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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2018

El proceso de involucin democrtica en Catalua (y por ende en Espaa) est en marcha

Vicente Serrano
Crnica Popular


El nacional-secesionismo

Se vea venir. Aquellos que se llevan las manos a la cabeza y piensan o dicen que tal vez hay que aflojar, que sera mejor ceder un poco con el fin de mantener la paz social, no entienden que el nacional-secesionismo es un monstruo que lo devora todo.

Aplicar paos calientes a una situacin en la que cualquier accin o inaccin por parte del Estado es considerada por el independentismo como una agresin o una concesin, es aceptar la derrota por anticipado. Es estar a la defensiva, y sta es una situacin que no se puede solventar con una actitud como sa. Porque lo que se busca no es otra cosa que la derrota del Estado democrtico frente al totalitarismo nacionalista.

Partitocracia, corrupcin y bipartidismo imperfecto

Es evidente que el Estado est en una situacin de debilidad debido a una crisis de legitimidad provocada por un largo proceso de corrupcin de la partitocracia espaola. Proceso donde han participado tanto los partidos de mbito estatal como partidos de mbito autonmico y la connivencia entre ellos les lleva a temerse mutuamente.

PP y PSOE partidos en el mbito estatal afectados por esa corrupcin poltica intentan mantener su hegemona dentro de ese bipartidismo imperfecto del que el sistema electoral espaol se ha dotado, mientras en Catalua los partidos beneficiados por dicho sistema aprovechan esa situacin de debilidad para conseguir la segregacin de la autonoma del resto del Estado.

Construccin nacional

Pensar, como algunos afirman, que ste es un problema reciente de unos seis o siete aos es de una ingenuidad galopante. El proceso de construccin nacional catalana se inici incluso antes del final del franquismo, cuando Jordi Pujol empez a controlar el catalanismo moderado y catlico que, hasta ese momento, haba dado apoyo desde la guerra civil al franquismo.

La Transicin dot al nacionalismo de un aura de democracia que nunca tuvo, ni tendr. Otra cosa es su capacidad para disfrazar las pulsiones totalitarias de sus postulados. El proyecto nacionalista siempre contempl la secesin, la independencia, como objetivo final. No es la primera vez que lo afirmo: la nica diferencia entre un nacionalismo moderado y un nacionalismo radical est en el ritmo y la velocidad de ejecucin de lo que es, en s, el mismo proyecto.

Es el pujolismo el que nos ha trado a la situacin actual. Ya en 1990 apareci un documento donde se describan los pasos a dar para la construccin de la ansiada nacin. Entre esos pasos destacaba el proceso de asimilacin identitaria de los nios, a travs de la escuela: catalanizacin, lo denominaban. La inmersin lingstica es, pues, una herramienta no slo para la sustitucin del castellano por el cataln, sino una herramienta en el proceso de construccin nacional.

Nacionalismo e izquierda

Recuerdo perfectamente la visita, por aquellos aos, del entonces coordinador de Ezker Batua, Javier Madrazo, a Barcelona siendo yo miembro del Consell Nacional de Esquerra Unida i Alternativa, de su Comissi Nacional y de su Permanente. En un acto, creo recordar por la Avenida Guipzcoa, me encar a l solicitndole aclaraciones sobre el concepto de construccin nacional que l tanto defenda. Como podis imaginar, dicha polmica fue rpidamente sofocada. Es evidente que estos enfrentamientos y otras crticas no ayudaron para que yo permaneciera mucho tiempo en la Permanente de dicha organizacin. Mi purga fue el primer acto antiestatutario.

Algunos ya vimos en aquellos aos la peligrosa deriva de la izquierda hacia un colaboracionismo con el nacionalismo que era impropio de su ideologa. En los ms de veinte aos transcurridos, el error parece no haberse corregido; ms bien al contrario, se ha agudizado.

El proceso de liberalizacin econmica, bajo las directrices comunitarias, ha trado a las clases obreras espaolas una grave prdida de derechos laborales, una importante reduccin de salarios y pensiones, adems de un grave incremento del paro an no revertido y graves recortes sociales. Mientras los grandes capitales usan la crisis para consolidar poder y beneficios, las clases trabajadoras soportan el coste social, econmico y humano de la crisis.

Es en ese contexto en el que, por un lado, el PSOE como responsable del gobierno de la nacin en dos largos periodos de tiempo, los sindicatos como colaboradores necesarios, y la izquierda, englobada en IU en su momento y ahora en Podemos o Unidos Podemos, son incapaces de plantear una alternativa social ms justa. Y por tanto corresponsables de los desastres sociales actuales. Y a pesar de los intentos de renovacin en sus respectivos mbitos, PSOE/PSC por un lado y Podemos y sus confluencias por otro han sido incapaces de crear un proyecto social, poltico y econmico para Espaa.

El complejo de culpa impropia

Rebuscar en el origen de ese fracaso nos lleva a constatar que el problema se origina en la Transicin, y se agudiza con el tiempo, encontrndonos en estos momentos ante un panorama desolador: no existe la izquierda en Espaa! Y el origen del problema se genera en el mismo mbito generador de la crisis poltica espaola en el que estamos ahora: El nacionalismo.

En la lucha contra el franquismo, la izquierda cometi el grave error de reconocer al nacionalismo como una fuerza democrtica, y desde entonces su relacin con l ha sido de subsidiariedad. Es como si la represin que el franquismo ejerci sobre las zonas con otra lengua, adems del castellano, hubiera sido ms grave que en el resto de Espaa. Es lo que, ms de una vez, he definido como Complejo de Culpa Impropia de la izquierda.

Que dicha represin fuera mayor en estos territorios es ms que discutible, sobre todo si se consultan los listados de ejecutados durante y tras la Guerra Civil, pues si bien stos fueron muchos en Barcelona, no es menos cierto que hay lugares donde el nmero es considerablemente ms alto y ms grave (Badajoz, Mlaga/Almera, etc.) Aparte de que Barcelona y Catalua estuvieron durante la Guerra Civil en la retaguardia la mayor parte de la misma, y adems durante el franquismo la relacin con el poder dictatorial fue exquisita, como lo atestiguan los recibimientos masivos al caudillo con sardanas, castellers y pancartas en cataln. Ignorar los beneficios que el franquismo concede a las burguesas catalana y vasca es un grave ejercicio de desmemoria.

El franquismo continu las polticas de proteccin a la burguesa catalana y vasca que inauguraron los Borbones tras los decretos de Nueva Planta de finales del siglo XVIII y hasta la Segunda Repblica, sin que durante sta mermase, por cierto.

Si tal complejo de culpa impropio no afectase a las izquierdas catalanas, lo ms seguro es que no estuviramos en esta situacin. Lo cierto es que la forma en que se constituyen los partidos de izquierda al inicio de la Transicin determina la situacin actual. Tanto el PSC como ICV (inicialmente IC, actualmente Catalunya En Com - Podem) son partidos o entidades independientes de sus partidos matrices espaoles, pero participan en los rganos ejecutivos de stos. Es decir: yo opino y voto sobre Espaa, pero vosotros no podis opinar ni votar sobre Catalua. Podemos definirlo como jerarqua inversa: la parte decide (participa en la decisin) sobre el todo, pero veta al todo en las decisiones propias. Ni siquiera podemos llamar a esa relacin como de tipo confederal, ya que en un sistema confederal existen ciertas obligaciones de las partes tomadas en comn.

Se podr debatir sobre los cambios en la relacin PSC-PSOE introducidos en no muy lejanos das, pero lo cierto es que siguen siendo entidades separadas con las mismas dependencias antes descritas: slo hay que ver las contradicciones actuales entre las ltimas propuestas de Iceta respecto a la solucin catalana. Lo de Unidos Podemos y Catalunya en Com - Podem precisa de un anlisis cmo decirlo? Psiquitrico? Que las posiciones de Comuns marcan la hoja de ruta de UP en Espaa es de libro.

La prdida de votos en toda Espaa y la sangra en Catalua es analizada por los partidos de izquierda como errores o fallos interpretativos de la clase obrera que dice representar. La incapacidad para analizar objetivamente las causas de su debacle les ha llevado a enrocarse cada vez ms con el nacionalismo en una suerte de reinterpretacin de su propia ideologa, donde la demolicin de Espaa como estado les permitira, supuestamente, recuperar la hegemona poltica.

Su inconsciencia les impide ver que esa ruptura, de llevarse a cabo, se har en primer lugar irreversible, ya que en los trozos resultantes se exacerbarn los sentimientos de identidad contrapuestos con ver las actitudes de los manifestantes procesistas en los ltimos das es fcil hacerse a la idea. En segundo lugar, los grandes perjudicados de este proceso segregador sern las clases trabajadoras, que vern sus derechos en grave peligro y sus salarios y pensiones mermar: la fuerza de las clases obreras jibarizadas ser menor, y ms en sociedades desestructuradas y embarcadas en luchas identitarias. Y tercero: el papel de la izquierda, en sociedades donde la nacin supremacista (herderiana) es el centro de su existencia, ser marginal. Otra cosa es que sus dirigentes encuentren acomodo en la nueva taca, cosa bastante factible. Algunos ya lo han practicado: Romeva, Maragall, etc.

Es paradjico que esa izquierda subsidiaria del nacionalismo, que defiende el derecho de Catalua y el Pas Vasco a segregarse, reivindique a la vez como propia la Segunda Repblica Espaola, cuando sta en su artculo primero, prrafo 3, dice: La Repblica se constituye en un Estado integral, compatible con la autonoma de los Municipios y las Regiones, y en su artculo 8 recuerda los lmites irreductibles de su territorio actual. La realidad es que nuestra actual Constitucin prcticamente copia algunos de los procesos que en aqulla se establecan para convertirse en comunidad autnoma. La descentralizacin a la que aspiraba la Segunda Repblica se da con la Constitucin del 78, tan denostada por esa izquierda.

La Espaa federal

Ciertamente hay mucha gente de izquierda que apuesta por un sistema Republicano y Federal, no sabiendo muy bien lo que quiere decir federal, y resumindolo con frases hechas que lo que definen, en realidad, es un proceso de confederacin, como si Espaa fuera en estos momentos una suerte de Estados independientes a la bsqueda de la unidad. Con ello quieren encajar la defensa del derecho de autodeterminacin, una reclamacin dogmtica con poca base dado que tal derecho no le asiste a ninguna parte de Espaa, ni por lo legislado por la ONU, ni por lo escrito por Marx, Lenin, Stalin o Rosa Luxemburgo. Recomiendo el ensayo de S. Armesilla: El marxismo y la cuestin nacional espaola. Editorial El Viejo Topo. 2017.

Proponen la de-construccin de la tortilla espaola, perdn, del Estado espaol. Es decir: ya que tenemos Espaa unida, trocemosla a ver si conseguimos volverla a unir, ciertamente desde otros parmetros. Parmetros que se les escapan de las manos a la vuelta de la esquina. Paradjico, a la par que ejemplarizante no precisamente en su acepcin positiva-, la propuesta del respetado economista Juan Torres Lpez y el constitucionalista Roberto Viciano Pastor de la refundacin basada en la libre voluntad de los pueblos que componen nuestra Patria, cayendo de hinojos en la coartada secesionista, eso s, flotando por encima de la realidad en visin privilegiada y omnmoda que da ser de izquierda y tener la verdad sin mancharse.

Entender el federalismo de esa manera no lleva precisamente a que ste sea muy popular entre las clases obreras que dicen representar. Cierto que los incondicionales lo seguirn apoyando; pero de ah a conseguir un incremento significativo de adeptos hay mucho, pero mucho, trecho.

Es pues importante definir en qu punto del proceso de federacin real es en el que se encuentra Espaa. Los niveles de autogobierno de algunas comunidades autnomas son muy altos, superiores al de los lnder alemanes. Nuestro sistema autonmico es considerado como federal o cuasi federal. Yo lo definira como un federalismo imperfecto, al contener asimetras que afectan a la igualdad de todos los ciudadanos. Desde la Comisin Europea y el Tribunal de Justicia de la UE ya han puesto en entredicho la legitimidad y lo inaceptable del cupo vasco y el concierto navarro en alguna ocasin, y tambin el ataque a la igualad de los ciudadanos que significa la implantacin de la mal llamada inmersin lingstica.

Imponer, como se pretenda con la reforma del Estatut, blindajes judiciales, fiscales o lingsticos para la Comunidad Catalana no podemos entenderlo como un proceso de federalizacin, sino ms bien un proceso hacia una jerarqua inversa de la que antes hablaba. El federalismo en Espaa no puede ser el resultado de la unin previa divisin, no puede ser un proceso a partir de soberanas inexistentes hacia una confederacin. Histricamente, la confederacin es un paso hacia la federacin, y no al revs. Qu sentido tiene ir desde un Estado unitario hacia una confederacin?

El federalismo, en todo caso, ha de ser un sistema de descentralizacin del poder para garantizar mejor la igualdad de todos los ciudadanos, atendiendo a la diversidad cultural y lingstica en tanto que realidad en toda Espaa. Dicha federalidad no puede contemplar a las comunidades autnomas (federaciones) como elementos estancos y homogneos: al contrario, nada hay ms diverso que las comunidades con ms de una lengua. Es decir, un sistema federal no puede permitir blindajes de lenguas, y menos an sistemas educativos basados en la exclusin de cualquiera de las lenguas de la autonoma. La inmersin lingstica no tiene justificacin actualmente ni como discriminacin positiva, si es que alguna vez se pudo considerar como tal.

Evidentemente, un Estado federal precisa de una fidelidad federal o constitucional que, en los sucesos que nos ataen actualmente, brilla por su ausencia. Como dice Teresa Freixes, es hora de dejar de hacer el federalismo de la centrifugacin para pasar al federalismo de la cooperacin y la coordinacin.

Federalismo no debe, ni puede, estar reido con el concepto de Estado integral segn la II Repblica, o el de unidad indisoluble de la actual Constitucin concepto que mantiene en su constitucin la Repblica federal Alemana.

Hacia la Tercera Repblica Espaola

La repblica como organizacin justa del Estado en el siglo XXI tiene un soporte racional indiscutible. Abrazar cualquier repblica, en cambio, puede ser retrgrado; y la ms retrograda de todas, la imaginaria repblica catalana, por los elementos supremacistas, xenfobos, insolidarios y neoliberales de sus postulados.

Por otro lado, pensar que repblica es tan slo cambiar la forma de designar la jefatura del Estado es como una ambicin de vuelo corto. Qu tipo de repblica? Presidencialista, como la francesa o la Estadounidense? (Y con poder ejecutivo). O parlamentaria, como la alemana o italiana? (Donde el presidente tan solo es una figura institucional sin poder, como aqu el rey). Cierto que al menos cada equis aos se cambia.

La principal crtica a una monarqua es que la jefatura del Estado se hereda. Un privilegio por razn de cuna, que desde un punto de vista de la igualdad y la democracia es inaceptable. Pero como buen republicano, esa crtica no puede quedarse ah: debe extenderse a todos los privilegios heredados. Es decir, es tan inaceptable heredar la jefatura del Estado como heredar grandes fortunas.

La herencia es el sistema por el cual se perpetan las desigualdades sociales. Eso que es una realidad a lo largo de la historia, en el caso de las sociedades capitalistas es fundamental en el proceso de acumulacin de capital, ya que ste, el capital, precisa de generaciones para consolidarse. Por otro lado, en sistemas no monrquicos, autollamados republicanos, tambin acostumbran a perpetuarse las clases sociales y las clases polticas. Algo que se puede observar en la sociedad espaola y catalana, y no slo en partidos de la derecha sino tambin en los de izquierda. (En todos: nuevos e histricos.) Slo es cuestin de bucear en los antecedentes familiares de algunos.

Una autntica repblica social ha de acabar con las desigualdades sociales, las producidas por razn de herencia y las producidas por la injusta distribucin de la riqueza: no slo en cuanto a rentas, sino tambin en servicios sociales como educacin o sanidad. Una verdadera repblica social debe poner la economa al servicio de la comunidad, y no del mximo beneficio privado.

El 14 de abril se conmemora la Segunda Repblica Espaola: caminemos hacia la Tercera sin sectarismos ni dogmatismos, desde la crtica racional a la situacin actual.

Catalua en la encrucijada

Desde cierta izquierda ambigua se dice que con la repblica se solventara el problema cataln; y claro, eso estara muy bien si en Espaa hubiera un fuerte movimiento republicano. Pero la realidad es que la sociedad espaola no parece muy anhelante de la llegada de una Tercera Repblica y en cambio s le preocupa, y mucho, mantener la unidad de Espaa como garanta de los derechos ciudadanos que, mal que bien, an conservamos. Ni siquiera podemos hablar de que en Espaa haya un fuerte sentimiento de espaolidad en un sentido de pertenencia abierta y no excluyente. Existe un nacionalismo espaol excluyente y xenfobo, es evidente, pero residual. Otra cosa es que la izquierda ha renunciado a su espaolidad, dando va libre a la derecha para quedarse con la bandera en su doble sentido. As pues, la izquierda espaola es, bsicamente, antiespaola. Todo ello, unido al que antes denomin complejo de culpa impropio, ha permitido llegar a la situacin en la que ahora nos encontramos.

La dejacin y el pasteleo de los gobiernos de Espaa (PP y PSOE) han dado alas al nacionalismo. Parece que fue el PSOE o el PSC o Pedro Snchez quien forz a Mariano Rajoy a convocar las elecciones al da siguiente de la autorizacin para aplicar el 155. Ah tambin afect el complejo al PP; le viene afectando aunque de otra manera (supongo que porque asumen ser herederos del franquismo, culpa heredada). Lo cierto es que su utilidad ha resultado muy limitada, ya que no ha tocado prcticamente las estructuras de poder del nacional-catalanismo. Es una intervencin sutil, no hay reuniones del Govern de la Generalitat. Hablar de que los ministros han asumido las competencias de las conselleries es una falacia. Las conselleries funcionan normalmente, dirigidas por los cargos que puso Puigdemont, y se nota, pues siguen llenas de publicidad pro-Procs. Y aparte de eliminar las embajadas y cuatro cosas ms, poco se ha hecho. TV3 sigue siendo el gran aparato de propaganda del Procs, las subvenciones a los peridicos del rgimen siguen fluyendo; a las asociaciones amigas, igual. El control de los mossos es muy parcial.

Que llamen fascista al estado espaol suena a chiste. Podemos, y yo lo hago, criticar el sistema electoral por el cual el PP tiene la mayora en el Senado, pero lo cierto es que la actuacin del gobierno se hace con la autorizacin del Senado y con el soporte de la representacin mayoritaria de la sociedad (sumen votos de PP, PSOE y Cs). Y repito: su aplicacin ha sido laxa.

Hablar de acto totalitario o fascista y de la inexistencia de la separacin de poderes (aunque todo es mejorable) en Espaa, por la prisin preventiva de los responsables de posibles delitos de rebelin, sedicin y malversacin de caudales pblicos, es, cuanto menos, inaceptable. En octubre de 2017, 12 polticos estaban en prisin preventiva por hechos similares, y algunos del PP.

Dice Nicols Maduro ante posibles movimientos secesionistas de la llamada media luna venezolana: "A aquel que se pase de la raya que cometa actos ilegales le caer todo el peso de la Justicia. No aceptar gobernadores 'guarimberos'". La actuacin de Evo Morales ante los intentos separatistas de su propia Media Luna Boliviana (Santa Cruz, Pando, etc.) demuestra una doble vara de medir de dichos mandatarios respecto a la integridad de sus Estados y respecto a la de Espaa. Tal cosa parece responder, no a un conocimiento real de las cosas, sino a una suerte de asesoramiento internacional de la izquierda espaola. A mi parecen coherentes en la defensa de su integridad territorial: tanto all, como hemos de serlo aqu.

Tiene arreglo Catalua hoy?

Con el Parlamento actual, no. La secesin es inaceptable aunque fueran mayora. Para que una secesin sea aceptable con una mayora cualificada debe de asistir al territorio en cuestin el derecho de autodeterminacin. Catalua, en tanto que no es ni ha sido nunca una colonia, no existe una opresin a su cultura, y no existe un expolio, no tiene derecho a la autodeterminacin. Y adems, los secesionistas nunca han llegado al 50% en votos, y en censo nunca han pasado del 37%. Son muchos, pero en democracia la voluntad de la mayora se ha llevar a cabo respetando la de la minoras. Catalua no puede ser independiente, ni an siendo mayoritario el secesionismo: sera como reconocerle un derecho de secesin que no tiene. Implicara restar derechos al resto de los espaoles. Aunque es evidente que los nacionalistas tienen constitucionalmente derecho a luchar democrticamente por sus ideales, lo mismo que los que no somos nacionalistas a luchar por los nuestros.

La voz de Catalua no puede se monopolizada por una minora, por muy activa y numerosa que sea.

Pero la convivencia est muy daada hoy en Catalua. Es posible que de aqu al 22 de mayo la violencia social aumente, dado el inters de nacionalismo en mantener el desafo al Estado desde las instituciones catalanas. Tambin es posible que en el ltimo momento, el 21 o 22, elijan un presidente de la Generalitat para evitar repetir elecciones, lo que les permitira mantener el desafo por largo tiempo.

El peligro de enquistamiento es real. Nos estamos instalando en un bucle sin salida. Sobre todo por el inmovilismo de los partidos de mbito estatal, donde priman los intereses electorales frente al bien comn (Espaa), y por la agresividad social y poltica del independentismo, donde, a pesar de sus tensiones internas, priman los intereses secesionistas frente al bien comn (Catalua), y por supuesto ignorando el otro bien comn ms amplio (Espaa).

Tampoco se puede esperar que con unas nuevas elecciones en julio se resuelva nada. Es evidente que no habr grandes cambios en el voto, y que el sistema electoral seguir beneficiando al nacional-secesionismo.

En las democracias formales europeas, el gobierno nunca tiene un apoyo superior al de un 40% del censo (es ms bien generalmente cercano al 30%), debido a la abstencin y, sobre todo, a unos sistemas electorales tendentes a crear mayoras, mediante diversos mtodos para la deformacin de la voluntad popular. Estos sistemas deberan ser puestos en tela de juicio y por tanto reformados, garantizando una mayor separacin entre los poderes legislativo y ejecutivo. Estos sistemas que permiten cierta estabilidad a los gobiernos centrales estn generando una infidelidad constitucional por parte de algunos gobiernos regionales que se benefician de ellos. El caso ms fragrante es Catalua.

Si se repiten las elecciones en Catalua en julio, sin cambiar al menos la asignacin de diputados por provincia, todo seguir igual: El bucle processista continuar.

Es evidente que quien convocar esas elecciones, en la actual situacin, ser el gobierno espaol. Si desaprovecha la oportunidad, ser responsable por dejacin de lo que venga despus. Tiene las herramientas, la inaccin no es una opcin.

Nada es reconstruible si se sobre-representa a el secesionismo. Slo poniendo a cada uno en el lugar que le corresponde, segn la voluntad ciudadana, es posible romper y no ser fcil, ni a corto ni medio plazo, el bucle identitario en el que estamos instalados.

***

Vicente Serrano es Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas. Autor del ensayo El valor real del voto. Editorial El Viejo Topo. 2016

Fuente:https://www.cronicapopular.es/2018/04/el-proceso-de-involucion-democratica-en-cataluna-y-por-ende-en-espana-en-marcha-el-nacional-secesionismo-i/

https://www.cronicapopular.es/2018/04/el-proceso-de-involucion-democratica-en-cataluna-y-por-ende-en-espana-en-marcha-hacia-la-tercera-republica-espanola-y-ii/



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