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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2017

Reflexiones sobre la situacin de Alemania y Europa

Fernando Luengo
Viento Sur


El objetivo de las lneas que siguen es ofrecer algunas pinceladas sobre la situacin actual y las perspectivas de la economa alemana. Empezaremos presentando algunos datos relativos al cuadro macroeconmico que, interpretados en clave convencional, sostendran que este pas ha superado la crisis. A continuacin, entramos en algunas consideraciones que matizan ese buen balance macroeconmico. Concluimos con algunas propuestas que, en nuestra opinin, deberan ser tenidas en cuenta para abrir un escenario de salida de la crisis. El texto est pensado en una doble perspectiva, ntimamente imbricada, domstica y europea.

La economa va bien!

Se ha convertido en un lugar comn presentar a la economa alemana como un modelo a seguir y un ejemplo de buenos resultados econmicos, que, como se acaba de sealar, apuntaran inequvocamente a una superacin de la crisis. Algunos datos que apoyan esta lnea de argumentacin son los siguientes:

El producto interior bruto (PIB) real esto es, el PIB nominal, descontada la inflacin- es mayor que el de precrisis, siendo en 2016 un 9,4 % superior al de 2007. Desde 2014 el PIB ha experimentado un notable crecimiento, que en 2016 se ha situado cerca del 2 %. En estos ltimos aos, el aumento del output, en promedio, ha sido ms intenso que el obtenido entre 2000 y 2007. Las previsiones de Eurostat apuntan a que la senda de crecimiento del PIB ser similar a los ltimos aos, 1,6 % en 2017 y 1,9 % en 2018.

Tambin las cuentas pblicas se encuentran en una posicin favorable, situndose en los parmetros del Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento (PEC), que sitan los niveles de dficit y deuda pblicos, respectivamente, en el 3 % y el 60 %. Desde 2014 el moderado dficit de los aos previos se ha convertido en un supervit, que en 2016 se ha acercado al 1 % del PIB. En trminos de saldo primario (saldo pblico, antes del pago de intereses) el excedente se ha mantenido en estos ejercicios por encima del 2 % del PIB. Eurostat contempla que en el prximo bienio se mantendr, ligeramente aminorado, el saldo pblico positivo. La deuda pblica, como porcentaje del PIB, ha continuado reducindose, hasta alcanzar en 2016 el 68% del mismo; se espera que en los prximos aos contine esa tendencia hasta aproximarse al umbral del 60%.

La creacin de puestos de trabajo ha avanzado tambin a buen ritmo. El nivel de empleo en 2016 era un 8 % superior al de 2007 y la tasa de empleo, en porcentaje de la poblacin activa, era casi 6 puntos porcentuales superior a ese nivel. Todo ello ha supuesto que la tasa de desempleo se encuentre en niveles histricamente bajos, muy inferiores a los existentes antes de que estallara la crisis: 4,4% en 2016 frente al 8,5 % de 2007. Eurostat pronostica que este resultado se mejorar en el bienio 2017-2018. En paralelo a la creacin de empleo, los estndares salariales han mejorado; as lo confirma que la compensacin promedio por empleado en trminos reales (utilizando el deflactor del ndice de precios al consumo) ha crecido entre 2014 y 2016 a tasas prximas al 2 %.

Y, por supuesto, las cuentas exteriores registran un supervit, con un saldo positivo en la balanza por cuenta corriente, que, adems, ha aumentado en los ltimos aos. De acuerdo con Eurostat, en 2016 ha representado el 8,5 % del PIB, casi dos puntos porcentuales ms que en 2007. El Fondo Monetario Internacional (FMI) avanza que la economa alemana obtendr registros similares en 2017 y 2018.

Elementos para una reflexin crtica

Planteamos a continuacin algunas observaciones que en algunos casos matizan y en otros cuestionan la excelencia de ese cuadro macroeconmico. Precisemos, antes de continuar con la argumentacin, que ese balance es sustancialmente mejor que el acreditado por la periferia meridional y ms concretamente por la economa espaola represe a modo de ejemplo en los datos en materia de deuda pblica y desempleo-, lo que, sin duda alguna, ofrece un amplio margen de maniobra a los responsables polticos alemanes que, de existir voluntad y compromiso con la ciudadana, podra ser utilizado para mejorar sus condiciones de vida, que debera ser el objetivo ltimo de toda poltica econmica. Tengamos en cuenta asimismo que tan positivos resultados slo se entienden en el contexto ms amplio de la posicin prominente de Alemania, tanto en Europa como a escala global, y del sesgo de las polticas implementadas por la Troika (Comisin Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).

Una consideracin al respecto del cuadro macroeconmico que se acaba de presentar de manera sucinta es que, si reparamos en el PIB, diferentes organismos internacionales vaticinan que las actuales tasas de crecimiento que, en cualquier caso, no alcanzan el 2 % anual- no se mantendrn en los prximos aos. Por ejemplo, el FMI describe una senda de crecimiento en el periodo 2017-2022 dominado por una persistente desaceleracin en el avance del PIB alemn, cuyo aumento en 2022 apenas superara el 1 %.

Los resultados positivos en materia de crecimiento cosechados por Alemania (y la mayor parte de las economas europeas) durante los ltimos aos se han debido, en buena medida, a un conjunto de factores excepcionales y externos: el bajo precio del petrleo (insumo fundamental para el sostenimiento del entramado econmico, especialmente de la industria), la poltica expansiva del Banco Central Europeo (que ha mantenido bajos los tipos de inters y ha inyectado considerables cantidades de liquidez al sistema bancario) y un euro dbil (que ha estimulado las exportaciones). Hay razones para pensar que esta excepcionalidad, y los beneficios asociados a la misma, no se mantendrn en los prximos aos; de hecho, ya se estn produciendo modificaciones sustanciales en este escenario, como el alza en el barril de crudo desde los 31 euros en diciembre de 2015 hasta los 43 en agosto de 2017- y la apreciacin del tipo de cambio del euro en los ltimos meses, entre abril y agosto, su revalorizacin frente al dlar estadounidense ha sido del 13 %-.

La economa alemana se enfrenta a importantes desafos estructurales que la gestin conservadora de la crisis, lejos de haber resuelto, los ha enquistado. Destaca, por su centralidad en todo el engranaje econmico, la inversin productiva. Si bien se ha recuperado en los ltimos aos, contina situada en niveles muy bajos, siguiendo una tendencia que, por lo dems, ya se observaba antes del crack financiero. La formacin bruta de capital fijo representaba en 2016 el 20 % del PIB, un porcentaje similar al de 2007, pero tres puntos porcentuales inferior al nivel de 2000 (ms lejos todava de los registros de comienzos de los 90). Esa dinmica se aprecia tanto en la inversin privada como, muy especialmente, en la pblica. La tendencia seguida por la inversin pone de manifiesto la dbil relacin existente entre beneficios que han conocido una evidente mejora en estos aos- y la actividad inversora. Hagamos notar, asimismo, que, a pesar de los bajos tipos de inters, la actividad inversora apenas mejora, lo cual invita a una reflexin sobre los factores que la determinan y ahora la lastran-; ms all de los de naturaleza estrictamente monetaria, tienen un peso importante la expectativa de evolucin de los mercados y la posibilidad de obtener rentabilidades lucrativas en el negocio financiero.

El ndice de Gini, ratio que mide la desigualdad monetaria y que puede alcanzar valores comprendidos entre 0 y 100 (mxima equidad e inequidad), nos devuelve la imagen de un pas donde ha aumentado la desigualdad en los ltimos aos, con un valor del ndice que coloca a Alemania en el tramo de pases ms inequitativos de la Unin Europea (UE), con un valor en 2015, ltimo ao para el que Eurostat ofrece informacin estadstica, de 30,1.Todava resulta ms revelador la aplicacin de este ndice a la riqueza detentada por los individuos. Segn el Global Wealth Databook 2016, elaborado por el Research Institute del Credit Suisse, el ndice de Gini en este caso ms que duplica el valor anterior, hasta alcanzar el 78,9.

Si ponemos el foco en el tramo inferior de la escala distributiva observamos que la crisis no slo ha golpeado a los ms vulnerables, sino que la recuperacin de la economa no ha mejorado de manera sustancial sus condiciones de vida. En este sentido, resultan especialmente llamativos los indicadores que miden el porcentaje de la poblacin en situacin de pobreza o exclusin social y la pobreza. El primero de ellos afectaba en 2015 al 20 % (ms de 16 millones de personas); y el segundo nos dice que un 15 % de la poblacin (ms de 12 millones de personas) viva en ese ao por debajo del umbral de la pobreza. Todo ello en un contexto, insistamos de nuevo en este asunto, de crecimiento econmico, y cuando el discurso dominante insiste en que ste ofrece oportunidades a todos.

El contrapunto de esta situacin se encuentra en la creciente concentracin de la renta y la riqueza. Los grupos sociales situados en la cspide de la estructura social han conservado casi intactas o incluso han reforzado sus posiciones de privilegio. Con todas las reservas que cabe formular sobre la informacin disponible (limitada y sesgada), las estadsticas apuntan con claridad en esa direccin. Segn el Credit Suisse, el 2,4 % de la poblacin adulta tena en 2016 una riqueza superior al milln de dlares. El 10 % ms rico concentraba en 2016 el 64,9 % de la riqueza, el 5 % el 50,1 % y el 1% el 29,5 %.

Mencin aparte merece lo acontecido en el mercado laboral. Es cierto que el ritmo de creacin de empleo ha sido intenso, pero la calidad de buena parte de los nuevos puestos de trabajo es endeble. Se trata de empleos a tiempo parcial y de bajos salarios (popularizados con el nombre de minijobs), que a menudo reemplazan empleos a tiempo completo. En 2016 casi 11 millones de alemanes trabajaban a tiempo parcial (declarando una parte importante de ellos que desearan trabajar a tiempo completo), lo que significaba 400 mil ms que en 2014 y 1236 mil por encima de los que existan en 2007. En trminos porcentuales, los trabajadores empleados en estas condiciones representaban en 2016 el 26,7 % (26,5 % en 2014 y 25,4 % en 2007). La precariedad asociada a los trabajos a tiempo parcial y las bajas remuneraciones percibidas por los mismos explica el considerable nmero de alemanes obligados a tener ms de un trabajo. Segn Eurostat, ms de 2 millones en 2016, 227 mil ms que dos aos antes y 783 mil ms que en 2007 (estos datos tambin ayudan a relativizar las cifras de creacin de empleo)

La participacin de los salarios en el PIB se ha mantenido en estos ltimos aos en el entorno del 56 %, tres puntos porcentuales por encima de los registros de precrisis, pero todava lejos de los valores que esta ratio tena en 1999. Tomando este periodo ms largo como referencia, encontramos que la compensacin promedio por empleado en 2016 tan slo ha aumentado un 8,2 %; en ese mismo lapso de tiempo, la productividad real ha progresado un 11,2 %.

Para tener una valoracin ajustada de los datos anteriores, debe tenerse en cuenta que el indicador que mide la compensacin por empleado, al tratarse de una magnitud promedio, oculta las disparidades existentes, muy significativas, entre los diferentes grupos de trabajadores. Oculta, en definitiva, que el abanico salarial se ha abierto. En efecto, las cspides empresariales han mantenido su patrn retributivo (donde las rentas del capital suponen una parte importante), mientras que los colectivos situados en los tramos medios y, sobre todo, bajos han perdido capacidad adquisitiva.

Los resultados obtenidos en materia de equidad constituyen una de las piedras angulares del balance de las polticas aplicadas en estos aos de perturbacin econmica. El anlisis estndar omite la desigualdad como uno de los factores centrales que explican la crisis e impiden su superacin; adems, hace depender del crecimiento econmico los avances en esta materia. Asimismo, el enfoque convencional ha convertido en un lugar comn referirse a Alemania, como si las diferencias sociales no existieran o fueran irrelevantes, y como si las condiciones de vida de todos los habitantes que forman parte de ese pas mejoraran en mayor o menor medida con la recuperacin de la actividad econmica.

La economa alemana se ha visto beneficiada por la poltica seguida por las instituciones comunitarias. Estas han impuesto un diagnstico de la crisis que responsabiliza, por encima de cualquier otra consideracin, a las economas perifricas de haber vivido por encima de sus posibilidades, permitiendo aumentos salariales desmedidos y acumulando crecientes e insostenibles dficits en los pagos exteriores, con el consiguiente desbordamiento de la deuda externa. Siguiendo ese diagnstico, Bruselas ha exigido un pack de medidas salariales y fiscales, as como polticas estructurales consistentes en privatizar y mercantilizar el sector pblico, favorecer la concentracin empresarial y desregular los mercados laborales, todo lo cual ha cargado sobre las periferias el coste de la crisis. Este diagnstico ha ignorado en la prctica la responsabilidad en el desencadenante y amplitud de la Gran Recesin de aquellas economas que, como la alemana, han generado cuantiosos excedentes comerciales y por cuenta corriente y han alimentado con los mismos los circuitos financieros europeos y globales; tambin ha omitido la problemtica asociada a una poltica salarial y fiscal marcadamente restrictiva. Este diagnstico sesgado no slo ha perjudicado claramente a las periferias (y a las clases populares del norte y del sur) sino que ha permitido que la economa alemana en su conjunto saque provecho de los ajustes llevados a cabo en las economas meridionales europeas.

Hay que sealar, en este contexto, que los rescates a los pases y a los bancos de la periferia, han servido en realidad para rescatar a las corporaciones financieras de los pases acreedores, como Alemania, convirtiendo deuda privada en deuda pblica, ahora contrada con las instituciones comunitarias y el FMI. De esta manera, los grandes bancos alemanes no han tenido que asumir el coste asociado a las excesivas posiciones de riesgo adoptadas en los aos de boom financiero, fuente de cuantiosos beneficios. Lo acontecido en Grecia es un claro ejemplo al respecto. Con el seuelo de rescatar al pas heleno, se ha socorrido a las grandes entidades financieras alemanas (y de otros pases), evitando de este modo el coste que habra supuesto para el gobierno de Merkel asumir el saneamiento de sus endeudados bancos.

La lgica mercantilista sobre la que, en buena medida, se sostiene la economa alemana articular su crecimiento alrededor del sector exportador- necesita que otras economas, europeas y extracomunitarias, absorban los excedentes alemanes, situndose, por lo tanto, en posiciones deficitarias. Esta asimetra, que ha podido funcionar mientras exista dinero abundante y barato, ha caracterizado a la Unin Econmica y Monetaria (UEM) desde su creacin, pero no en los aos de crisis. Las polticas llevadas a cabo para reducir los abultados dficits comerciales y por cuenta corriente y los elevados niveles de deuda externa, pblica y privada, han tenido un efecto contractivo sobre las importaciones (las exportaciones de Alemania), lo cual ha bloqueado, al menos parcialmente, la posibilidad de reciclar los excedentes financieros generados por el creciente supervit por cuenta corriente de Alemania, cuyo origen ahora se encuentra fundamentalmente en los intercambios que este pas mantiene con el resto del mundo, especialmente con Estados Unidos. Hay que reparar, asimismo, en el peso que tienen en la balanza por cuenta corriente las rentas de inversin, productivas y financieras; los ingresos correspondientes a esta partida no han dejado de aumentar en los ltimos aos, representando un importante flujo de entrada de capital para Alemania,

El crecimiento del comercio mundial, necesario para compensar esa deriva de la zona euro y para sostener la estrategia exportadora alemana, est expuesto a un escenario de incertidumbre. Con datos del FMI, se aprecia que el ritmo de crecimiento de las exportaciones mundiales de bienes y servicios entre 2014 y 2016 (los aos en que, supuestamente, se est saliendo de la crisis), aunque positivo, apenas alcanz el 3 %. Si bien esta misma institucin contempla unas previsiones de aumento de los flujos exteriores, de un 3,7 %, todava est muy lejos de los registros obtenidos entre 2000 y 2007.

Los procesos de integracin econmica impulsados por los mercados, que es lo mismo que decir por las grandes corporaciones comerciales, industriales, financieras y agroalimentarias- benefician sobre todo a aquellos actores empresas y pases- que exhiben mejores estndares competitivos. Esta afirmacin vale tambin para la integracin europea. Si bien fue presentada como una excepcin a la globalizacin, por la presencia en ella de instituciones con perfil redistributivo, en realidad, con el paso del tiempo, los mercados, y los intereses que articulan, han impuesto su agenda, conquistando las instituciones comunitarias, debilitando de esta manera las polticas redistributivas entre los pases europeos y dentro de ellos.

Una vez concluida la segunda guerra mundial, el estatus de Alemania como uno de los principales baluartes en la lucha contra el comunismo confiri a este pas una posicin prominente en el tablero global de las relaciones internacionales. Aadamos a esta estratgica situacin en la geopoltica del mundo bipolar que domina la denominada Guerra Fra, la hoja de ruta seguida por la construccin europea. Esto es, la decisin poltica de avanzar por la senda del desarme arancelario, el mercado nico y la unin monetaria, y, por supuesto, la desintegracin del bloque del Este y la incorporacin a la UE de un nutrido grupo de pases que formaban parte del mismo, colocando en un plano subordinado o ignorando las dimensiones sociales, ecolgicas y redistributivas. Todos estos factores han favorecido el crecimiento de la economa alemana. Concretamente, la integracin econmica europea ha permitido la colocacin de las exportaciones alemanas; tambin ha favorecido la adquisicin de insumos, partes y componentes a bajo precio. Ese mismo proceso de integracin ha facilitado el redespliegue de las cadenas de creacin de valor, a travs de las inversiones extranjeras directas y los acuerdos de subcontratacin. En fin, el diseo de la zona euro ha estado inspirado en una moneda fuerte, la ausencia de instrumentos redistributivos que corrigieran las asimetras que inevitablemente ocasionaran las disparidades estructurales entre pases y el libre movimiento de capitales, y la plena responsabilidad de los pases deficitarios y deudores a la hora de acometer los ajustes asociados a esos desequilibrios (aunque, en teora, las economas con supervits tambin tendran que realizar correcciones en sus economas para reducirlos). Estos principios se corresponden con la visin poltica de Alemania, que se ha impuesto con claridad frente a otros posibles modelos de integracin que incorporaban un diseo ms federal.

La implementacin de una poltica mercantilista, sostenida en el impulso del sector exportador, ha sido uno de los motores de la economa alemana, pero en modo alguno ha representado o representa una estrategia viable de salida de la crisis para el conjunto de las economas europeas. Por dos razones. En primer lugar, las empresas del resto de socios comunitarios, sobre todo de los perifricos, carecen de las ventajas productivas y competitivas de las firmas exportadoras alemanas; estas contienen un plus de calidad (sofisticacin ms tecnologa) con el que no cuentan las meridionales. En segundo lugar, las polticas de signo exportador, que permiten que algunos pases generen excedentes en sus balanzas comerciales, obliga a que otros, los menos competitivos, registren dficits, y, en consecuencia, aumenten su deuda externa.

En los ltimos aos las economas que haban alcanzado mayores cotas de deuda externa aquellas que registraban dficits crnicos en sus intercambios comerciales- han reducido sus importaciones (exportaciones alemanas) para corregir su vulnerabilidad externa. En paralelo, han intentado fortalecer su potencial exportador este era justamente uno de los objetivos de las devaluaciones salariales-. El resultado de todo ello ha sido un generalizado recorte de los dficits comerciales y en algunos pases y aos la obtencin de supervits. Magro logro, pues est asociado a la recesin o al bajo crecimiento; como quiera que los desequilibrios estructurales que subyacan en las posiciones deficitarias no se han corregido (sino todo lo contrario), la mejora del PIB ha deteriorado de nuevo los saldos comerciales.

Dado que desde las instituciones comunitarias se han ejecutado drsticas polticas de austeridad, las empresas han desplazado una parte importante de su estrategia internacionalizadora a territorio extracomunitario, mbito en el que la zona euro en su conjunto (y Alemania de manera muy destacada) registra posiciones excedentarias (el supervit por cuenta corriente obtenido por este pas, en % del PIB, en los intercambios extraUE28 ya es superior al registrado con la UE). De este modo, la recuperacin de la actividad econmica de la UE se hace depender de la capacidad de absorcin del mercado mundial, sobre el que acechan importantes elementos de incertidumbre. Ese supervit introduce, adems, un factor de presin sobre la cotizacin internacional del euro, presionando al alza la misma. Ese escenario alcista perjudicara sobre todo a aquellas economas, como la espaola, cuyas ventajas competitivas descansan sobre todo en el precio, resistiendo mejor las que, como Alemania, exhiben una posicin externa ms slida.

El diagnstico que Bruselas y el conjunto de las instituciones internacionales han realizado de la naturaleza de la crisis es un buen ejemplo de las asimetras que recorren Europa. Un diagnstico que ha responsabilizado a las economas perifricas (adems de a los trabajadores y al sector pblico), que, utilizando el mantra oficial, habran vivido por encima de sus posibilidades, mientras que las polticas econmicas de las del Norte habran estado presididas por la prudencia y el buen gobierno. Sin entrar ahora a analizar la falacia de ese razonamiento en lo que concierne a las economas perifricas, s es necesario salir al paso de las buenas prcticas de las economas del norte de Europa. Las polticas de represin salarial desde la implantacin del euro han sido un ejemplo de polticas no cooperativas que han estado en el origen de la crisis y que estn dificultando su superacin. Esa poltica salarial aumentando la desigualdad alemana y perjudicando a los estratos sociales ms desfavorecidos- ha reforzado el perfil exportador alemn por la va de contener la demanda interna y depreciar el tipo de cambio efectivo real, contribuyendo, adems, a meter a las economas europeas en un bucle deflacionista del que, como sabemos, es muy difcil salir.

Una Alemania para Otra Europa

El debate europeo no est ocupando un espacio relevante en las elecciones alemanas, centradas sobre todo en los asuntos domsticos. Gran error, pues lo cierto es que la evolucin de la economa alemana se ve influida por lo que acontezca en el espacio comunitario, del mismo modo que el presente y el futuro de la UE y de la zona euro dependen en buena medida de las polticas que cristalicen en Alemania. Es clave, por lo tanto, que la agenda econmica, poltica y social de Alemania se impregne de Europa. Impregnar en absoluto significa, como de hecho est sucediendo, imponer una hoja de ruta que slo beneficia a las economas del Norte y a las oligarquas del Norte y del Sur.

Es posible y necesario aumentar los salarios y el gasto pblico alemanes. Esas dos medidas son piedras angulares que deben modular en los prximos aos la economa alemana. Avanzar en esa direccin permitir dinamizar la demanda interna, tanto en la esfera del consumo como de la inversin, y afrontar la inaplazable agenda de transformaciones estructurales, que pasa por un decidido compromiso con la educacin, la innovacin tecnolgica, la sostenibilidad y la renovacin de las infraestructuras. Todo ello significa que Alemania debe aceptar un aumento de los precios superior al actual, que roza el territorio de la deflacin (en 2016 fue de tan slo un 0,4 %), contribuyendo de esta manera a un objetivo esencial de la poltica econmica europea, alcanzar una tasa de inflacin del 2 %.

En clave europea, el previsible aumento de las importaciones y la aminoracin de los flujos exportadores, asociados al impulso de la demanda interna alemana crearn las condiciones para absorber y corregir los desequilibrios de las balanzas de pagos, tanto del lado del supervit de Alemania como del de los dficits de las periferias, que vern ampliado los mercados para la venta de sus bienes y servicios.

Como se ha sealado antes, la represin salarial ha representado la quintaesencia de las polticas aplicadas en Alemania y en el conjunto de los pases europeos. Los salarios tienen que aumentar, para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y, de paso, dinamizar la demanda. Su empoderamiento es la verdadera piedra de toque de la renovacin del tejido productivo y empresarial; se trata, pues, de una visin radicalmente distinta de la convencional de las polticas de oferta, que sostienen la necesidad de presionar sobre los costes laborales para mejorar la posicin competitiva de las empresas. Como regla general, los salarios tienen que crecer en lnea con la productividad del trabajo ms el objetivo de inflacin, que el BCE sita en el entorno del 2 %, ms un porcentaje que compense la brecha competitiva generada con el resto de socios comunitarios en los aos de drstica represin salarial; aumentando en mayor medida los de los grupos de poblacin que han perdido ms capacidad adquisitiva. El objetivo en los prximos aos es recuperar el peso que los salarios tenan en la renta nacional cuando se implant la moneda nica, lo que supone un crecimiento de tres puntos porcentuales, hasta situar esa ratio en el 59 %. La responsabilidad del gobierno en este viraje es clave, aumentando el salario mnimo, mejorando las retribuciones de los trabajadores pblicos, promoviendo la contratacin a tiempo completo y penalizando la fraudulenta. Dadas las extravagantes retribuciones de las elites empresariales en absoluto justificadas por la productividad de su trabajo, sino por las posiciones de poder que detentan- creo necesario introducir el debate sobre los lmites de esas retribuciones. Teniendo en cuenta el enquistamiento de la precariedad y la pobreza en Alemania, resulta asimismo imprescindible introducir el debate poltico y ciudadano sobre la aplicacin de una renta bsica universal.

En el terreno de la poltica presupuestaria, Alemania puede y debe imprimir un viraje sustancial en su poltica econmica. Los ajustes en las cuentas pblicas han dominado la gestin macroeconmica en los aos de crisis, en Alemania y en Europa. El gasto pblico alemn, en porcentaje del PIB, est por debajo del promedio comunitario, siendo asimismo inferior al de aquellos pases con similares niveles de renta por habitante (lo mismo cabe decir en lo que se refiere a los rubros de gasto social y productivo). La economa alemana no slo cuenta con margen suficiente para flexibilizar su rigor presupuestario, sino que dicha flexibilizacin, a travs de la activacin del gasto pblico, es una necesidad para la economa de este pas, para corregir la fractura social y para avanzar hacia Otra Europa.

Bruselas, con el decisivo concurso de los responsables polticos alemanes, no slo han impuesto unas fracasadas polticas de austeridad. La coalicin de intereses oligrquicos que ha colonizado las instituciones comunitarias ha llevado a cabo reformas que apuntan a un federalismo burocrtico y autoritario. Un limitado, insuficiente y sesgado rediseo institucional de la zona euro, que no corrige los problemas fundamentales de la misma, que mantiene y refuerza el estatus quo y que entrega el denominado proyecto europeo a las grandes corporaciones y a la industria financiera, perjudicando a la mayora de la poblacin alemana y asfixiando a las economas perifricas de la eurozona y la UE. En esto ha consistido la poltica europea de Alemania. Perseverar en la actual trayectoria, adems de no abrir un escenario de superacin de la crisis, adems de empobrecer a una buena parte de la poblacin, nos conduce a un abismo donde nos esperan (ya estn presentes, de hecho) los partidos y movimientos xenfobos y fascistas, situndonos en un escenario donde las inercias desintegradoras pondran incluso poner en jaque a la unin monetaria y la UE. Por todo ello, Europa su ciudadana, pues eso es lo que en definitiva ms importa- necesita reformas en profundidad, tanto de sus instituciones como de sus polticas. De manera inmediata, pues la gravedad de la situacin lo exige, hay que aplicar un pack de medidas de emergencia que deberan incluir la celebracin de una conferencia sobre la deuda privada y pblica (iniciativa que trabajara con una agenda que incorporara auditora ciudadana, moratorias, quitas y reestructuraciones); un ambicioso plan de rescate a la periferia y un pacto europeo de crecimiento de los salarios. Con la actual institucionalidad, si hubiera voluntad poltica (y Alemania debe desempear en este sentido un papel clave), estos objetivos seran viables. Resulta evidente que ello significa desbordar las lneas rojas que, rgida y autoritariamente, ha impuesto la poltica alemana de los ltimos aos, rechazando de plano todas aquellas propuestas que apuntaban a una Europa ms cooperativa y solidaria; y, claro est, implica poner fin a las polticas salariales presupuestarias, y las exigencias de la Comisin Europea en estos mbitos.

En paralelo, es preciso abrir una agenda de ms calado que conducir necesariamente a la aprobacin de un nuevo tratado europeo. Los objetivos de la nueva Europa en materia de poltica econmica deben ser la convergencia productiva, social y territorial hacia los estndares ms elevados, la equidad de gnero y la sostenibilidad. En el terreno de las instituciones, adems de otorgar ms protagonismo al parlamento europeo, es necesario crear nuevas instituciones y protocolos que promuevan y faciliten la intervencin de la ciudadana. En un contexto donde se establezcan los pilares de Otra Europa, habr que establecer nuevos criterios de condicionalidad, disear un nuevo y ms ambicioso presupuesto europeo, sostenido en la suficiencia financiera y la progresividad fiscal, y redefinir los objetivos del BCE y del Banco Europeo de Inversiones, todo ello en la lnea de los objetivos que acabamos de sealar. Para que esa Europa emerja hay que introducir en el debate poltico y ciudadano un plan de reformas estructurales dirigido, entre otros objetivos, a la reforma del sector financiera, desactivando su potencial especulativo, limitar el poder de las grandes corporaciones, prohibir los parasos fiscales, combatir el fraude fiscal y garantizar la negociacin colectiva, corregir las disparidades territoriales y promover la sostenibilidad medioambiental y la equidad de gnero.

Las propuestas anteriores, y otras que pudieran formularse en la misma lnea, colisionan con los intereses de las elites econmicas y polticas europeas (no slo alemanas), que contemplan la actual institucionalidad y polticas comunitarias como la va para el mantenimiento y la reproduccin de las actuales relaciones de poder, y de un sistema capitalista crecientemente extractivo, en lo social y en lo ecolgico. As las cosas, slo una ciudadana organizada y politizada, actuando local y globalmente, est en condiciones de liderar un verdadero proceso de transformacin, de abrir el candado que permita construir Otra Europa. Est por ver si esta dinmica, eminentemente poltica, pone sobre la mesa la necesidad abandonar la zona euro o, incluso, la propia disolucin de la misma y de la UE. Todos los escenarios estn abiertos, ante el ms que previsible cierre de filas de las oligarquas para impedir cualquier transformacin que supere la institucionalidad actual (las polticas, en lo fundamental, ni siquiera se cuestionan) o la mera reforma de la misma. Las fuerzas del cambio que libran la batalla por Otra Europa y que no consideran que ahora mismo el epicentro de esa batalla pivota en torno a la salida de la moneda nica (aun reconociendo que el euro, en su actual formulacin, es la opcin de los poderes econmicos y polticos y que el margen de maniobra para hacer polticas en beneficio de las mayoras sociales es cada vez ms reducido), haran bien en considerar y en prepararse para todos los escenarios, incluido el de la ruptura o salida de la UEM.


Fernando Luengo, profesor de Economia Aplicada (UCM) y miembro de la Secretaria Europa de Podemos

Nota:

Agradezco los comentarios a un primer borrador de Sergi Cutillas, Marina Pla, Guillermo Vzquez, ngel Martnez Gonzlez-Tablas, Emilio Pea, David Trillo y Mara Eugenia Ruz-Glvez



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