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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2018

Catalua
Una tercera posicin frente a la polarizacin identitaria

Antonio Antn
Rebelin


La ciudadana catalana, el pasado 21 de diciembre en la eleccin del Parlament, se ha polarizado en torno a la cuestin ms candente: la independencia o no del Estado espaol, de forma inmediata y unilateral (Repblica catalana). La campaa electoral se ha desarrollado dentro de una dinmica de confrontacin tras el aval o refuerzo de dos objetivos bsicos de las principales fuerzas contendientes: por un lado, continuar el proceso independentista, partiendo de su incapacidad fctica derivada por la insuficiente legitimidad social y el limitado poder (institucional, econmico, internacional y popular) para su implementacin y junto con el evidente fracaso de la simple Declaracin Unilateral de Independencia-DUI; por otro lado, la aplicacin por el Gobierno de Rajoy, con el apoyo de PP, PSOE y Ciudadanos, del art. 155 de la Constitucin con el cese del Govern y la imposicin de la legalidad uninacional, con la expectativa de las derechas espaolas de un reequilibrio en la representacin institucional y el refuerzo de su hegemona poltica en Espaa.

Respecto a la articulacin poltica en un Estado propio o el continuismo autonmico (aun con el amago de una imprecisa reforma constitucional) se ha consolidado la divisin en Catalua, prcticamente, por la mitad: 47,5% independentista frente al 43,5%, unionista. Los resultados reafirman la conformacin de dos bloques dominantes, que cabra denominar conglomerados dada su diversidad interna.

Pero ese relativo empate tiene algunos matices significativos y est condicionado por diversos factores, cuya explicacin es necesaria para evaluar las tendencias sociopolticas y electorales de fondo y las perspectivas de bloqueo o superacin de esa relacin de fuerzas.

En primer lugar, hay que destacar una tercera tendencia, ms dbil en estas elecciones autonmicas en que se qued en el 7,5%, aunque ms amplia en lo sociopoltico y cultural y, en particular, en las municipales y generales de 2015 en las que lleg a cerca del 25%, con ms de novecientos mil votos. Es un campo intermedio, integrador, federativo y crtico con ambos polos identitarios, representado por los Comunes (y en algunos aspectos por el PSC). Tiene su base social y est arraigado en el tradicional catalanismo progresista de las izquierdas, solidario con la transformacin social y poltica de Espaa (y Europa), reforzado y renovado por la protesta social y democrtica de estos ltimos aos frente a la gestin antisocial y antidemocrtica de las lites poderosas (espaolas, catalanas y europeas). Y pone el acento tambin en otro plano fundamental para las capas populares (clases trabajadoras y clases medias estancadas o descendentes): la agenda social para hacer frente a las graves consecuencias de la crisis socioeconmica y las polticas de austeridad.

A mi modo de ver, su doble posicin en lo nacional y lo social es globalmente acertada pero insuficiente para contrarrestar la atraccin de los dos grandes polos de poder y su dinmica de polarizacin identitaria. Su propuesta de superacin de los dos bloques nacional-identitarios a travs de una opcin de pertenencia ms inclusiva con un avance cvico e integrador es la ms sensata para la gran mayora ciudadana (en torno al 70%) que comparte rasgos identitarios o de pertenencia mixtos cataln-espaol o espaol-cataln. Conlleva valores democrticos y solidarios fundamentales: respeto y convivencia respecto de la diversidad cultural plurinacional interna y en relacin con Espaa, desarrollo del autogobierno y un procedimiento negociador y pactado, no para profundizar la divisin sino para encauzarla y resolverla democrticamente mediante un referndum pactado. Los tres criterios estn refrendados por una amplia mayora social de ms de dos tercios de la poblacin catalana pero no han cristalizado como factores determinantes en una opcin electoral.

Los lmites de ese discurso tienen que ver con la sobrevaloracin de la solucin procedimental (referndum) de un conflicto entre otras dos partes ajenas (independentista y este unionismo) que pretenden imponer su punto de vista. Igualmente, con el escaso desarrollo sustantivo de una tercera posicin propia en los dos mbitos, cataln y, especialmente, espaol, del debate nacional y social: la alternativa para otra Catalua y el proyecto de pas plural y social para otra Espaa en el que encajar ambas.

Pero el mayor problema no es programtico o que, tal como han dicho algunos crticos, su discurso haya sido ambiguo o equidistante. Su orientacin general de combinar un proyecto integrador, solidario y democrtico en lo nacional con un plan progresivo de cambio socioeconmico es la ms adecuada para la disputa por la hegemona poltico-institucional y cultural de ambas derechas catalana y espaola- e imprescindible para el futuro de progreso solidario en Catalua y Espaa.

Insuficiente credibilidad fctica

En segundo lugar, la dificultad ms grave de la tercera posicin era su insuficiente credibilidad fctica o, si se quiere, su incapacidad comparativa de poder e instrumentacin gubernativa para garantizar su implementacin. Para llevar a cabo ese proyecto diferenciado, no estaban claros los instrumentos poltico-institucionales y democrticos (y menos los apoyos econmicos e internacionales). Es decir, la consistencia y amplitud de las fuerzas sociopolticas alternativas y sus alianzas para conseguir mayoras electorales, la dificultad de conformar ambos gobiernos de progreso y solidarios e implementar los cambios constitucionales y polticos necesarios; o sea, la capacidad para derrotar a las derechas y caminar hacia un cambio de ciclo progresista, teniendo en cuenta el giro del aparato del Partido Socialista hacia su pacto con PP-Ciudadanos y su cierre a una alternativa de cambio de progreso.

En los otros dos bloques hay fuerzas econmicas e institucionales poderosas; tambin una gran legitimidad social, incluido una parte de las clases trabajadoras. Solo se puede contraponer con una consistente y democrtica fuerza poltico-social, todava enraizada en gran parte de la juventud precarizada e indignada. Parta de una amplia simpata popular por sus objetivos bsicos, sociales y democrticos, e incluso por su talante mediador e inclusivo. Pero en su traduccin electoral influyen las mediaciones poltico-institucionales, es decir, tambin pesa la operatividad de la prioridad inmediata en que se ha dividido la mayora: reforzar la independencia o frenar la independencia.

Por tanto, existe la tercera posicin: ms autogobierno y ms democracia en una Espaa ms justa y plural. Y, es el aspecto a destacar, la relevancia de la autonoma y la diferenciacin del proyecto propio, aunque se compartan aspectos concretos de cada uno de los otros dos bloques y se reciban por ello las crticas del contrario. La delimitacin principal no es dictadura (espaola) frente a democracia (catalana). El tablero no es binario, sino ms complejo, con dos conflictos (democrtico-social y democrtico-identitario) y tres posiciones en cada polarizacin, diferentes en su articulacin: un circo de dos pistas entrecruzadas con tres actores principales en cada una de ellas. Por ejemplo, estar contra la aplicacin del art. 155 y las medidas autoritarias coincide con la posicin del bloque independentista, y estar contra la independencia unilateral (DUI) coincide con la del bloque unionista. Priorizar la agenda social se enfrenta a su instrumentalizacin nacionalista o, directamente, al bloque causante de los poderosos que pugna por su marginacin. Ello hace ms difcil el discurso y la alternativa poltica, pero ms realista, justa y potencialmente arraigada.

La cuestin es que esa propuesta superadora de ambos bloques, no se ha constituido como alternativa realista e inmediata y ese espacio identitario intermedio ha sufrido fugas hacia un campo u otro presionado por la dinmica de utilidad de la garanta principal: avanzar o frenar la independencia. Y ello no solo como respuesta a la problemtica nacional, sino tambin, y as ha sido divulgado por los principales contendientes, como garanta para la mejora econmica y la reforma social de las capas populares, cuestin en disputa por todos.

Combinar democracia social con patriotismo cvico

En tercer lugar, ambos discursos nacionalistas tambin prometan resolver la cuestin social. La vinculacin a esta Espaa o la Repblica catalana, adems de reportar mayor certidumbre identitaria y seguridad en los vnculos sociales respectivos, se presentaba como la mejor garanta de estabilidad y crecimiento econmico y capacidad distributiva. Incluso Ciudadanos, escondiendo su plan neoliberal, llegaba a emplazar a los Comunes con admitir (parte) de su programa de reformas sociales a cambio del apoyo a la investidura de Arrimadas. Y las lites independentistas, a pesar de su responsabilidad en la consolidacin de los recortes sociales, la precarizacin y las polticas neoliberales, aseguraban que sin el supuesto lastre de Espaa y con un Estado independiente, las condiciones materiales de la poblacin de Catalunya estaran entre las ms avanzadas de Europa. Espejismo que se traducir en frustracin.

La cuestin no es que lo social estuviese ausente de la motivacin y preocupacin de la gente (estratificada por clases sociales) sino que en los discursos de los ltimos aos, tras el susto de la movilizacin social frente a la crisis socioeconmica y los recortes sociales, se subordinaba a la racionalidad econmica dictada por la UE (y los mercados) y, cuando ha ido fallando, a la lgica de ambos nacionalismos y su polarizacin; primero las lites gobernantes catalanas, desde la Diada de 2012, y luego el PP y Ciudadanos, en respuesta al procs iniciado tras las elecciones autonmicas de 2015.

La cultura de izquierdas y el profundo proceso de protesta social, particularmente masivo en Catalua, ha fortalecido una cultura de justicia social pero sin una maduracin poltico-electoral consistente para sortear las mediaciones de la ltima movilizacin y polarizacin nacionalista. Por tanto, la agenda social clara no ha sido capaz de tener suficiente credibilidad fctica para su implementacin frente a los poderosos de ambos campos (y de la UE). Y, especialmente, para interrelacionarla con una posicin de identidad nacional propia e integradora.

La seguridad institucional de cada campo (Estado espaol o Repblica catalana) atraa el voto til en unas elecciones donde la cuestin central no era cambiar Espaa (Gobierno y Congreso) o la gestin municipal (por ejemplo, el ayuntamiento de Barcelona), sino precisamente, el Govern de la Generalitat y sus vnculos con el Estado Espaol como construccin de pas y tambin como mediacin para la mejora socioeconmica (del pas).

Por tanto, el hndicap para una estrategia nacional-integradora y social-progresista es que el proceso de confrontacin nacional de los dos polos dominantes subordina lo social, favorece la hegemona de ambas derechas y el continuismo neoliberal y regresivo y perjudica la agenda social real y la convivencia inter-identitaria. O sea, para activar y dar credibilidad a una opcin democrtica y popular es necesario combinar el giro social en confrontacin con los poderosos con la tercera opcin en la pertenencia nacional: superacin de la brecha identitaria, profundizacin del autogobierno y resolucin democrtica y pactada del conflicto nacional, irresoluble por la imposicin autoritaria o la unilateralidad. Y con mayor apoyo cvico y democrtico, contrapesar los dficits de poder econmico e institucional respecto de los otros dos bloques de poder.

No se trata de abandonar el espacio con una posicin propia en el tema territorial, aunque hoy se est a la defensiva en los dos mbitos, Espaa y Catalua. Se trata, frente a los nacionalismos excluyentes e insolidarios, de combinar la democracia social y econmica con un patriotismo cvico, plural y solidario, basado en la experiencia y los vnculos sociales compartidos e interrelacionado con distintos niveles y combinaciones de pertenencia e identidades colectivas.

Un proyecto de pas (de pases), como Espaa, debe dar respuesta clara y democrtica a dos cuestiones candentes: la social y la territorial. Dicho de otra forma, un cambio democrtico y de progreso en Espaa sera mucho ms difcil sin las fuerzas progresistas de Catalua; y difcilmente se va a construir una Catalua progresista y ms autnoma sin el desalojo institucional de las derechas espaolas y la hegemona poltica de las fuerzas progresistas (y su avance en Europa). La Espaa y la Catalua neoliberales y homogneas en su composicin nacional no se corresponden a la realidad y las necesidades de las mayoras sociales. Estn agotadas y su retroalimentacin mutua con el pulso identitario y su desprecio por la desigualdad social profundizan las fracturas sociales y la cohesin cvica. Necesitan recambio, un nuevo patriotismo cvico democrtico-igualitario y solidario, y ese es el desafo del cambio social y poltico.

En consecuencia, la plasmacin gubernamental de un gobierno tripartito progresista o de izquierdas, entre En Comn Podem (7,5%), PSC (13,9%) y ERC (21,4%) -incluso aadiendo la CUP (4,5%)- no estaba madura, poltica y numricamente. No obstante, haciendo ahora abstraccin de sus ambivalencias, esas fuerzas nominalmente de izquierdas han conseguido una representatividad importante: 47,2% (bajando algo desde el 50,1% de las primeras elecciones autonmicas en el ao 1980 y modificando su composicin) frente al 51,2% de las derechas. Ello no supone que no sea la principal alternativa institucional para abordar mejor el doble conflicto, social y nacional, o que la dinmica de movilizacin popular y los resultados en las prximas elecciones municipales y generales no modifiquen la relacin de fuerzas, cuestionando los actuales equilibrios y se pueda avanzar hacia ese cambio de hegemona.

En todo caso, hace falta concretar sus difciles condiciones para superarlas con un nuevo compromiso trasversal en lo nacional y firme en lo social. Pero superando la experiencia del Tripartito, en otro contexto, con un proyecto de reforma poltico-territorial, democrtica y social con un Gobierno de progreso en Espaa y otro en Catalua. Para ello es imprescindible un mayor peso de Catalunya en com Podem, al menos similar a los otros dos partidos, as como la ruptura del PSC (y PSOE) de sus compromisos con las derechas espaolas y la desvinculacin de ERC de su dependencia de Junts per Catalunya y el exclusivismo nacionalista. Mucho camino por andar.

No obstante, existe una dificultad adicional. En Espaa, el giro de la direccin socialista hacia su pacto con las derechas y el aislamiento de las fuerzas del cambio Unidos Podemos y sus aliados de confluencias y candidaturas municipalistas- neutraliza las expectativas unitarias y restringe las opciones de un cambio institucional de progreso. Aunque haya un reequilibrio en la representacin poltica de las derechas espaolas (Ciudadanos en perjuicio del PP), con la subordinacin de la direccin del PSOE, el plan de los poderes fcticos pretende un cierre normalizador centralizador y continuista de la gestin socioeconmica liberal y regresiva, as como imponer una legalidad constitucional restrictiva y el continuismo institucional con insuficientes medidas regeneradoras.

La direccin socialista adquiere una grave responsabilidad: tapar en falso la crisis social y la crisis territorial, hacer ms prolongado y difcil el cambio institucional y distanciarse de la parte ms dinmica de la sociedad, la juventud precarizada y las capas populares urbanas. As, asumira un costo histrico (adicional a la crisis de la socialdemocracia por su ambivalencia) por asociarse o mirar para otro lado respecto de una respuesta fallida a la crisis social, democrtico-institucional y de valores de las viejas lites gobernantes (espaola y catalana, con dos de los partidos ms corruptos de Europa PP y la antigua Convergencia), as como del ascendente (neoliberal y centralizador) Ciudadanos.

@antonioantonUAM

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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