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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2015

La influencia de Laclau y Mouffe en "Podemos"
Hegemona sin revolucin

Miguel Sanz Alcntara
Libre Red


La influencia del populismo de izquierdas de Laclau y Mouffe en el ncleo impulsor de Podemos resulta evidente. En este artculo desgranamos los elementos que configuran este pensamiento y lo contrastamos precisamente con el del revolucionario italiano que los inspir, Antonio Gramsci.

La propuesta poltica de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe es claramente el principal asidero terico del ncleo fundador de Podemos: Pablo Iglesias, igo Errejn, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa. Parece ser que con diferentes matices, todos ellos se mueven en un acuerdo de orientacin prctica con referencia en la teora Laclau-Mouffe.

Laclau, nacido en 1934, milit en el marxismo nacionalista argentino desde los aos 60. Su evolucin a partir del golpe de Estado de marzo de 1976 (ya afincado en la Universidad de Essex, Inglaterra) le condujo a un alejamiento progresivo de sus anteriores posiciones hasta dar nacimiento, junto a Chantal Mouffe, a lo que se ha denominado postmarxismo[1].

Uno de los motivos que impuls el surgimiento del postmarxismo fue la bsqueda de una adaptacin de la izquierda a los nuevos movimientos sociales surgidos tras 1968 (feminismo, ecologismo, liberacin gay y lesbiana, antimilitarismo, etc)[2]. Se trataba de teorizar una estrategia poltica que rompiera con el viejo esquema marxista de una transformacin revolucionaria de la sociedad apoyada en la actividad consciente de la clase obrera.

La obra Hegemona y Estrategia Socialista: hacia una radicalizacin de la democracia de 1985 es, quizs, el trabajo ms conocido del postmarxismo. Los planteamientos de Laclau y Mouffe abstractos, oscuros y poco accesibles para los y las lectoras no familiarizadas con el lenguaje del posmodernismo encajaban bien en el ambiente intelectual de los aos 80.

El panorama poltico europeo y norteamericano giraba hacia la derecha (con Reagan y Tatcher en su cnit) y la clase trabajadora y los sindicatos de occidente se batan en retirada. Como veremos, la crtica de Laclau y Mouffe al marxismo es ms bien una crtica a una caricatura de las ideas de Marx y Engels, popularizada primero por los tericos de la Segunda Internacional y despus por el estalinismo. El mismo Laclau, antes de su transicin hacia el postmarxismo, estuvo influenciado por esta forma de interpretacin de las ideas de Marx y Engels, si bien adaptadas a la compleja situacin de la Argentina de los aos anteriores al golpe de 1976, donde el peronismo era con diferencia la corriente poltica dominante[3].

El populismo de izquierdas que viene a ser la sntesis prctica actual de la teora Laclau-Mouffe asumida por la direccin de Podemos tiene, como se explicar a continuacin, bases muy cuestionables desde el punto de vista de la construccin de un sujeto poltico transformador, y consecuencias prcticas que conducen inevitablemente al campo de lo electoral a expensas de las luchas sociales.

La apropiacin sesgada que estos dos autores han hecho del revolucionario italiano Antonio Gramsci, como se explicar al final del artculo, ofrece algunas de las claves para encontrar una respuesta alternativa y transformadora al populismo de izquierdas.

 

Distanciamiento del marxismo

 

Las posiciones desarrolladas por Laclau y Mouffe en los aos 80 extendan la propuesta de Althusser [4] de autonomizacin o independencia de las diferentes estructuras que conforman la realidad social. Para Althusser no exista una totalidad sino que perciba la sociedad dividida en diferentes estructuras, entre las que se encontraran las estructuras econmica, poltica e ideolgica. Estas estructuras se desarrollaran de forma independiente y se relacionaran slo de forma coyuntural [5].

Laclau y Mouffe asumen este planteamiento y llevan al extremo el concepto de autonomizacin: las relaciones sociales no forman parte de un sistema unitario en lo econmico y lo poltico, sino de un campo entrecruzado de antagonismos que pueden o no relacionarse pero que requiere la autonomizacin de las esferas de lucha: no hay, por ejemplo, vnculos necesarios entre antisexismo y anticapitalismo []. Slo es posible construir esta articulacin a partir de luchas separadas, que slo ejercen sus efectos equivalenciales y sobredeterminantes en ciertas esferas de lo social[6].

En este esquema, las luchas de los y las trabajadoras (piedra angular de la transformacin social en el marxismo) no juegan ningn tipo de papel central. La lucha de clases es un punto ms, entre otros, de la articulacin de antagonismos. Es ms, si las esferas ideolgica y econmica de la sociedad son autnomas, los conflictos surgidos en ellos son tambin independientes.

Las identidades de grupos sociales surgidas de estas esferas (identidad de gnero, de raza, de clase, etc.) y sus respectivos conflictos no pueden explicarse desde la existencia objetiva de una fuente primaria de opresin.

Queda descartada as la explotacin de la clase trabajadora en el sistema capitalista (y las relaciones de produccin que conllevan) como elemento configurador del conjunto de las relaciones sociales. Y queda sacralizada la expresin de la lucha a travs de identidades sociales independientes, en esferas de accin que slo encuentran su lugar comn en lo cultural, lo ideolgico y lo discursivo.

Para estos autores, el capitalismo moderno ha deshecho las grandes identidades comunes (en especial la de pertenencia a una clase social concreta) y heterogeneizado los conflictos, produciendo multitud de identidades colectivas diferenciadas. Si bien esto es hasta cierto punto cierto, existe una gran diferencia entre entenderlo como un efecto del capitalismo que, bajo las condiciones adecuadas, puede ser revertido, y el considerarlo una caracterstica intrnseca del capitalismo contemporneo, como consideran los autores del posmodernismo.

En las obras posteriores de ambos autores y, por ejemplo, en La Razn Populista (penltimo libro publicado en vida por Laclau), podemos encontrar numerosos ejemplos de la proposicin de que la lucha es siempre de naturaleza discursiva, ideolgica, y que sta es la esfera realmente totalizante donde deben desplegarse los esfuerzos de accin poltica.

Para Laclau, Mouffe y los autores y autoras del postmarxismo, no hay nada fuera del texto (o del discurso). ste incluye lo ideolgico y lo material: Hablamos de los discursos como totalidades estructuradas que articulan elementos tanto lingsticos como no lingsticos [7]. Una de las consecuencias directas de este planteamiento es el papel central que otorga a los intelectuales en la lucha poltica, algo que encaja como un guante con el ncleo de la direccin de Podemos. Como ha sealado Ellen Meiksins Wood, este planteamiento: necesariamente adscribe a los intelectuales un rol predominante en el proyecto poltico, en tanto que descarga en ellos no menos que la tarea de la construccin de agentes sociales por medio de la ideologa y el discurso [8].

La separacin de las esferas econmica e ideolgica en el anlisis de la sociedad debe ser entendida como una rebelin ya abierta por Althusser y otros pensadores y pensadoras contra el mecanicismo marxista generalizado por el estalinismo y sus intelectuales, dominante desde los aos 30 en el panorama comunista internacional, y del que parcialmente el mismo Laclau proceda. Laclau y Mouffe centran en Hegemona y estrategia socialista gran parte de su crtica contra un marxismo caricaturizado, donde existe una relacin de determinacin cercana a lo absoluto entre la realidad material y la evolucin ideolgica de la sociedad. Valga como ejemplo la obra de Stalin Acerca del Marxismo en la lingstica. En ella se insiste una y otra vez en que la superestructura ideolgica, poltica y jurdica reflejan meramente los cambios en la base de la sociedad (las relaciones de produccin) que a su vez reflejan los cambios en las fuerzas productivas. Esto le lleva a concluir que la esfera de accin de la superestructura es estrecha y limitada [9].

Laclau, Mouffe y muchos otros autores y autoras [10] reaccionan a este planteamiento mecanicista con una independizacin de la superestructura ideolgica, donde encuentran el verdadero campo de accin poltica, un campo tan amplio que acaba abarcando a la realidad material misma. Sin embargo, las ideas de Marx, Engels o pensadores como Gramsci distaban mucho de este mecanicismo crudo criticado por Laclau y Mouffe. Interpretaban esta relacin de forma dialctica, entendiendo que si bien ambos campos de la realidad no estaban separados y la base material de la sociedad ejerce en algunos momentos de forma determinante, la superestructura ideolgica de la sociedad puede adquirir una enorme autonoma. De ah que la batalla poltica o ideolgica sea tambin determinante para el marxismo.

El punto paralizante de la propuesta Laclau-Mouffe es que relega la accin poltica al campo discursivo, cultural o de construccin de identidades. De esta forma sus planteamientos no ofrecen ningn tipo de proposicin coherente acerca de la construccin de sujetos polticos que no sean efmeros o acten, directa o indirectamente, en el campo de la realidad material.

El populismo de izquierda

El esquema de Laclau y Mouffe sirvi durante los aos 80 y 90 para respaldar las polticas de identidad, que frente al retroceso de las luchas obreras provocaron una atomizacin de los diferentes movimientos sociales [11]. Sin embargo, estos autores fueron decantndose ms y ms hacia la definicin de un proyecto poltico que hoy da Chantal Mouffe llama el populismo de izquierdas. En La Razn Populista, Ernesto Laclau expone cmo las diferentes demandas surgidas de los diferentes campos de la sociedad pueden llegar a converger para dar lugar al nacimiento de un sujeto poltico (el pueblo) con capacidad para poner en marcha una nueva poca ms democrtica. Con la ayuda de conceptos y proposiciones procedentes de la lingstica y el psicoanlisis, el autor traza un modelo de anlisis del populismo en clave positiva. El populismo no es una ideologa ni una carencia de ideologa. Es una lgica poltica que atraviesa ideologas y propuestas polticas. Veamos cmo funciona.

Laclau parte de la existencia de demandas democrticas que emanan de diferentes grupos sociales. El primer paso para la construccin de el pueblo es la creacin de una frontera poltica que consiga agrupar todas estas demandas (o una parte considerable de ellas) en un campo comn, y definir al mismo tiempo un enemigo que se encuentra al otro lado de la frontera poltica. Es la labor realizada por el concepto de casta repetido una y otra vez en el discurso pblico de Podemos.

Como se ha dicho anteriormente, el papel del discurso para Laclau y Mouffe no es slo instrumental (la movilizacin a travs de un mensaje poltico) sino tambin constitutivo. Es la lectura correcta de la situacin y la eleccin de un discurso por parte de un liderazgo fuerte y carismtico lo que hace posible el reconocimiento de una cadena equivalencial entre diferentes demandas y la constitucin de un frente poltico comn que parta de demandas dispersas.

El segundo paso es el proceso hegemnico a travs de los significantes vacos. Para Laclau y Mouffe el proceso hegemnico del conjunto de su teora dista mucho del elaborado por Gramsci (como veremos al final de este artculo). Consiste fundamentalmente en que una de las demandas democrticas contenida en esa cadena se erige como contenedora de todas las dems. Pero esto slo puede ocurrir si la demanda que va a convertirse en el signo de todo el movimiento es vehiculada a travs de un significante una palabra o conjunto de ellas cuyo contenido significado est vaco. El concepto de vaco hace referencia a una demanda cuya plenitud nunca puede ser alcanzada y cuyo significado est abierto. Un ejemplo de significante vaco podra ser la demanda de paz, pan y tierra de la revolucin rusa. Esta demanda, en su particularidad, agrupaba al mismo tiempo todo una carga de exigencias particulares contra el zarismo. Por eso al mismo tiempo constitua un significante con capacidad para hegemonizar el proceso y vehicular muchas otras demandas.

La construccin del pueblo segn Laclau implica la consolidacin de este campo poltico, con otros ingredientes como un liderazgo que simbolice al sujeto poltico en su conjunto y movilice los anhelos y pasiones del pblico (la unificacin simblica de un grupo en torno a una individualidad es inherente a la formacin de un pueblo [12]).

Dos aspectos problemticos de la cuadratura del crculo populista

En primer lugar Laclau admite que el populismo es, por definicin, un ejercicio de unin de multitud de elementos heterogneos. Da por hecho que la cadena equivalencial de demandas que darn lugar al sujeto poltico debe agrupar a diferentes clases y sectores sociales. De aqu se deduce que el discurso del populismo debe ser, por definicin, ambiguo, destinado a abarcar al mayor nmero posible de sectores sociales en diverso grado de conflicto con la autoridad.

El seguimiento de esta nocin por parte de Pablo Iglesias e igo Errejn es evidente. Podemos ha ido diluyendo sus posiciones polticas de izquierdas para hacer ms y ms habitable la opinin favorable del mayor nmero de sectores sociales, incluso si sus intereses se encuentran enfrentados. Es difcilmente compatible la unificacin del ncleo de gente trabajadora procedente del 15M (que gritaba que nuestra solucin es mandar a los banqueros a prisin) con los empresarios honestos que el Secretario General de Podemos Madrid, Jess Montero, nombraba en alusin a la familia Botn [13].

Igualmente resulta incompatible casar aquellas demandas que requerirn de una mayor imposicin fiscal y los intereses de las clases medias (pequeos empresarios y profesionales) que no tienen inters en pagar ms impuestos. El resultado es que demandas como la renta bsica, ya de por s poco ambiciosa, acaban cayendo del programa para mantener la cohesin de la cadena equivalencial (o de las perspectivas electorales). La elaboracin del ltimo programa electoral de Podemos para las elecciones autonmicas y municipales es un esfuerzo ms para visualizar esta unin heterognea e inestable de intereses sociales.

Una intervencin clarificadora en este sentido fue la de Carolina Bescansa hace ya meses, cuando en el proceso de primarias de la Comunidad de Madrid, para desacreditar al sector crtico de Podemos, esgrimi frente a la prensa que existe un Podemos para protestar y otro para ganar [14].

Efectivamente, con un sujeto poltico que contiene intereses sociales no definidos que pueden llegar a ser contradictorios no es posible poner en marcha un frente comn con objetivos claros destinado a la movilizacin y la conquista popular de derechos. Lo que se puede hacer con un sujeto poltico as es lo que la direccin estatal de Podemos est haciendo: apelar a nuestro voto o a todo lo que sirva para captar ms votos, pero nada ms. El proceso de desmantelamiento de los crculos como espacios de organizacin social est tambin relacionado con las consecuencias colaterales de la estrategia populista. sta no puede desarrollarse con espacios vivos y activos de base donde se produce una clarificacin poltica y programtica de los intereses de la formacin. Lo que cuadra con un espacio poltico populista es la indefinicin, la ambigedad del discurso y la reduccin de los antagonismos de clase en su seno.

La heterogeneidad e indefinicin planteadas por Laclau, si bien parecan indiscutibles en su utilidad en el mbito electoral, le han jugado una mala pasada: un partido claramente liberal y conservador como Ciudadanos est siendo capaz de usar los mismos mecanismos discursivos para comerle una buena parte del apoyo electoral (el de las clases medias que hasta ahora haban apoyado, de mala gana, a Podemos).

Siguiendo a Laclau, los elementos en torno a los que est construyendo Ciudadanos su discurso (regeneracin democrtica, lucha contra la corrupcin, fin del despilafarro econmico) representaran significantes que han pasado de ser vacos a flotantes. Por decirlo de alguna forma, estn en disputa entre diversos procesos hegemnicos [15]. Sea como fuere, la situacin con Ciudadanos ha mostrado la debilidad de la teora del populismo de izquierdas en el campo de la construccin simblica del discurso (que pareca ser su fuerte), o al menos ha mostrado la incapacidad para reformularse de forma precisa hacia la izquierda y evitar que la derecha haga uso de las herramientas discursivas que el mismo Podemos ha construido en el ltimo ao y medio. La construccin del populismo tiene ese riesgo (como Chantal Mouffe ha insinuado ms de una vez [16]): que arma un sujeto poltico impreciso, espoleado por las emociones, pero que puede oscilar de izquierda a derecha si no se efecta un cambio cualitativo de conciencia en su interior. Cambio que, por otra parte, no es posible conseguir en el marco limitado y superficial de la movilizacin electoral.

En segundo lugar, si la estrategia populista intenta poner en pie un sujeto cuya relevancia debe ser mxima hasta la conquista electoral, qu podra ocurrir despus? El populismo de izquierdas no tiene otro objetivo que hacerse con la maquinaria del Estado para dar un giro en las polticas del neoliberalismo, como ha expresado Chantal Mouffe mucho ms explcitamente que Laclau en multitud de artculos y entrevistas [17]. Esta creencia en la posibilidad de usar el Estado contra la minora dirigente (la casta) procede del planteamiento de autonoma de las estructuras de la sociedad, cuya naturaleza no est definida y son slo un producto relacional de la articulacin de diferentes elementos.

Pero, a la luz de la experiencia de Syriza y otras casos histricos de la llegada al poder poltico de partidos de izquierda [18], realmente cabe preguntarse si es suficiente con la conquista del gobierno para poder imponer un nuevo programa de medidas enfrentado al neoliberalismo. La respuesta a esta pregunta queda fuera del objetivo de este artculo. Lo que s sabemos es que el populismo de izquierdas de Iglesias y Errejn no est especialmente interesado en el escenario interno de Podemos en la post-victoria electoral. No hay ni una sola propuesta definitoria de cmo debe articularse una organizacin con presencia en el Gobierno y fuera de l. Sin embargo, lo que est ocurriendo en Grecia o experiencias como la de Chile en 1970-1973 muestran que la relacin entre la organizacin poltica, los movimientos, el gobierno y otros elementos del Estado profundo [19] puede ser crtica para el avance o no de un proceso de transformacin social.

Gramsci sin Gramsci

Para Gramsci, la esencia ltima de la instancia articuladora o la voluntad colectiva es siempre lo que l llama una clase fundamental de la sociedad, y la identidad de esta clase no es considerada como el resultado de prcticas articulatorias. Esto es lo que, en Hegemona y estrategia socialista, hemos denominado el ltimo resabio de esencialismo en Gramsci. Si lo eliminamos, el pueblo como instancia articuladora slo puede ser el resultado de la sobredeterminacin hegemnica de una demanda democrtica particular que funciona como significante vaco. [20]

La mayor diferencia en la apropiacin sesgada de Gramsci que Laclau y Mouffe realizan en su trabajo respecto a la que realiz el eurocomunismo entre el final de los aos 50 y 70 es que Laclau y Mouffe son bastante honestos cuando admiten la supresin que realizan del planteamiento de clase en Gramsci. Por decirlo de alguna forma, para poder utilizar a Gramsci necesitan vaciarlo al completo de las aspiraciones socialistas revolucionarias, a las que consagr su vida, su obra y su muerte. No es una apropiacin metodolgica como la que pudo haber realizado Marx de la dialctica de Hegel, sino ms bien una apropiacin de su pensamiento casi al completo para dirigirlo a objetivos diametralmente opuestos a los de Gramsci. Tres son los elementos que Laclau y Mouffe deben desechar o reformular en su esencia para poder utilizar a Gramsci: su concepto de hegemona socialista, la guerra de posiciones y la nocin de conciencia contradictoria. Estas tres reinterpretaciones se fundamentan en la negacin de la clase trabajadora como agente principal del cambio social y como portadora potencial de una propuesta global para la sustitucin del capitalismo por un sistema ms justo.

La hegemona que plantea Gramsci, como contraposicin a la hegemona ejercida por el sistema capitalista, es la bsqueda de una extensin de la ideologa de liberacin de la clase trabajadora al conjunto de clases y sectores sociales oprimidos. Sin embargo, para Laclau y Mouffe la hegemona resulta un ejercicio discursivo de unificacin de clases y grupos sociales en s mismo, sin importar qu intereses son los dominantes en esta alianza. El concepto de significante vaco que agrupa las demandas democrticas de diferentes grupos sociales no busca la extensin de una propuesta ideolgica de liberacin global del sistema capitalista al conjunto de las y los oprimidos, sino meramente la constitucin de un sujeto poltico fuerte con capacidad para impulsar a sus lderes a hacerse con el control del aparato estatal capitalista. Ya hemos hablado de que esto, en la prctica, supone una unificacin contradictoria de diferentes intereses de clase que paraliza la accin y las conquistas sociales en pos del apoyo electoral.

Frente a la alianza de clase por el mero hecho de la alianza, Gramsci desarrolla el concepto ya utilizado en experiencias revolucionarias anteriores de frente nico. Este consiste en la alianza en la lucha no en lo electoral entre los sectores con aspiraciones de transformacin profunda de la sociedad que siempre mantienen su independencia y sectores ms moderados de la clase trabajadora y la clase media. A travs del proceso de movilizacin por demandas comunes, el frente nico debe servir para extender la influencia de los sectores combativos minoritarios a los ms moderados y agrandar as la base social de la movilizacin por una transformacin profunda de la sociedad.

Gramsci era muy consciente de que la solidez ideolgica del capitalismo la hegemona en occidente era muy superior a la de otros pases con sistemas capitalistas menos desarrollados (como la Rusia de 1917). Por eso plantea que la toma del poder por parte de la clase trabajadora debe seguir un itinerario mucho ms complejo y enrevesado que en los pases capitalistas atrasados. Procedente del campo militar, extrapola el concepto de guerra de posiciones a la poltica. Este viene a explicar que, en lugar de realizar un asalto directo al poder del Estado para destruirlo (guerra de maniobra, como haba pasado en el proceso revolucionario ruso y se haba intentado en Alemania a partir de 1918), era necesario ir ganando batallas en el mbito poltico, cultural y econmico, que erosionaran la hegemona ideolgica del sistema capitalista y levantaran una contra-hegemona de carcter socialista. La construccin de frentes nicos tena este propsito, pero siempre con el objetivo de crear una coyuntura favorable para la toma revolucionaria del poder [21]. Laclau y Mouffe simplemente descartan la posibilidad de la guerra de maniobra. Liberan la guerra de posiciones de su objetivo de toma del poder real, y pretenden, una vez alcanzado el poder poltico el gobierno seguir haciendo una guerra de posiciones desde el Estado para abrir perspectivas democratizadoras (en sentido liberal, no socialista). Pero este proyecto no tena nada que ver con el de Gramsci.

El ltimo concepto, que no es reinterpretado por Laclau y Mouffe sino simplemente negado, es el de conciencia contradictoria. La separacin de la esfera econmica e ideolgica de la sociedad conduce inevitablemente a esta negacin. Para Gramsci el sistema capitalista, fundamentado en la extraccin de plusvala de la clase trabajadora por parte de la clase dirigente, slo poda funcionar creando una conciencia falsa entre la misma clase trabajadora. Esta conciencia permite que la gente asuma un rgimen injusto de explotacin como normal o invencible.

La creacin de una falsa conciencia est directamente relacionado con el concepto de hegemona del sistema capitalista. Para desarticular esta falsa conciencia es necesario contraponer la realidad material a la ideologa dominante. Y este proceso de contraposicin slo puede asegurarse a travs de la lucha en diferentes mbitos y el aprendizaje colectivo de sus resultados. Poniendo el nfasis en la importancia de la lucha poltica para debilitar la hegemona ideolgica del capitalismo, Gramsci consideraba sin embargo que la lucha en el punto de produccin en los centros de trabajo era un lugar privilegiado para destapar la realidad del rgimen de explotacin capitalista, pues en l se producen constantemente conflictos que contraponen lo que dicta la ideologa oficial y la realidad. Esta visin fue desarrollada por su experiencia participativa y de liderazgo en la ocupacin de fbricas en Turn en 1920.

Adems parta del hecho de que era la clase trabajadora, con su trabajo da a da, la que permita el funcionamiento del orden capitalista y el florecimiento de todo su aparato de generacin de consensos ideolgicos. Por eso slo la clase trabajadora poda usar su posicin privilegiada en el orden capitalista para construir un sistema diferente. Pero esto requera del descubrimiento de este horizonte por parte de los mismos trabajadores y trabajadoras: sin las luchas no haba victorias; sin ellas no haba reconocimiento de su poder colectivo; y sin el reconocimiento de este poder colectivo no poda existir una propuesta para organizar la sociedad de un modo distinto al capitalista. Esto significa romper con la falsa conciencia y adquirir una propia que reconozca su verdadero lugar y poder dentro del sistema.

Laclau y Mouffe asumen que el capitalismo contemporneo ha conseguido diversificar la situacin de la gente trabajadora hasta tal extremo que es imposible generar una conciencia colectiva global de s misma. En realidad, esta premisa parte de la imbatibilidad del sistema capitalista y por eso resulta tan asumible por todas aquellas personas que coinciden en el objetivo de la transformacin del sistema desde dentro, en lugar de su sustitucin global por otro diferente. Es especialmente adecuada para las personas que tienen una esperanza en transformar la realidad a travs de los procesos electorales y la conquista de posiciones institucionales.

Pero Laclau y Mouffe no ofrecen ningn mecanismo efectivo para la transformacin de la conciencia colectiva. S lo ofrecen para la identificacin simblica de grupos sociales que convergen en un asalto electoral. La tradicin marxista originaria plantea la lucha a diferentes niveles como herramienta para la ruptura con la ideologa dominante y la adquisicin de conciencia, proceso que hemos visto en numerosas ocasiones, desde el impacto de las movilizaciones del 15M a las revoluciones del siglo XX y XXI. Por eso resulta imprescindible recuperar al Gramsci original hoy da frente al Gramsci del postmarxismo: para contraponer una alternativa revolucionaria a un proyecto, el del reformismo de izquierdas, que ya ha fallado demasiadas veces a lo largo de la historia.

 

Notas:

1 Acha, O., 2015: El marxismo del joven Laclau (1960-1973): una antesala del postmarxismo, en herramienta.com.ar, http://bit.ly/1JxjWQ5.

2 Para un relato en primera persona sobre el contexto ideolgico en el que se escribe Hegemona, ver la entrevista con Pablo Iglesias en Otra vuelta de tuerka, http://bit.ly/1yLcg5w

3 Acha, O., op. cit.

4 Althusser tuvo una enorme influencia en el pensamiento de Laclau. De hecho los planteamientos estructuralistas del pensador argelino-francs fueron la puerta de entrada para una revisin profunda de los planteamientos marxistas.

5 Harman, C., 1983, Philosophy and Revolution en International Socialism n 21. Londres.

6 Laclau, E. y Mouffe, C., 2005, Hegemona y Estrategia Socialista, p. 294, Argentina.

7 Laclau, E., 2005, La Razn Populista, p. 27, Argentina.

8 Meiksins Wood, E., 1986, The Retreat from Class: A New True Socialism, p. 6, Londres.

9 Stalin, J., 1950, El marxismo en la lingstica. Pekn.

10 Para un recorrido sobre la rebelin contra el mecanicismo y el debate base/superestructura ver Harman, C., 1998: Marxism and History, Londres.

11 Smith, S., 1994: Mistaken identity: can identity politics liberate the oppressed? en International Socialism n 62, http://bit.ly/1PSncJA.

12 Laclau, E., op. cit., p. 130.

13 Podemos elogia a los Botn por su contribucin al bienestar social, en eldiario.es, 28/1/2015.

14 Bescansa a los crticos: Hay un Podemos para ganar y otro para protestar, en infolibre.es, 19/01/2015.

15 Laclau, E., op. cit., p. 166.

16 Por ejemplo en la entrevista de la nota 1 al hablar sobre el Frente Nacional francs o en El Pas: http://bit.ly/1Eb0KqY.

17 Sirvan de muestra la entrevista en El Pas del enlace anterior, en medios argentinos: http://bit.ly/1baavtY.

18 Ver por ejemplo los planteamientos de Molyneux, J., 2013: Understanding Left Reformism, en Irish Marxist Review, n 6.

19 El ejrcito, la polica, los servicios secretos y de seguridad. Ver el debate entre Alex Callinicos y Stathis Kouvelakis sobre la actual situacin en Grecia en http://bit.ly/1J6p7pN. Sobre las posibilidades de transformacin desde el estado ver Barker, C., 1979: A critique of Nicos Poulantzas en International Socialism n 4, http://bit.ly/1OzDNVi.

20 Laclau, E., op. cit., p. 160.

21 Hasta los ltimos aos de su vida en la crcel, Gramsci tena esta opinin. Ver http://bit.ly/1IjuqnE.

 

Fuente original: http://www.librered.net/?p=39832


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