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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2018

Catalunya o Catalua? Acerca del conflicto poltico-territorial de Espaa

Roco Guerrero
Rebelin


El Rgimen del 78 vigente en Espaa

La historia de Espaa como estado-nacin pone en evidencia la imposibilidad de crear un sentimiento de pertenencia transversal a las clases sociales e integrador de las diferencias territoriales que lo componen. Desde sus orgenes, los pueblos no castellanos se han resistido al establecimiento de una Espaa homogeneizante, mediante la defensa de los idiomas propios como lo ms palpable en la construccin local de un conjunto amplio de instituciones y costumbres, todas las que participan en una poltica intrarregional, con dinmicas particulares y produciendo identidades diferenciadas a las que representa Madrid como centro poltico del pas.

Hoy se puede afirmar sin equvoco que la Generalitat de Catalunya es anterior al orden constitucional generado en 1978, el que rige actualmente. El rgimen del 78 busc restablecer (en parte) el legtimo poder local, perseguido y arrebatado por el franquismo, con el fin de mantener la estabilidad del sistema democrtico naciente, de esta manera se configura el Estado de las autonomas, el cual devolvi parte de identidad propia a la poltica local.

Ahora bien, en el mediano plazo las insuficiencias del rgimen del 78 han revivido el conflicto alrededor de la coexistencia de dos visiones de pas. Por un lado, est la visin de una Espaa plurinacional, defendida por amplios sectores sociales progresistas; por otro, la Espaa nica, homognea, con una lectura de la historia de Espaa conservadora y lineal, que va desde el establecimiento de los visigodos (finalizado el Imperio Romano) a la unificacin castellana y de sta hasta nuestros das, ignorando las influencias rabes y judas, por ejemplo.

Nos encontramos ante un significante (Espaa) cuyo contenido ha sido disputado desde sus propios orgenes, precisamente por la complejidad histrica de su formacin, cuyo rasgo distintivo tiene que ver ms con el catolicismo que con otras instituciones culturales como la lengua castellana.

Contexto de la poltica espaola contempornea

Tras la llamada Guerra Civil se produce la derrota transversal de las fuerzas democrticas y, con ello, el proyecto de superacin histrica de la institucionalidad del antiguo Reino de Espaa se ve truncado. Tras esta derrota se instala, renovado, el relato de una nacin de recorrido histrico lineal, cuyo fundamento est fuertemente ligado al componente catlico, dando forma al llamado nacional-catolicismo impulsado por la Falange Espaola, que es la base ideolgica de la dictadura. Se trata de un escenario que impone la imagen de Espaa nica, grande y libre como fermento del nacionalismo espaolista, catlico y anticomunista contemporneo. Esta imagen define como antiespaola la visin plurinacional, un imaginario que no muere con Franco sino que sobrevive en los sectores conservadores ligados al poder econmico y poltico.

Gracias a la restauracin de la institucin monrquica por parte del franquismo, el rol de Juan Carlos I se convierte en un verdadero resorte de continuidad en temas cruciales, como lo es la cuestin territorial. Tanto es as, que la constitucin de 1978 sita al Rey en el mando supremo de las fuerzas armadas, siendo stas las que tienen por encargo la preservacin de la indisoluble unidad de Espaa.

Pese a la represin y persecucin hacia el sentimiento de las naciones, la necesidad de discutir un nuevo encaje territorial era un hecho si lo que se buscaba era legitimar el nuevo rgimen; ahora, la cuestin sera mantener la expresin de este sentimiento dentro de mrgenes planteados por Madrid.

El resultado de todo esto es el actual sistema autonmico que se traduce en la cesin relativa de competencias y funciones por parte del Estado central hacia territorios delimitados, lo cual permite reconocer a las naciones histricas como constitutivas de la geografa espaola. De este modo, coexisten los gobiernos autonmicos y el central; este ltimo, cada cierto tiempo, debe establecer nuevos acuerdos sobre las posibilidades ejecutivas de los poderes locales.

La diferencia crucial con un sistema federal radica en que en Espaa se contempla, en situaciones de excepcin, el despojar de autonoma a un gobierno local por el tiempo que se considere oportuno: en un prrafo redactado con escasa claridad, un artculo de la constitucin otorga esa facultad al senado. Es decir, existe una subordinacin de facto de aquellas unidades llamadas autnomas, aun existiendo un gran margen de maniobra. De hecho, es posible poseer un margen de maniobra total en temas cruciales, cuestin que permite que en estos territorios el nacionalismo no se embarque en la deriva independentista, como se da en el caso de Pas Vasco y Navarra.

A simple vista, se trata de una organizacin de la poltica pblica amigable con la autodeterminacin, pero es en realidad una solucin adoptada durante la transicin para solventar la coexistencia de Las Espaas sin acabar con el orden anterior. Por un lado, se satisfaca la posicin conservadora que no dej de tener como referencia el relato del rgimen anterior (Espaa es una sola entidad, aunque exista pluralidad). Por otro, se dio espacio al autogobierno para hacer frente a la potencial expresin poltica que tendran los nacionalismos cataln y vasco en la determinacin de los asuntos polticos centrales. Estos ltimos quedaron finalmente en manos de dos partidos de nivel estatal, el Partido Socialista Obrero Espaol (PSOE) y Partido Popular (PP) dada la correlacin de fuerzas en el congreso de los diputados.

La integracin de Catalunya en Espaa

La reconfiguracin del mapa poltico ocurrida con el fin del rgimen de Franco implic que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) perdiera gran parte de su peso relativo anterior, lastrada como fue tras la persecucin de la dictadura (como le ocurri a toda izquierda espaola que, entre otras reivindicaciones, no abandon la visin plurinacional). Lo anterior dara pie a un dilogo fluido entre el nacionalismo moderado y de derecha, representado por Convergncia i Uni (CIU), y el PSOE. Esto ocurri en gran parte gracias a la figura de Josep Tarradellas (ERC), quien a su vuelta del exilio (desde donde ejerca el cargo de president de la generalitat) resume en su propia persona la reconciliacin que la transicin necesitaba, en medio de un escenario de impunidad de los crmenes y olvido de las demandas histricas. Para los representantes del periodo, estos fueron grandes logros dentro de los pequeos mrgenes que permita la precaria democracia naciente.

Los acuerdos autonmicos corrieron en paralelo con un periodo de apertura al mundo y de gran expansin econmica, que pretenda dejar atrs la Espaa autrquica de Franco. El PSOE se alza como fuerza hegemnica y dirigente en el Estado (y con mucha fuerza en Catalunya), permitiendo una intensa relacin con el lder histrico de CIU, Jordi Pujol, durante los casi veinte aos que dura su mandato al frente de la Generalitat.

1992 es un ao de gran importancia para Espaa. Atrs quedan los tiempos de hablar de naciones: gracias al estado de las autonomas, los nacionalismos de nuevo tipo haban dejado atrs el independentismo y optaban por el pragmatismo. Aquel ao Espaa parece alcanzar la estrella ms alta de su autoestima gracias a los Juegos Olmpicos de Barcelona y a la Exposicin Universal de Sevilla, desde donde proyect la imagen de una Espaa que hoy es conocida mundialmente. Comenzaba a crearse el concepto de lo que hoy es llamado Marca Espaa, que pareca reunir un consenso mayor que la bandera rojigualda y el himno sin letra. Se trata del signo de una idiosincrasia espaola prefabricada, de playa, flamenco, tapas y toros, orientada a atraer el turismo masivo, sin representar en ningn caso la complejidad de Espaa, que ms bien vino a remarcar el carcter comercializable de la identidad construida, sobre lo que coincidan de las lites desde Catalunya a Madrid.

La transicin y su contexto econmico fue capaz de componer una Espaa que dej como obsoletas las reivindicaciones histricas sin resolverlas, o al menos eso muestra el resurgimiento contemporneo del independentismo. Es una poca en la que Espaa se encuentra ad portas de un cambio radical: durante los aos 80 pasa a ser parte de la UE para, posteriormente, adoptar el nuevo sistema monetario europeo. Para ello debe renunciar a parte importante de su soberana y someterse a duras pruebas econmicas, con la finalidad de alcanzar una armonizacin con los pases desarrollados del entorno, condicionando su futuro econmico y social. Esto se materializa en el proceso de desindustrializacin y la imposibilidad de maniobrar la poltica monetaria. Por su parte, la segunda condicin establece lmites de gasto para mantener el equilibrio en las cuentas pblicas, pues la financiacin del dficit queda en manos del mercado de capitales, los que, a su vez, piden bajas tasas de inflacin.

De esta manera se cierra el crculo argumental del proyecto de una Unin Europea social-liberal liderado por la socialdemocracia, coartada perfecta para las medidas de austeridad que perseguirn sincronizar la funcin del Estado a los incentivos tericos del mercado (salarios moderados y tamao reducido del sector pblico). No obstante, durante estos aos de expansin econmica nada poda salir mal en tanto que los ingresos pblicos se dispararon, y todava no era evidente que el Estado del Bienestar espaol sufra deficiencias graves debido al contexto poltico europeo, sino hasta que se produjo la crisis. En definitiva, se haba dado luz a una constitucin (la del 78) que aseguraba derechos y dejaba espacio a la expresin propia de las naciones, pero que no contaba con una base poltica y econmica real.

Estos procesos, primero, generaron las condiciones para la crisis y luego agudizaron sus efectos en los pases del sur de Europa, ya que no hubo un debate amplio que adaptara la poltica econmica y social a la nueva coyuntura. Es as como, en primera instancia, se abri un espacio para la deslegitimacin del rgimen del 78 y de la propia UE, debido a la baja intensidad democrtica que demostr el sistema cuando, de un da para otro, los partidos de rgimen (PSOE y PP) decidieron priorizar el pago de la deuda por sobre el gasto social mediante de una reforma al artculo 135 de la constitucin espaola (la misma que, para la cuestin catalana, parece intocable) por presiones de la UE.

El independentismo actual: herida social y herida territorial

En paralelo, un evento adicional profundiz la desconfianza de la ciudadana hacia el sistema democrtico espaol. En 2010 tiene lugar la suspensin del estatuto de autonoma de Catalunya por parte del Tribunal Constitucional a instancia del PP. Dos cuestiones definen ese acuerdo, que contaba con el apoyo mayoritario de los catalanes en referndum: se reconoca a Catalunya como nacin, y se otorgaba un mayor nmero de competencias econmicas, con acento en los asuntos tributarios (permitiendo una mejor gestin de los recursos propios de la regin).

La respuesta de la ciudadana catalana a esta suspensin fue una masiva movilizacin de 1,1 millones de personas (segn la guardia urbana), la ms grande en la historia de la democracia espaola, quedando instalado un lema que circula y expresa el sentimiento independentista de este tiempo: Espanya ens roba. Es un hecho que desde Catalunya se produce un traspaso de recursos mayor al que luego reciben por parte del estado en forma de inversiones o gasto pblico, interpretado por sectores como un robo a uno de los territorios de mayor desarrollo econmico de Espaa, pero que en realidad tiene su origen en el carcter solidario de la redistribucin de los recursos que recauda la hacienda pblica.

Esta gran movilizacin marca el resurgimiento del movimiento independentista del momento actual, que en adelante presionar por un referndum de autodeterminacin, dividiendo a la sociedad espaola y catalana en torno a las dos visiones sobre Espaa, as como tambin, reflotando la discusin sobre la organizacin territorial actual y el andamiaje postfranquista que sostiene el estado de cosas vigente. Resulta evidente que el independentismo contemporneo tiene un fuerte arraigo ya no solo en un sentimiento identitario histrico sino que, adems, existe un problema de administracin de los recursos del sector pblico, por lo que no todas las fuerzas progresistas adhieren al independentismo ni presentan las mismas soluciones.

Esto es, el movimiento independentista cataln, como otros fenmenos europeos de distinto tipo, se encuentra fuertemente ligado a la precarizacin generalizada de la sociedad, lo que queda en evidencia cuando se observa el indito crecimiento del voto independentista en los aos de la crisis. Es sintomtico que, en paralelo, surja el movimiento de los indignados el ao 2011 simultneamente en Madrid y Barcelona, al tiempo que se destapan escndalos de corrupcin de gran envergadura que afectan justamente a los partidos del rgimen en aquellas comunidades donde gobernaron durante toda la democracia. Es una combinacin de ambos fenmenos la que hace estallar la indignacin, puesto que crisis y corrupcin van de la mano en medio de un sistema de especulacin inmobiliaria.

Hasta aqu se han presentado tres elementos explicativos del conflicto cataln: el tipo de transicin que tuvo lugar posterior a la muerte de Franco, que constituy el estado de las autonomas gracias dilogo sin memoria con una parte del nacionalismo; la conformacin de un dbil estado social en el marco de la UE; y la posterior crisis surgida del propio modelo de desarrollo espaol. En esta coyuntura, el mapa poltico sufre cambios de gran importancia, el movimiento de los indignados genera las condiciones para el surgimiento de Podemos mientras que los partidos de orden (PP, PSOE y CIU) enfrentan un declive electoral sin precedentes, tal como ocurre en toda Europa. Poco tiempo despus, el Rey Juan Carlos I abdica luego de que, por primera vez, su figura resultara contraproducente con la opinin pblica.

Todo empeora cuando la gestin del resurgimiento del independentismo en Catalunya (junto con la gestin de la crisis) queda en manos de un partido de la derecha conservadora, con fuerte pasado franquista, como es el PP, cuando asume el gobierno en 2011. Es por dichos elementos que, en un primer momento, se da la espalda al conflicto para luego judicializarlo, cuando se consider ilegal realizar consultas a la ciudadana, debido a que trastoca la indisoluble unidad de Espaa. Esta falta de voluntad poltica ha dado la idea de que el gobierno de Rajoy (PP) es una fbrica de independentistas pues, lejos de iniciar un debate sobre la cuestin territorial, lo que pretendi es espaolizar a los nios catalanes (en palabras del exministro de educacin), reformando la ley de educacin que, dentro de todas sus deficiencias, haba devuelto su lugar en las aulas el idioma cataln. En esta lnea,el PP insiste en instalar sensacin que en la escuela catalana se adoctrina contra Espaa y que el castellano se encuentra amenazado en Catalunya, argumento que le vale para explicar el aumento del independentismo.

Por su parte, desde la Generalitat se ha potenciado la indignacin legtima del pueblo cataln por los ataques constantes a su identidad con el relato de Espanya ens roba, de poca consistencia si consideramos que la corrupcin y el mal manejo de la crisis han afectado al conjunto de la ciudadana espaola. No sera del todo errado pensar que el descontento social fue tomado como bandera por un partido corrupto (Convergncia) que convivi muy cmodamente con el resto de partidos estatales y aplic con prisa las medidas de austeridad impuestas por el PP, a las puertas de un fuerte declive electoral.

El exlder de CIU, Artur Mas, decidi abrir el debate y liderarlo desde su condicin de president de la Generalitat, lo que provoc un cambio radical en las prioridades del gobierno autonmico, brindando la oportunidad de esconder su gestin econmica antisocial. Es as como desde las instituciones catalanas se comienza proyectar la idea de que los problemas de Catalunya se derivan de su convivencia con Espaa, el independentismo se complejiza, alejndose del nacionalismo histrico de CIU y, por tanto, dejando de ser una cuestin propia de la burguesa catalana.

Este viraje por parte del sector de Mas produce la ruptura de CIU, Uni (partido democratacristiano de la coalicin) emprende otro camino a causa de que, si bien es crtico con el encaje territorial actual, no comparte va hacia la independencia que se impuls desde Convergncia, denominado procs (proceso hacia la independencia en una serie de pasos de ruptura con Espaa). Mientras que Convergncia se vio obligada a reconstituirse con otro nombre con el fin de mantener algo de credibilidad, dado que se encontraba asolada por casos de corrupcin.

En este contexto de declive de CIU y de apertura para el debate desde las instituciones, por un lado toma protagonismo ERC (que haba quedado al margen desde el retorno a la democracia) y, por otro lado, irrumpen las CUP, un conjunto de partidos de izquierda anticapitalista. Ambos retoman anhelos truncados por la dictadura fascista, como la repblica y la justicia social. Adems, toman fuerza dos asociaciones autnomas de los partidos, que renen al conjunto de la sociedad civil bajo la bandera de la independencia. Viejos y nuevos actores que conforman un movimiento complejo, heterogneo e interclasista; en algunos sectores acadmicos se habla de que en Catalunya se vive un momento populista, que convoca en torno al catalanismo a todas las voluntades dispuestas a defender un estado republicano e independiente.

No obstante, por el lado no independentista toma relevancia Ciutadans (Ciudadanos en el resto de Espaa), partido de derecha neoliberal que crece en desmedro del PSOE y PP catalanes. Alejados de esta esfera, nace Podemos Catalunya y, por otro lado, ElsComuns, ambos de alta afinidad que, junto con Esquerra Unida, intentan huir de la categora identitaria como eje poltico, abogando por un referndum pactado cuyas preguntas no sean s o no, sino que frente a un s a la independencia haya una propuesta de una Espaa federal con mayor fortaleza el estado social, pasando necesariamente por un proceso constituyente.

Esta propuesta es la que mayor oposicin despierta en el seno del rgimen del 78, pues algo as hara inevitable discutir sobre la monarqua y la relacin con la UE, a lo cual se niegan de manera categrica los sectores que ostentan el poder. La estrategia del PP, con el apoyo de Ciudadanos y el PSOE, ha sido de tipo jurdica, de defensa acrrima y literal de la constitucin mediante todos los canales legales a su disposicin, desdibujando la separacin de poderes y llevando al sistema democrtico del 78 a niveles de descrdito sin precedentes. Peor an, debido al proceder del PP para la suspensin el estatuto de autonoma, que haba sido aprobado por Catalunya y el Estado (en algo que prometa dcadas de paz en torno al tema), se ha generado una crisis de legitimidad de la cual no parece haber retorno.

En este escenario, resulta preocupante la agudizacin de las posturas nacionalistas de ambos lados, con la distincin que detrs del nacionalismo espaol habita un fascismo cuya simbologa y discurso no ha tenido un ajuste de cuestas real con los valores democrticos, como s ocurriera en Alemania. Esta agudizacin se produce gracias a un crculo vicioso entre ambas posiciones contrapuestas, cuyos lderes han estado ms bien interesados en no perder su electorado ni sus asientos. Es decir, ha sido ms rentable a corto plazo mantener viva la discusin sobre la independencia de Catalunya, por sobre el problemtico cambio estructural que est sufriendo Espaa (y Europa) producto del aumento de la pobreza y la desigualdad en los ltimos aos. Cuestin que ha situado al cambio poltico representado por Podemos (nico partido a nivel estatal que defiende la plurinacionalidad) en un lugar marginal de la discusin, suponiendo una fuerte amenaza para los aires de cambio que viene experimentando Espaa.

En momentos en que la autonoma de Catalunya se encuentra intervenida por parte del Estado (mediante la aplicacin del artculo 155 de la constitucin) como respuesta a la simblica declaracin de independencia, los lderes de los partidos y asociaciones independentistas estn encarcelados, y hay convocadas unas elecciones autonmicas anticipadas (21D), sin duda una verdadera situacin de excepcionalidad. La cuestin catalana no tiene solucin a corto plazo si los resultados confirman la existencia de dos bloques enfrentados, con votos por debajo de la mayora absoluta. Frente a estas circunstancias, una tercera alternativa sera un bloque de izquierdas que pudiera formar gobierno, lo que supondra un abandono temporal del problema territorial como prioridad, para comenzar a revertir las polticas neoliberales que, al mismo tiempo, genere las condiciones para el dilogo. Esto depender del papel de partido minoritario, pero crucial (segn dicen las encuestas) de la coalicin que incluye a Podemos Catalunya.

Roco Guerrero es economista y colaboradora del Grupo de Anlisis Internacional de Nueva Democracia

Columna publicada en http://fundacioncrea.cl y www.eldesconcierto.cl

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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