol.

Obviamente, sufragado en parte, por las arcas europeas. El esfuerzo del FMI en materia de recursos ha sido, pues, maysculo. Desde el inicio de la crisis, se ha acercado a su lmite concesional, establecido en un billn de dlares en sus estatutos en la ltima revisin de cuotas, en 2010. Precisamente, para hacer frente al tsunami financiero. En SDRs, ms de 613.000 millones que, convertidos a dlares, superan los 825.000 millones, segn el rea de contabilidad del Fondo.

Pero, antes, la actividad crediticia del FMI tambin fue intensa. En 1997, otorg 78.000 millones de dlares a Corea del Sur, fondo al que contribuy tambin el Banco Mundial, EEUU, Japn y otros once pases ms con aportaciones bilaterales.

Grfico de medidas acordadas en el FMI durante la crisis

Entre enero de 1998 y abril de 1999 libera a Indonesia entre 58.000 y 64.700 millones. Cantidad ligeramente inferior a la que recibi Brasil en tres tramos (56.700 millones en 1998, 16.300 en 2001 y 36.700 en 2002). Argentina, por su parte, rebas los 52.000 millones en el bienio 2000-2001. Ms atrs en el tiempo, el FMI acudi a auxiliar la quiebra britnica de 1976, con 1.840 millones de dlares de la poca, los ataques especulativos contra el dracma griego, dos aos despus; la de Mxico (8.250 millones) en 1982; India, por 6.000 millones, en 1991; la del peso mexicano de 1994 (50.000 millones); Rusia, con 10.600 millones, en 1996, y otros 22.6000 en 1998 o Tailandia (smbolo de las cadas de las divisas asiticas como un efecto domin) con 20.900 millones, en 1997. Entre otros muchos antecedentes. Porque ha habido 140 crisis bancarias en los ltimos 30 aos, segn la patronal internacional de la banca. Con mltiples ocasiones en las que se han retrasado en los pagos.

 

Prstamos no concesionarios excepcionales

De ah que la reclamacin de Grecia, durante los cuatro aos que han seguido a su rescate, de pedir una reestructuracin de los plazos de pago de su deuda no sean precisamente descabellados y redundan en las crticas por la falta de sensibilidad del Fondo ante situaciones de emergencia de los pases a los que ayuda monetariamente. Pases como Cuba, en los primeros aos del triunfo de la revolucin comunista, antes de ser expulsada del entramado de instituciones multilaterales.

Per, a finales de los ochenta o ex repblicas balcnicas tras la desintegracin de Yugoslavia, adems de numerosos pases africanos y asiticos, han hecho uso de esta herramienta de negociacin de nuevos periodos de pago con sus acreedores.

Fuente: http://www.publico.es/economia/fmi-fmi-no-seduce-acude-rescate-chequera-llena.html



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