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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2018

Karl Marx (1818-1883). En el bicentenario de su nacimiento (II)
Dos cartas de Jenny Marx

Salvador Lpez Arnal (editor)
Rebelin


Nota del editor. No es que detrs de un gran hombre siempre haya una gran mujer, como se suele decir, sino que, en este caso y en algunos otros (aunque no siempre como es sabido y contrastado), detrs o al lado de una gran(dsima) mujer haba tambin un gran hombre. Marx fue ese hombre y Jenny von Westphalen, Jenny Marx de casada, fue esa grandsima mujer-compaera. Si tienen alguna duda sobre el inmenso y decisivo papel que Jenny tuvo en el desarrollo de la obra marxiana (teora y praxis), tambin sus hijas, aguantando adems ms de una tontera (por decirlo suavemente) del autor de El capital, lean si no han ledo -no tarden mucho!-: Mary Gabriel, Amor y Capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una revolucin, Vilassar de Dalt (Barcelona), El Viejo Topo, 2014 (traduccin, gran traduccin, de Josep Sarret Grau). Tambin otras aproximaciones desde luego. Esta, por ejemplo, es imprescindible: Francisco Fernndez Buey, Marx (sin ismos), Vilassar de Dalt (Barcelona), El Viejo Topo (varias reediciones; est en prensa otro conjunto de escritos del autor con el ttulo provisional Marxismos despus de Marx), sin olvidar "El Marx enamorado", su presentacin de Karl Marx, Poemas. Barcelona, El Viejo Topo, 2000, pgs. 7-24, edicin de Francisco Jaymes y Marcos Fonz).

"Ni graciosa ni por la Gracia de Dios" as finalizaba esta ciudadana (con cuatro hijos y tres nietos fallecidos muy prematuramente) de gran coraje y enorme corazn una de sus cartas. En otra de estas cartas, dirigida a Liebknecht, que estaba entonces esperando la sentencia del juicio que le haban hecho en Alemania con cargo de alta traicin por su posicin durante la guerra franco-prusiana, comentaba

En todas estas luchas nosotras las mujeres llevamos la peor parte, porque es la menor. Un hombre saca fuerzas de su lucha con el mundo exterior, y se siente lleno de energa por la visin del enemigo, aunque estos sean legin. Nosotras en cambio permaneceremos en casa zurciendo calcetines. Esto no impide que las preocupaciones y las pequeas miserias diarias destruyan lenta y sistemticamente el coraje que necesitamos para enfrentarnos a la vida. Hablo por treinta aos de experiencia y puedo seguramente decir que no me desmoralizo fcilmente. Ahora soy demasiado vieja para confiar demasiado en nada, y los recientes y desafortunados acontecimientos [la Comuna de Pars] me han afectado mucho. Me temo que nosotros. no tendremos muchas ms experiencias positivas y mi nica esperanza es que nuestros hijos tengan una vida ms fcil.

En 1875, esta mujer que haba hablado del coraje necesario para enfrentarse a la vida, escriba a una de sus hijas tras la prdida de un nieto:

S muy bien lo difcil que es y lo mucho que se tarda en recuperar el equilibrio despus de una prdida como esta; es entonces cuando la vida viene en nuestra ayuda, con sus pequeas alegras y sus grandes preocupaciones, con todas esas pequeas tareas y tribulaciones cotidianas, y las mayores penas se ven amortiguadas por unos males ms pequeos y constantes, y sin que nos demos cuenta, la violencia del dolor disminuye; y no es que la herida se haya curado, y esto vale especialmente para el corazn de una madre, pero poco a poco se despierta en tu pecho una nueva sensibilidad para acoger nuevas penas y alegras, y as es como uno sigue viviendo, con el corazn dolorido y a la vez esperanzando, hasta que al final deja de latir y da paso a la paz eterna.

Muchos aos antes, la hija menor de Marx y Jenny, Francisca, sufri un grave ataque de bronquitis y muri poco despus de su primer aniversario, el 14 de abril de 1851 (el 15% de los nios ingleses moran antes de su primer ao). La familia no tena dinero ni siquiera para comprar un atad para su hija. Jenny coloc el cuerpo de la pequea en la habitacin trasera del apartamento y traslad todas las camas a la habitacin de la parte delantera donde dormira la familia hasta que pudieran encontrar el dinero necesario. "Nuestros tres hijos se tendieron a nuestro lado y todos lloramos al pequeo ngel cuyo cuerpo lvido y sin vida yaca en otra habitacin" escribi. Ni siquiera Engels pudo dejarles dinero en aquella ocasin. Jenny tuvo que pedir ayuda a un emigrante francs. Les dej dos libras para comprar el atad. Con palabras de Jenny Marx: "No tena cuna cuando vino al mundo [Francisca Marx] y durante mucho tiempo se le neg incluso un lugar para su ltimo descanso".

Salvo error por mi parte, no existe una traduccin castellana (ni catalana y creo que tampoco en gallego o euskera) de la correspondencia de Jenny Marx. Existen ediciones en ingls y alemn (y acaso en francs). Deberamos considerar un deber socialista, humanista, filosfico y feminista editar su correspondencia este ao del bicentenario del nacimiento de su compaero. Jenny naci en Salzwedel, el 12 de febrero de 1814, cuatro aos antes que su compaero, y falleci en Londres, el 2 de diciembre de 1881, dos aos antes que Marx, quien apenas pudo superar el golpe. Adems, ms prdidas que ardan en su cuerpo, su hija mayor, Jenny Marx Longuet, falleci el 11 de enero de 1883.