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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2018

El escenario poltico y el futuro necesario del pas

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Los partidos de la Nueva Mayora (NM) atribuyen a diversas razones su estrepitosa derrota electoral. Incluso algunos -solo por cumplir un rito- las aderezan con amagos de autocrtica. En una nueva manifestacin de la hipocresa que caracteriza la poltica institucional, la NM elude confesar que ella misma fue el artfice de su derrota, la que cav su propia tumba con sus polticas ambiguas y su distanciamiento del pueblo. Es una cobarda moral atribuir esa derrota a falta de conciencia de un pueblo mal agradecido.

La verdad sin careta es que la NM (como su antecesora, la Concertacin de Partidos por la Democracia), se empe en borrar desde el gobierno y el Parlamento todas sus fronteras con la derecha. Al final, la NM termin siendo, en la prctica, otra cara de la derecha, entendido este concepto como el compromiso poltico e ideolgico de un partido o grupo social con el capitalismo neoliberal.

Chile alcanz en los aos 90 un importante nivel de movilizacin cuajada de esperanzas democrticas. La Concertacin supo capitalizar ese sentimiento que aspiraba a recuperar la democracia, pero con justicia social. No solo exiga juicio y castigo para los responsables de los horribles crmenes cometidos por la dictadura. Tambin se anhelaba un cambio de las penosas condiciones econmicas, sociales y culturales impuestas por la dictadura del neoliberalismo. Para alcanzar esos objetivos exista una amplia mayora social y poltica que seprolong hasta la eleccin de Frei Ruiz-Tagle en 1993.

Lo que el pueblo quera era borrar -pacfica pero resueltamente- todo vestigio del terrorismo de Estado que martiriz Chile durante 17 aos. Ese proceso comenzaba por convocar a una Asamblea Constituyente que elaborara y propusiera una Constitucin Poltica democrtica. En esto concordaban todos los partidos opositores al rgimen militar. De igual manera, solo con diferencias de matiz, compartan una crtica frontal a la economa de mercado implantado por la dictadura.

No obstante esos planteamientos fueron dejados de lado en los acuerdos secretos que parte de la oposicin suscribi con las fuerzas armadas para dar inicio a la transicin a la democracia.

En las violaciones de los derechos humanos hubo -y hasta hoy sigue desarrollndose- una justicia en la medida de lo posible. Esto al menos permiti encarcelar -aunque en condiciones privilegiadas- a unos cuantos criminales, entre ellos altos oficiales de la Dina y la CNI. No obstante hasta hoy, las fuerzas armadas mantienen en secreto el destino de ms de mil detenidos desaparecidos.

En materia de derechos econmicos y sociales no sucedi lo mismo. Por el contrario, elmodelo instaurado con las bayonetas se ha visto fortalecido durante los gobiernos de la Concertacin-Nueva Mayora. No vamos a repetir las cifras utilizadas en anteriores editoriales y crnicas de PF que revelan cmo han crecido las ganancias del capital nacional y extranjero, en particular el capital financiero, bajo los gobiernos de la coalicin derrotada el 19 de diciembre. Ese proceso ha acelerado la transnacionalizacin de la economa hasta un punto que le va quedando muy poco de nacional. Hoy los trabajadores enfrentan a una burguesa mestiza cuyos gerentes estn en Chile pero que reciben rdenes de corporaciones que radican en EE.UU., Canad, Europa o China. En sntesis, como se sabe, Chile ha pasado a ser uno de los pases con mayor desigualdad social del mundo. Y esto, en importante medida, por culpa de los gobiernos que se han sucedido desde 1990, que han velado por los intereses del capital volviendo las espaldas al pueblo. Ms bien estos gobiernos se han preocupado de desmovilizar a los trabajadores. La cooptacin de organizaciones -bajo supuestos programas de desarrollo social- se convirti en una labor de especialistas reclutados en partidos de Izquierda. Su misin se ha visto favorecida por la conversin de la CUT en una organizacin manipulada por una burocracia sin conciencia de clase.

Chile a casi treinta aos de la dictadura militar es un pas fracturado en lo social, poltico y cultural. Bajo la superficie del consumismo -utilizado como anestsico social- se ocultan aberraciones vergonzosas como la tragedia de los 250 nios fallecidos bajo la proteccin del Servicio Nacional de Menores. O la dolorosa situacin de los ancianos abandonados en hospedajes de mala muerte. O fenmenos corrosivos como el explosivo aumento del consumo de alcohol y drogas por la juventud estudiantil y los trabajadores. O la indolencia burocrtica de servicios del Estado. O el robo descarado que cometen las AFP con los fondos de los trabajadores. O la inhumana explotacin a la que son sometidos los inmigrantes. O las humillantes listas de espera en los hospitales...

Qu comunidad de intereses, cul cohesin social, qu visin compartida de paspuede existir en una nacin donde existen fortunas superiores a los 20 mil millones de dlares mientras la mayora de los trabajadores recibe salarios de miseria por jornadas extenuantes y cuyo futuro es cobrar pensiones de hambre?

La casta poltica -con sueldos superiores a diez millones de pesos mensuales- no tiene relacin ninguna con la realidad sumergida de la pobreza. Y esa es la castaencargada de gobernar, legislar y orientar a la opinin pblica a travs de los medios de desinformacin y las universidades.

El cuadro de la realidad del pas no estara completo si no mencionramos la corrupcin que se extiende a todas las instituciones civiles, militares y policiales del pas, socavando la confianza que necesitan para su legitimidad. La corrupcin es un cncer que est comprometiendo la estabilidad del sistema, aunque lospartidos responsables de la administracin del pas se hagan los idiotas.

El resultado del comportamiento histrico de la coalicin derrotada en diciembre es que la NM ha conseguido borrar toda diferencia entre la derecha poltica y la llamada centroizquierda. Por eso al clarn de las elecciones slo acude menos de la mitad de los ciudadanos con derecho a voto. As un presidente de la Repblica es elegido con el 26,46% del electorado, y muchos parlamentarios con menos del 10% de los votantes de sus distritos.

La despolitizacin es consecuencia necesaria y deliberada del modelo que nos rige. La responsabilidad de haberlo hecho en un pas que se ufanaba de su madurezpoltica, corresponde a la coalicin derrotada y a cada uno de sus partidos, desde el Demcrata Cristiano al Comunista.

En vez de reconocer esta realidad, las imperturbables dirigencias se han sumido en negociaciones para articular una mayora que les permita seguir controlando la Cmara de Diputados y el Senado. Para lograrlo necesitan meter en la amansadora de la poltica tradicional a fuerzas nuevas que han llegado al Parlamento, como el Frente Amplio. Pretenden continuar una poltica fracasada y adoptar un nuevo antifaz para la NM y ex Concertacin.

Los trabajadores y el pueblo necesitan aprender de su historia. Chile requiere una revolucin cultural que permita derrotar la cultura del conformismo y la resignacin inculcada por el neoliberalismo. Buena parte de esa revolucin cultural se materializar con el protagonismo de los artistas, y profesionales. El rol de la ciencia, la literatura, la poesa, la msica y las comunicaciones ser fundamental. Ser una revolucin alegre y contagiosa para que su mensaje llegue a millones. Su eje articulador ser la exigencia de una Asamblea Constituyente.

Este es el futuro necesario del pas.

Para esta lucha se necesita una Izquierda independiente de compromisos con el sistema de dominacin. Una Izquierda de ese tipo slo puede surgir del movimiento social y de sus fracciones organizadas, sobre todo del mbito de los trabajadores y pobladores. La dispersin actual no debe inducir al pesimismo. Se necesitan chispazos que iluminen ejemplos. La Izquierda necesita superar el trauma de los aos 70. El fracaso de la Unidad Popular ensea que un proyecto revolucionario requiere de una fuerza ideolgica, poltica y material muy superior a la de la burguesa. Conciencia, organizacin, alimentos, medicinas y armas -en este caso un ejrcito y milicias populares- son los factores que determinan la fortaleza de una revolucin por pacfica que pretenda ser. As lo demuestra la experiencia chilena y la de pases hermanos. La Unidad Popular fue derrotada porque el pueblo estaba desarmado y nunca logr establecer su hegemona, minada por el desabastecimiento y la inflacin. La subversin golpista, dirigida y financiada por el imperialismo, mantuvo a raya al gobierno del presidente Salvador Allende. La Ley de Control de Armas -iniciativa de la DC- y la sumisin a un Parlamento opositor, finalmente llev al desastre a la ms grande hazaa poltica alcanzada hasta ahora por los trabajadores chilenos.

Para dominar los traumas y temores conviene repasar nuestra historia. Sera absurdo recorrer el mismo camino de los aos 70. Ya sabemos cul es su destino. Poreso, no se trata de tejer unidad para objetivos menguados, sino de levantardesde la base social -con tenacidad y paciencia de hormigas- un proyecto decambios fundamentales que conquiste a los ms diversos sectores sociales: trabajadores, mujeres, pobladores, estudiantes, artistas, intelectuales, profesionales, religiosos, militares, etc. El marxismo y el cristianismo popular constituyen la armazn ideolgica fundamental de los tiempos que vienen.

En los hechos se trata de crear la Izquierda de este siglo. Una aventura del ser humano mucho ms atractiva que bombear oxgeno a un sistema de dominacin que corrompe, empobrece y consagra los privilegios de una minora.

 

 

Editorial de Punto Final, edicin N 892, 12 de enero 2018.

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www.puntofinal.cl


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