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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2018

Quema patritica de contenedores

Ramn Campderrich Bravo
Rebelin


Giornalisti di tutto il mondo () vi leccano (come ancora si dice nel linguaggio goliardico) il culo. () Avete lo stesso occhio cattivo. Siete pavidi, incerti, disperati (benissimo!) ma sapete anche come essere prepotenti, ricattatori, sicuri e sfacciati. Quando ieri a Valle Giulia avete fatto a botte coi poliziotti, io simpatizzavo coi poliziotti. Perch i poliziotti sono figli di poveri.

Pier Paolo Passolini (1968)


No hay peor pesadilla ni peor desgracia para las gentes que un ꞌestado fallidoꞌ o ꞌfracasadoꞌ (failed state), con la nica excepcin de los regmenes denominados totalitarios o de los genocidas (en sentido riguroso, no en alguno de los usos impropios del victimismo nacionalista). El ꞌestado fallidoꞌ o ꞌfracasadoꞌ es aquel que es incapaz de cumplir con su funcin ms elemental, controlar su territorio frente a individuos, grupos u organizaciones sociales distintas al estado y enfrentados entre s que pretenden disputarle ese control y explotarlo a su libre antojo. No se trata aqu de cambios de rgimen poltico, violentos o pacficos, que suponen la subsistencia de la organizacin poltica general de la sociedad o estado, slo que estructurado de otra manera y conformado por otros intereses o ideales, sino de su descomposicin o liquidacin, o su incapacitacin para ejercer una administracin efectiva: una situacin de desgobierno absoluto en la que el estado es incapaz incluso de preservar la integridad fsica de sus ciudadanos frente a una multiplicidad de individuos, grupos u organizaciones violentas dispuestos a subyugarlos por la fuerza, si es preciso, para el medro de sus lderes y sus miembros. La idea del ꞌestado fallidoꞌ no es una fantasa o un mito hobbesiano, sino una realidad histrica y un hecho sociopoltico presente hoy en da, si bien relativamente poco habitual. Por supuesto, esa idea ha sido ampliamente utilizada con fines propagandsticos por las grandes potencias para legitimar toda clase de decisiones injustas en la esfera de la poltica exterior, pero eso no significa que carezca de sentido o sea una pura invencin ideolgica, como ocurre tambin en el caso del uso de las palabras y expresiones democracia, soberana nacional o derechos humanos/ fundamentales.

Existe un buen nmero de ejemplos de ꞌestados fallidosꞌ en la historia reciente y en el mundo actual: Afganistn e Irak tras sendas invasiones lideradas por Estados Unidos en 2001 y 2003, respectivamente, la Repblica Democrtica del Congo (antiguo Zaire), desde 1997/98, Somalia, desde la cada del dictador Siyad Barre a principios de los noventa, o Libia, tras el fracaso de la primavera rabe, entre otros ejemplos citables. Naturalmente, lo que sustituye al estado en estos ejemplos, por tirnico que sea, no es una idlica edad dorada preestatal de libertad e igualdad, sino un infierno dominado por los poderes superpuestos, violentos, extorsionadores y rivales de grupos de funcionarios que operan por su cuenta, polticos fundamentalistas o genocidas, baron robbers y aventureros econmicos, seores de la guerra, grupos guerrillero-terroristas, mafias diversas y ejrcitos extranjeros. Estos individuos, grupos y organizaciones rompen el monopolio estatal del uso de la coaccin fsica -siempre relativo, todo sea dicho de paso- y su acceso a las armas divide a la poblacin entre quienes disponen de ellas (los que se integran en los grupos antes referidos) y los que no disponen de ellas, quedando estos ltimos a merced de la violencia arbitraria e ilimitada de los primeros (no precisamente de un sistema judicial formal y unos cuerpos de polica uniformados y ms o menos profesionalizados sometidos al gobierno). Si antes, en bastantes de los ꞌestados fallidosꞌ, un solo agente -el estado- mataba, extorsionaba o torturaba, despus del colapso del estado, una misma poblacin tiene que sufrir rutinaria, reiterada e inopinadamente la muerte, el robo y la tortura a manos de una multiplicidad de agentes. El resultado es por todos conocido gracias a los medios de comunicacin: colapso de infraestructuras y servicios, matanzas, violaciones, hambrunas, enfermedades, expolio de recursos y bienes, ejrcitos de nios soldados, corrupcin tan inconmensurable que no tiene ya sentido hablar de corrupcin, ꞌlimpiezas tnicasꞌ, intervenciones militares exteriores Todas estas afirmaciones no son exageraciones neofascistas o creaciones manipuladoras del imperialismo yanqui -de hecho, en muchos supuestos, la intervencin militar de los EEUU ha sido un factor desencadenante o intensificador del ꞌestado fallidoꞌ-, sino hechos describibles y mensurables: por poner slo dos casos, se supone que, desde 2003, han muerto ms de un milln de iraques y, de 1997 a 2003, perecieron entre tres y cinco millones de congoleos, muertes generadas ms por las consecuencias del caos general y la desintegracin social que a resultas de la exposicin directa a actos de violencia fsica militarizada.

Habr lectores catalanistas que despreciarn la experiencia de pases como los citados Afganistn, Irak, Congo, Somalia o Libia, convencidos como estarn, aunque sea de un modo ms bien inconsciente, de su superioridad nrdico-europea sobre el resto del mundo no occidental y porque, ensimismados en su entorno, mostrarn escaso inters por lo que ocurre fuera de Catalua, a no ser que se trate de algo relacionado con Francia, Blgica o los Estados Unidos. Pero conocer la desgraciada suerte de afganos, iraques, congoleos, somales y libios y de otras gentes que han pasado por experiencias similares en tiempos cercanos, tambin en Europa -pinsese en Bosnia-Herzegovina- les enseara mucho acerca de cun frgil es la convivencia social y lo peligroso que puede llegar a ser la banalizacin de las consecuencias de la agitacin tnico-poltica maximalista, as como el antiestatalismo o el radicalismo insensatos y sin mesura.

Advertencia: nada de lo que aqu se dice se ha de interpretar, por supuesto, como un repudio al estado de derecho y al garantismo jurdico o un intento de justificacin de regmenes dictatoriales o de los abusos represivos de los estados.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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