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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2018

Puigdemont, el Capitn Araa

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


No parece que a estas alturas haya muchas dudas de que lo nico que mueve a Puigdemont es su propio inters. Hace ya bastante tiempo que su principal objetivo se reduce a no ir a prisin. A partir del uno de octubre, repeta con bastante frecuencia, sin venir a cuento y fuera de contexto: S que puedo terminar en la crcel. De ah sus vacilaciones posteriores sobre la conveniencia de proclamar la Declaracin Unilateral de Independencia (DUI). El 10 de octubre, su carcter ms bien frvolo y dubitativo convirti el Parlament en un autntico vodevil. Despus de su intervencin, nadie saba si haba ido o haba vuelto, si haba aprobado la DUI o si la haba suspendido sin aprobarla. Tan as fue, que de cara a implantar el artculo 155, el Gobierno tuvo que requerirle dos veces acerca de si la proclamacin era o no real.

El viernes 27 del mismo mes, Puigdemont nos obsequi con un da entero de intriga y suspense. La rueda de prensa convocada desde primera hora de la maana se fue retrasando en varias ocasiones al tiempo que los rumores y filtraciones daban por seguro que iba a anunciar la convocatoria de elecciones autonmicas. Pretenda evitar la aplicacin del artculo 155, y de paso quitarse de en medio y eludir para s cualquier repercusin penal. Una vez ms, su carcter vacilante e inseguro se manifest con un viraje de ciento ochenta grados y, en lugar de los comicios, lo que se proclamaba al final del da era la DUI. La presin de sus correligionarios y el riesgo de ser tenido por un botifler le condujeron a ello.

Su permanente silencio y su gesto adusto a lo largo de aquella sesin eran bastante elocuentes de su estado de nimo y de hasta qu punto se haba sentido obligado a declarar la independencia, ya que era consciente de que con ello se provocaba que el Estado aplicase el artculo 155 de la Constitucin y, lo que al parecer le preocupaba ms, que se desencadenasen consecuencias penales. Por eso, aquel mismo fin de semana se march a Gerona y, en cuanto pudo, casi subrepticiamente, a Bruselas. Existen pocas dudas de que ese viaje no fue algo improvisado. Obedeca claramente a una estrategia muy planificada y preparada. El pas de destino no se escogi de forma aleatoria. Se conocan perfectamente las especificidades jurdicas y procesales de Blgica. La eleccin del abogado tampoco fue casual. El designado posea una larga historia en burlar las rdenes europeas de detencin y en conseguir neutralizar las extradiciones. Todo esto no se prepara en un fin de semana. Y es seal inequvoca de que la obsesin de Puigdemont por no ser detenido le haba llevado a tener preparado el plan de fuga por lo que pudiese ocurrir.

Aquel fin de semana, la huida de Puigdemont y de algunos de sus consejeros obedeca a un nico motivo, eludir la accin de la justicia. Ciertamente la espantada en s misma no apareca como un acto demasiado honorable, por lo que deba disfrazarse de un carcter pico. Para ello se acudi a la milonga de haber escogido la tctica de dividir el gobierno, haciendo que la mitad se fuese a Bruselas y que la otra mitad permaneciese en Espaa. La realidad era que los cargos de su partido y la mayora del gobierno se enteraron de la tocata y fuga cuando ya estaba en Bruselas.

Puigdemont fue descubriendo poco a poco que lo que haba comenzado siendo una excusa de la huida se poda transformar en un buen instrumento para alcanzar el verdadero objetivo, el de eludir las responsabilidades penales. Bruselas, con la complicidad del partido nacionalista flamenco, constituye una plataforma ideal para la propaganda. El ex presidente de la Generalitat piensa, quizs equivocadamente, que cuanto ms ruido haga y ms est en el candelero, ms posibilidades tiene de burlar la crcel.

Con la impunidad que le procuraba encontrarse en Blgica, se dedic a denostar al sistema democrtico espaol y a mantener la postura ms radical defendiendo incluso los actos ilegales anteriores al 155, postura que difcilmente podan adoptar otros lderes independentistas que se encontraban en Espaa y que deban enfrentarse a procesos penales. Ello le proporcionaba una ventaja relativa, lo que le anim a presentarse a las elecciones, aun cuando Esquerra Republicana se neg a formar una lista nica. Su xito en los comicios consisti en situarse como la nica alternativa al 155. Las elecciones tenan que servir para restituir al gobierno legtimo. No votarle a l era aceptar la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin, como si l no hubiese sido el primero en asumirlo, saliendo huyendo del palacio de la Generalitat.

La verdad es que el resultado obtenido por Puigdemont sobrepasando, contra todo pronstico, a Esquerra constituye una de las cuestiones electorales ms difciles de entender. El 27 de octubre fue sospechoso de ser un botifler y proclam la Repblica a regaadientes, empujado por la presin de los suyos. En rigor, l no la proclam (no abri la boca), lo hizo la presidenta de la Asamblea. A los dos das se fug sin decir nada a nadie y abandonando a su suerte a sus correligionarios. Mientras sus consejeros tenan que hacer frente a los tribunales e incluso permanecer en prisin, l se exhiba en Bruselas no precisamente pasando calamidades. Adems, encabezaba una lista que era heredera del partido seguramente ms corrupto de Espaa. Bien, pues todo eso no fue bice para que sacase ms representacin electoral que Esquerra y que desplazase a la jerarqua del PDC. Cosas de la democracia.

Puigdemont se present a las elecciones desde Blgica, pero con el compromiso muchas veces repetido de que si ganaba retornara a Espaa. Promesa que nunca pens cumplir, ya que su objetivo nmero uno era escapar a la accin de la justicia, y a esta finalidad se han orientado todas las acciones que ha emprendido desde entonces, incluso el chantaje permanente al Parlament. Lo ajustado de la victoria de los independentistas hace que todos los votos sean necesarios y que el control de un pequeo grupo de diputados como el que tiene Puigdemont puede mantener cautiva a toda la cmara. Lo curioso de la cuestin es que nadie le recuerda su promesa, ni se le exige que la cumpla, ni su incumplimiento parece que le haya hecho perder prestigio entre sus partidarios, a pesar de que su comportamiento est perjudicando gravemente a todos aquellos que en Espaa tienen procesos penales relacionados con el golpe de Estado.

El descaro mayor consiste en que con el objetivo de ser nombrado presidente de la Generalitat a distancia, y de no tener que enfrentarse as con la justicia, exige a sus compaeros en Espaa que cometan actos ilegales y desafen al Estado, con las correspondientes responsabilidades penales que podran acarrearles. En fin, como el capital Araa, que embarcaba a los dems y se quedaba en tierra.

Cuentan las crnicas que en el siglo XVIII exista un capitn de buque llamado Arana que recorra las costas espaolas reclutando personal para ir a combatir las insurrecciones que se producan en las colonias, pero l no emprenda viaje alguno. Con el tiempo, el vulgo transform el nombre de Arana en Araa, concedindole as un carcter ms pintoresco. Puigdemont es el capitn Araa del procs: anima a los otros a enfrentarse con la justicia, mientras l pretende mandar y dirigirles cmodamente a salvo desde Bruselas.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/02/15/1064/


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